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Año V Nro. 345 - Uruguay, 03 de julio del 2009   
 
 
 
 
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Julio Dornel

Crecimiento poblacional
Los problemas de la globalización
por Julio Dornel

 
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         El Prof. Pablo Acosta  señalaba recientemente que en el año 1800 la población mundial estaba estimada en los mil millones de personas, mientras para el 2050 se podrían llegar a  los diez mil millones.

         Esta situación estaría generando varias interrogantes; ¿Hasta cuándo podría crecer la población? ¿Habrá bastante comida para alimentarlos? ¿Serán suficientes los bienes materiales para saciar sus necesidades?

         En parte de su trabajo el Prof. Acosta señalaba que algunos de estos problemas  “son ambientales, como la disponibilidad de alimento y espacio, o un clima muy riguroso, por ejemplo grandes sequías o inundaciones o temperaturas demasiado bajas o altas. Hay factores limitantes cuyo efecto crece a medida que la densidad poblacional aumenta. Las enfermedades son un ejemplo: ellas se extienden más rápidamente en una población cuyos miembros viven muy juntos que en poblaciones pequeñas, cuyos miembros viven separados entre sí. Las interacciones entre los organismos también ayudan a controlar el tamaño poblacional. Los individuos compiten por los recursos existentes. A medida que el tamaño de la población se incrementa, la competencia por recursos, como alimento, agua y territorio puede volverse feroz. Cuando una población se vuelve muy numerosa, los individuos empiezan a mostrar estrés. Los factores que producen estrés no se entienden muy bien todavía, pero han sido bien documentados en experimentos hechos con poblaciones de ratones y ratas. A medida que dichas poblaciones aumentan de tamaño, algunos individuos empiezan a mostrar varios síntomas que incluyen agresión, disminución en el cuidado parental, baja de la fertilidad y disminución en la resistencia a las enfermedades. Nuestra especie, ha sabido hacerle frente a muchos de los factores que limitan el crecimiento poblacional. En el último siglo, el ser humano ha incrementado en gran medida la producción de alimentos y a descubierto la forma de controlar o combatir los organismos que nos causan enfermedades. Como resultado, la población humana a nivel mundial se ha incrementado exponencialmente. El crecimiento poblacional en los países menos desarrollados es mucho mayor que el de los países más avanzados. Se calcula que en el año 1800 había 1000 millones de personas. En 1950 los humanos éramos 2600 millones y hoy superamos los 6300 millones. Se estima que en 2050 podríamos llegar a ser más de 9000 o 10000 millones. ¿Hasta cuándo podrá crecer la población humana? ¿Habrá bastante comida para alimentarnos? ¿Serán suficientes los bienes materiales para saciar nuestras necesidades y deseos?

Hambre, enfermedades y guerras

         El crecimiento de la población humana ha preocupado a muchas personas y no sólo en las últimas décadas.

         Thomas Malthus fue un científico social británico. Escribió hace más de doscientos años una obra llamada Ensayo sobre el principio de la población. Para él, una población tiende a crecer más rápidamente que la producción de alimentos disponibles para cubrir sus necesidades. Malthus afirmaba que la excesiva reproducción humana conduciría  a un gran sufrimiento por culpa de hambrunas, las enfermedades y las guerras, resultado de la lucha por los escasos alimentos y otros recursos que comenzarían a escasear. Él pensaba que la población mundial se derrumbaría al alcanzarse determinado máximo, de modo que era partidario del control de la natalidad para frenar el aumento de la población. Sugirió que las personas contrajeran matrimonio más tarde y tuvieran familias más pequeñas.

