ANECDOTAS BANCARIAS
Por Rubén López Arce
Mil cosas han sucedido durante toda una vida de trabajo.
Sucesos jocosos, de irresponsabilidad, tonterías, en fin, aconteceres que palpitan sentimientos y actitudes.
En una anécdota nos toca ser héroe, y en la historia siguiente somos infractores, representamos la inocencia y al instante conformamos el personaje que ha transgredido disposiciones superiores.
El anecdotario debe ser así, no con ánimo de sobresalir, sino con ánimo de ser sincero. Las cosas sucedieron y así las contamos. Aquí van mis historias, muy sencillamente narradas, en las que me tocó intervenir en todo el espectro de actitudes.
Los personajes que en ellas intervienen son reales, a veces son nombrados pero muchas veces he preferido dejarlas en el anonimato o con nombres supuestos, totalmente seguro de que al leerlas, cada uno de ellos verá y comprobará la sinceridad de mis narraciones.-
INFLUENCIAS
El tráfico de influencias existe en nuestra Institución, aunque se quiera disimular el mismo. Es muy difícil eliminar esa situación, aunque es bueno reconocer que no siempre está asistida de malos o perniciosos propósitos. Está quien, aprovechándose del conocimiento de una persona, utiliza sus servicios para escalar o para obtener beneficios particulares y está quien sobre la base de una vinculación, busca la apertura de una puerta tan sólo como forma de abrirse camino por sus lícitos y legales medios propios. En este último caso estaba el buen señor que, siendo amigo de Pedro, fue a hablarle para que lo conectara conmigo, para abrir una cuenta corriente. En ese momento yo estaba a cargo de la gerencia de Agencia Av. Flores. A tales fines el propio Pedro me llamó por teléfono y con su simpatía de siempre me habló en estos términos:-
- Ruben, te va a visitar un amigo que necesita abrir cuenta corriente en esa Agencia y me pidió que te llamara. Es mi propósito complacerlo y en su favor debo decirte que lo conozco desde hace años, y es una muy buena persona.
- No hay problema, Pedro, dile que pase por acá cuando guste y con sumo placer accederemos a lo que te solicita. Como no me pides nada raro, y siendo tan amigo tuyo capaz que hasta le abro la cuenta pasando por encima de los reglamentos, recabando la información a posteriori. ¿Dime, cuál es el nombre de tu amigo?
- El se llama Carlos Cama...
- Kama? … pregunté, Kama...Kama con C, o…?
- Si, Sí… Cama... del verbo acostarse...
¡Cómo me reí! Sin duda, fue una excelente salida... propia de un tipo tan vivaz y rápido como ha sido y sigue siendo mi buen amigo Pedro.