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Una anciana de unos 95 años acude a la cárcel, el guardia le pregunta:
- Que desea señora?
- Vengo a la visita conyugal, jovencito.
- ¿A la visita conyugal? Señora... ¿pero con quién?
- Con quien sea jovencito, ¡me da lo mismo!

El cura del pueblo se queja sumamente enojado al rabino:
- Alguno de tus feligreses me ha robado la bicicleta.
El rabino le responde:
- Y porque crees que ha sido alguno de mis feligreses?
- Que católico le va ha robar la bicicleta al cura?
- No se. Mira, Vamos a hacer lo siguiente, yo el Sábado y tu el Domingo, cuando demos el sermón, lo haremos sobre los diez mandamientos. Seguro que cuando hablemos sobre el \"NO ROBARAS\" el que lo haya hecho se arrepentirá y te devolverá la bicicleta.
Así que quedan de acuerdo en hacer lo ante dicho y reencontrarse el lunes.
El rabino dice:
- Que, hiciste lo que pactamos?
- Si, fue una gran idea.
- Y te devolvieron la bicicleta?
- No, que va... pero la he recuperado de todas formas, lo que paso es que cuando llegue al \"NO FORNICARAS\" me acorde de donde estaba la bicicleta.

Un hombre ya maduro contrató una secretaria. Era una mujer joven, ingeniosa, gentil y, sobre todo, muy buena moza. Un día, mientras tomaba dictado, notó que su jefe tenía la bragueta abierta. Terminó el dictado y se dispuso a salir de la oficina cuando, antes de cerrar la puerta, dijo:
- Por cierto, señor, la puerta de su cuartel está abierta.
El hombre no entendió el comentario; no obstante, al poco rato se dio cuenta de que el cierre de sus pantalones estaba abajo. Al hombre le hizo gracia la manera en la que su secretaria se había referido al pequeño incidente y decidió aprovechar la oportunidad para coquetear un poco, por lo que la llamó a su oficina:
- Dígame, señorita, cuando vio que la puerta de mi cuartel estaba abierta, ¿por casualidad no vio también a un soldado en posición de firme?
- Oh, no, señor! Lo único que vi fue un veterano de guerra sin fuerzas echado entre dos viejas mochilas de campaña.
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