         Personalmente, me preocupa cuánto crece la población humana pero quizás aún más cómo crece. La población de nuestra especie ha aumentado y las diferencias existentes entre ricos y pobres, ya sea a nivel de individuos o de países, también. Varios parámetros ilustran este hecho. Creo que Malthus nunca imaginó que el ser humano podría producir tanto alimento como ocurre actualmente. El ser humano ha desarrollado cultivos en plenos desiertos llevando agua a través de cañerías que recorren miles de kilómetros. También ha utilizado numerosos productos químicos para luchar contra las plagas que amenazan las cosechas. Ha desarrollado cultivos transgénicos, rotación de cultivos, control biológico, entre otras técnicas. En la actualidad, la agricultura mundial produce más alimentos que los necesarios para todos. Pero existe un gran problema y es cómo se distribuyen esa comida. Aproximadamente existen hoy en el mundo unos 800 millones de personas que no tienen lo suficiente para comer y pasan hambre. Increíblemente, son más aún los individuos que tienen sobrepeso: 1300 millones de personas. Para muchos especialistas, la obesidad es un problema de salud pública mayor que el hambre. Puede ser, pero nos debería avergonzar el hecho de que en sólo media hora 360 niños en edad preescolar mueran de hambre y desnutrición en el mundo. Son 12 por minuto, totalizando más de 6 millones en el período de un año. También es problemático el impacto que tienen sobre los sistemas naturales las acciones que realizamos buscando atender las demandas de consumo de una población humana creciente: Deforestación, desecación de humedales, emisiones de gases de efecto invernadero, etc. ¿Terminaremos por destruir sistemas ecológicos de los que, en último término, depende nuestra especie?

         Muchas zonas del planeta soportan la escasez de agua. Falta agua para que la producción agrícola satisfaga las necesidades locales de alimentos. No hay agua potable o la que podría existir está contaminada con productos tóxicos u organismos causantes de enfermedades. ¿Habrá guerras por la posesión de acuíferos?

         Las diferencias de vivir en una u otra zona del planeta se reflejan bien en la esperanza de vida. En el año 2001 las mujeres de Europa occidental tenían una esperanza de vida de 82 años. La misma caía a 45 años para las mujeres de África oriental y era sólo de 39 años para los hombres nacidos en Angola.

         Para los que creemos en que todos los seres humanos nacen con los mismos derechos y deben contar con las mismas posibilidades para desarrollar sus potencialidades, ello ya nos basta para trabajar por una distribución más equitativa de los recursos mundiales. Pero señalo, además, que si aún solamente recurriéramos a un análisis frío también llegaríamos a la misma conclusión: La construcción de un mundo más igualitario parece ser un camino impostergable si queremos evitar problemas todavía más graves que los enfrentados actualmente.

         Quizás algunas personas sigan creyendo que sólo es importante lo que ocurre con su familia o con su círculo más estrecho de amistades. Sin embargo, creo que corresponde ver la humanidad y el planeta como un gran sistema del que somos componentes. Muchas veces los gobiernos de las naciones, lo reconocen en palabras pero no terminan plasmándolo en acciones.

         Volviendo al nivel de población, y aunque claramente hay personas más expuestas – que normalmente son las más pobres-, los peligros y los males pueden afectar a cualquiera. Algunos ejemplos: El atentado a las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York. La violencia cotidiana en algunas ciudades. Los secuestros y robos que llevan a las personas más adineradas a buscar seguridad en barrios residenciales privados llenos de rejas y vigilantes. Los posibles efectos del calentamiento global como inundaciones, incendios, pérdida de cultivos que pueden registrarse en los distintos continentes, desde el Estado de California en Estados Unidos hasta el Nordeste Brasileño.

         Un artículo aparecido en la edición de diciembre del 2005 de la revista Scientific American Brasil vaticinaba lo siguiente: “La próxima pandemia de gripe, advierten los epidemiólogos, podría dejar enfermo un tercio de la humanidad”. Hoy sabemos, que el intenso tránsito mundial de personas ha contribuido para que rápidamente se registraran casos de influenza A H1N1 en puntos muy alejados del globo. En un mundo globalizado, parece difícil vivir en una esfera de vidrio, aislado de los problemas –incluyendo las crisis económicas-.

         Quizás comience a resultar muy claro que una distribución más equitativa del dinero, de la tecnología, del conocimiento es clave para luchar contra muchos de los males mencionados.

         Pero, ¿qué podemos hacer frente a problemáticas que tienen una dimensión mundial? Aquí puede ser útil el lema de muchos grupos ecologistas “Pensar global, actuar local”. Podemos trabajar para brindarle mejores condiciones de vida no sólo a nuestros familiares sino a todos los miembros de la comunidad a la que pertenecemos. Ya sea a través de las ONG’s, de asociaciones barriales o de la comisión fomento de una escuela rural” - dijo finalmente el Prof. Pablo Acosta.

© Julio Dornel para Informe Uruguay

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