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Año V Nro. 345 - Uruguay, 03 de julio del 2009   
 
 
 
 
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Visión Marítima

 
Gustavo P. Forgione

Cuando no hay un modelo
No existen políticas de estado
por Gustavo P. Forgione

 
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         El rumbo del país está encontrando demasiados obstáculos; parece que no existe una brújula que nos guíe, pero, lo que ocurre en la realidad es que carecemos de un destino cierto.

         Históricamente, desde los primeros días del siglo XIX, nuestro país aún en su proceso de génesis, tenía algunas certezas que fueron marcando un camino: para hacer frente al proceso de independencia se forjaron las milicias que, inicialmente, repelieron las invasiones inglesas al Río de la Plata; luego, actuaron en la defensa, y finalmente nos procuraron la libertad.

         Una vez concluido ese proceso, el desarrollo de la producción fue prioridad de los distintos gobiernos que no lograban forjar las bases de la Nación, hasta que, luego de la Guerra Civil, hacia 1853, conseguimos constituirnos como estado soberano.

         Desde entonces, las Provincias Unidas del Río de la Plata, la Confederación Argentina o la Nación Argentina, bajo cualquiera de sus denominaciones, pudo generar un país exitoso, próspero, educado y destacado. Había un claro rumbo de libertad, donde el ciudadano era la unidad substancial. Existían "Políticas de Estado", que trascendían el signo del gobierno que actuara.

Una deriva perdurable

         Una vez que aquel rumbo fundacional se dejó de lado, la ignorancia se fue adueñando de la educación, los recursos de la producción se desviaron para satisfacer apetencias personales de los gobernantes, la armadura que constituía el sistema federal se desarmó, generando el retroceso que aún persiste y parece haber llegado para quedarse.

Oportunidades perdidas

         Resulta doloroso advertir que perdimos la oportunidad de haber seguido con un rumbo de libertad y prosperidad, en el cual la felicidad de los ciudadanos es lo primordial. Resulta más angustioso aún, repetirlo década a década, para ver finalmente que la decadencia sigue un curso indefectible, como si ese fuera el rumbo fijado por la dirigencia.

         Hoy, estamos por perder la República una vez más. Nos encontramos ante un sistema de gobierno con un solo poder y con instituciones desactivadas. No existen más aquellas "fuerzas vivas" que movilizaban a la sociedad para protegerse de abusos y, cuando aparecen en escena, son catalogadas de golpistas, militaristas, fascistas y hasta antiecológicas, desde el gobierno que tiene la función de preservarlas.

Nueva oportunidad

         Decimos en las letras que cada crisis trae una nueva esperanza de cambio, pero en nuestro caso no ocurre. Muchas de las transformaciones practicadas luego de cada conflicto desde aquella crisis de 1930, trajeron más miseria, analfabetismo, violencia encubierta y mayor poder del centralismo en beneficio del gobierno y en detrimento de los ciudadanos.

         La nueva oportunidad recae en lo poco que nos va quedando de aquel modelo exitoso de país, en el cual el ciudadano era la unidad substancial de la Nación. Llegó el momento, una vez más, de volver a las fuentes y hacer valer el título inexpugnable de ciudadano argentino. Hoy más que nunca, la protesta solo se manifiesta votando contra una gestión de gobierno autista, cuyo único objeto es mantenerse en el poder para vivir de sus privilegios.

Autopsia de un proyecto

         Lo que inicialmente se presentó como "vivir con lo nuestro", "volver a producir" y "resurgir como el Ave Fénix", de acuerdo al nombre atribuido al grupo que diseñó este proyecto, concluyó en todo lo contrario.

         Luego de la crisis política de 2001 que derivó en la crisis económica de 2002, solo se podía crecer, como efecto de "rebote técnico". Normalmente, la sociedad sigue produciendo e intenta crecer; lo que ocurrió efectivamente, pese a cualquier cosa que haya hecho el gobierno.

         Entonces, la coyuntura internacional y los precios de los productos primarios ayudaron a un seguro crecimiento; lo que se presentó como la oportunidad para establecer una base que nos ayude a financiar el desastre.

         Ese descalabro no se recompuso, solo fue financiado por un tiempo mediante la cesación de pagos, luego por el incremento del ingreso fiscal impulsado por los precios internacionales, seguidamente por el estado venezolano a costos altísimos y, finalmente, con los fondos ahorrados por los futuros jubilados.

         Todo ello, para satisfacer un gasto desmedido e inútil, silenciado popularmente por un descomunal desempleo rentado.

         El forense dirá que este tipo de recursos fáciles se terminaron y, por ello, el modelo de financiamiento de la ineficiencia murió.

         Hay quien querrá revivirlo, aduciendo que aún se puede volver a echar mano de los depósitos bancarios, como si estos estuviesen ahí en forma ociosa y fuesen propiedad del gobierno; otro, podrá pedir que pasen al estado nacional los tesoros de las compañías de seguros, los contenidos de las cajas de seguridad, algunas propiedades, etc... Como conclusión, el modelo de fagocitación estatal de recursos privados está en su etapa terminal, debido a que no existen políticas de estado; sino, solo un plan costoso de tipo de cambio.

Ave Fénix

         El Fénix, la mítica ave cuyo nombre corresponde a una vasta zona de medio oriente y que cada varios siglos resurgía de sus cenizas, fue la denominación original de este plan que ahora no tiene nombre. La etapa actual de este experimento corresponde, probablemente, a la que el ave era consumida por el fuego. De sus cenizas tendremos que recuperar al país.

