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El Interés Nacional y la Inserción Internacional
por Jorge Larrañaga
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Desde el origen mismo de los Estados éstos han procurado relacionarse, variando la intensidad y calidad de esas relaciones a medida que transcurría el tiempo.
El desarrollo del comercio fue el gran dinamizador en la historia de las relaciones interestatales. Hoy, de la mano de la globalización, se ha alcanzado quizás, el mayor grado de interdependencia. El mundo es cada vez más dinámico, y los cambios son cada vez más vertiginosos e impactantes.
En este mundo debemos movernos e insertarnos. Para tener éxito en esa tarea debemos proceder con principios y posiciones claras. Hace falta una verdadera política de Estado. Estas son las que se basan en el consenso, en el intercambio plural de ideas entre las fuerzas que eventualmente ejercen el gobierno, y aquellas que también eventualmente, son oposición. Una sociedad democrática se construye sobre el recambio en el poder, y por ende, la determinación histórica, el rumbo, debe ser fijado por todos los actores políticos.
Una política exterior de Estado reposa sobre la noción de consenso y continuidad. El consenso nos precave de los vaivenes o virajes bruscos de rumbo derivados de realidades electorales de coyuntura, y dan la continuidad necesaria para una inserción internacional seria a partir de la cual ganar desarrollo.
Uruguay, evolucionando de estado tapón, como pretendieron las potencias, debe recuperar aquella noción que tan excelentemente describiera el Profesor Washington Reyes Abadie de pradera, puerto, frontera, en una dimensión moderna, procurando jugar un rol positivo e integrador en la región, y desde allí proyectarnos.
Ha sido tradición del país una postura internacional clara y definida, sin embargo, a partir de este gobierno, ha predominado una visión ideologizada dando lugar a una política de Gobierno, por oposición a política de Estado.
El elemento clave a partir del cual podemos generar una política exterior de Estado es el interés nacional. Ese es el gran motor que deben tener las relaciones internacionales, en particular para un país de las dimensiones del nuestro.
Cuando referimos a interés nacional no lo hacemos en su sentido abstracto, genérico, por el contrario, es tan concreto como las necesidades, las aspiraciones y el sentir de un pueblo. Ese interés nacional es el que resiente cuando se lo deja de lado y se priorizan otros criterios.
Las relaciones intra-región fueron testigo de una visión ideologizada, alejada del interés nacional. Así, al amparo de supuestas afinidades ideológicas, se dejó de lado nuestro interés nacional, y mientras un “gobierno progresista amigo” toleraba se violara el Derecho Internacional y los Tratados del MERCOSUR impidiendo el tránsito libre en los puentes del litoral, otro “gobierno progresista amigo” se hace el distraído.
De esto surge en claro que los países no tienen amigos, tienen intereses, y en función de ellos, de compartirlos, pueden adquirir la relación de socios, y en base a ellos actuar en conjunto.
Uruguay no puede basar su inserción internacional en afinidades o amistades, no aspiramos a generar amigos –tampoco enemigos-. Por ello debemos bregar por tener relaciones internacionales al amparo del Derecho Internacional y evitar sociedades con visiones confrontativas como la que propone Venezuela.
En la región Uruguay debe afrontar la relación de vecindad con nuevas dimensiones. Debemos asumir una nueva vecindad. Nuestro país no es prioridad para ninguno de los vecinos, pero no podemos permitir ser desconocidos.
La relación de vecindad de Uruguay es fuertemente asimétrica. No se trata solo de la dimensión de los países vecinos, sino de la gran diferencia de los efectos de eventos o medidas económicas en una u otra dirección. Mientras que lo que suceda en Uruguay no tiene la posibilidad de afectar mayormente las economías de Argentina y Brasil, lo que acontece en éstas tiene contundentes efectos en nuestra economía.
Hay proyectos prioritarios para nuestro país que dependen de la participación activa de los países vecinos. La promoción del Uruguay como plataforma logística para el transporte y el comercio del Cono Sur es probablemente el caso más notorio, pero no es el único.
Para el Uruguay el Mercosur significó la posibilidad de canalizar las relaciones de vecindad en un marco político y operativo más estable, predecible y administrable. Si bien no sería una solución total para la vulnerabilidad de la economía uruguaya, al menos condicionaría las conductas de los gobiernos y permitiría una mayor previsión y control de los efectos de eventos económicos.
Sin embargo, el Mercosur no podrá jugar ese papel mientras no se encare una efectiva armonización de la gestión macroeconómica, se respeten estrictamente los compromisos de acceso a mercado, se profundice la armonización de los distintos elementos que regulan o inciden en el funcionamiento de los mercados y se llegue a un acuerdo sobre reglas en materia de inversión. El gran desafío es cómo regular una relación fuertemente asimétrica, con vecinos inestables de forma de captar los beneficios y administrar los riesgos.
El Mercosur no resultó hasta ahora ser el instrumento que permita contemplar las necesidades del desarrollo económico del Uruguay y justifique ser el eje de la inserción externa de nuestro país.
Sin embargo, abandonar el Mercosur no parecería ser una opción.
Debemos promover soluciones para las situaciones planteadas actualmente en materia de comercio e inversiones, en el marco de un proyecto de Mercosur efectivo y creíble, y al mismo tiempo buscar alternativas para superar las limitaciones derivadas de una prolongación de las indefiniciones e incertidumbres actuales.
La integración regional sigue y debe seguir siendo la mejor opción política y económica para el Uruguay. Pero el futuro del país debe proyectarse sobre realidades y sobre las posibilidades efectivas de transformarlas, y no sobre utopías y voluntarismos.
Uruguay tiene un rol claro en la región, promoviendo la integración y haciendo de ella un instrumento eficaz para un desarrollo sostenible.
La sustentabilidad del desarrollo de Uruguay requiere consolidar una economía de vecindad con Brasil y Argentina y, al mismo tiempo, apoyar en el acceso a los grandes mercados de terceros países. No se trata de optar entre la integración regional y la apertura económica con terceros países. Al contrario, ambas cosas son imprescindibles y necesarias.
La nueva dimensión global se estructura más que en regiones propiamente, en bloques económicos y comerciales.
Nuestro país tiene aportes cualitativos para hacer al escenario global; seguridad jurídica, certeza de rumbo, respeto al Estado de Derecho, y enfoque moderno de la inserción internacional, independizada de prejuicios ideológicos, enfocados en proteger el interés nacional.
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