Políticas de Estado

         Lamentablemente, la única política de estado que subsiste en Argentina, fuera de las cláusulas pétreas constitucionales; ya sea porque es una prescripción constitucional o porque abandonarla no sería políticamente correcto, es Malvinas.

         Hago la valoración: "lamentablemente", porque es de las pocas cuestiones que no tienen una solución viable en el mediano plazo, y será por ello que todos los argentinos la respetamos y la sostenemos como tal.

         Esto pone en evidencia la flaqueza del conjunto de la dirigencia para hacer frente a las cuestiones importantes, aún cuando en forma individual el pensamiento sea otro.

         Si se piensa en políticas de estado se debe tener en cuenta que solo se tendrá por tales a las políticas que surgen del consenso general, con sustentabilidad en el largo plazo y la raigambre suficiente para que durante sucesivas administraciones de gobierno no encuentre variaciones egoístas en el rumbo delineado.

         Como ejemplo, cabe destacar que durante los últimos años hemos cambiado de modelo educativo en reiteradas oportunidades, en todas ellas, las modificaciones demostraron haber fracasado rotundamente. La educación pública de excelencia fue una política de estado desde el siglo XIX y la hemos olvidado a fines del siglo XX. Los resultados están a simple vista.

         Así, la moneda sana, la defensa y seguridad, la independencia de los poderes del estado, el sistema federal de administración, la propiedad privada, la garantía de la defensa en juicio y, entre otras cosas otrora sagradas, hasta la inviolabilidad de la correspondencia epistolar; todas cuestiones que se consideraron intangibles durante más de un siglo, resultaron corrompidas por el gobierno, en contra de la libertad y dignidad de los ciudadanos.

         En algún momento debemos poner un límite. Si nos basamos en experiencias de otros países que, no solo han tenido problemas internos cruentos sino que han dejado de existir como tales, debemos entender que no siempre se puede volver a empezar como lo hemos venido intentando desde hace ochenta años.

Estudiar y proponer

         Para comenzar, habrá que volver a las fuentes y admitir que desviarse de los preceptos constitucionales fue un error; en 1930, en los '40, '50, '60, '70 y desde 2001.

         Existieron intentos de establecer políticas de estado desde los años '80; en materia de sanidad monetaria con el Austral, luego Austral Convertible y finalmente el Peso Convertible, que inicialmente se impusieron como una decisión plural y sustentable, pero que han fracasado por la intromisión de intereses sectoriales afines a las distintas administraciones de gobierno.

         El MERCOSUR, también iniciado entonces, comenzó como la primera construcción histórica que pudimos concretar los países del sur de América desde la Independencia Americana; ahora resulta que nos maltratamos más de lo que coincidimos y queremos agregar idiosincrasias extrañas a las del planteo original, por el vago beneficio de algún interés coyuntural inmediato.

         Existen algunas coincidencias básicas con las que comulgamos la gran mayoría de los argentinos, no necesariamente tan magnánimas como la Independencia Americana, pero con la suficiente coherencia como para que algunas estrategias subsistan lo suficiente para ser consideradas políticas de estado.

         Algunas se presentan como el resultado lógico  del sentido común, como los casos de la lucha contra el narcotráfico y contra el terrorismo; para ello, existe desde los años '90 un Plan Nacional de Radarización del que tanto hemos escrito en esta publicación y que ha quedado trunco por cuestiones inexplicables, pero que es fácilmente aplicable y en plazos casi inmediatos. Solo hay que poner una fecha y asignar el recurso. El resultado será una mayor eficiencia en la seguridad aeronáutica, un control más efectivo de lo que ingresa y egresa por aire, la consideración de Argentina como un país más serio, y la beneficiosa fuga de nuestro país o captura de quienes tienen como medio de vida envenenar a desventurados incautos con drogas ilegales. ¿Quien se opondría?

         Existen coincidencias más silenciosas, pero que la casi totalidad del espectro político maduro suscribe, es la certeza de que la riqueza la producen los privados y el estado solo produce gasto. Bajo estos principios, nuestro país llegó a ser admirable en el pasado; cuando los abandonamos, llegamos a la evidente decadencia en la que nos encontramos hoy.

         Resulta difícil creer que alguien piense lo contrario, pero hay quien aún no lo ha razonado. Con ello, terminaríamos con la torpe idea de creer que Argentina es un país mejor si el estado nacional es dueño del complejo inmobiliario Nordelta, de algunas fábricas de fideos, ceniceros y vajilla; porque, no solo caemos en el desprestigio internacional, sino que aumentamos el gasto espurio, la corrupción y la fuga de capitales.

Coincidencia en el disenso

         De las diferencias más cardinales surgen las ideas más forjadas; así, la educación pública de excelencia, la prevención en salud, la seguridad de las personas y el respeto a la vida, al trabajo y al producto del trabajo que es la propiedad privada, surgirán nuevamente como premisas básicas, solo con la discusión que hoy no existe.

         Finalmente, cuando haya disenso y pluralidad de ideas en el Congreso Nacional, van a ir floreciendo coincidencias y se generarán los consensos suficientes como para volver a tener Políticas de Estado que nos devuelvan la dignidad como ciudadanos.

Fuente: La Hoja Federal

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