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"Es más lindo laburar..."
por Javier García
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Si no empezamos a decir las cosas por su nombre, si las adornamos para que suenen menos fuerte y no generen costos políticos, seguramente la próxima elección no abordará las cosas que nos diferencian. Y los partidos tenemos diferencias profundas. Ahora que el FA gobernó se ven con claridad. Ya no es entre socialistas y liberales o entre libremercadistas y planificadores, es mucho más profundo que eso, es sobre el papel que le cabe el individuo en la sociedad.
El Plan de Emergencia y sus variantes es un ejemplo claro de estas diferencias. Decir que pensamos de ellos será la prueba para saber si nos animamos a debatir lo que importa.
¿Es ético que una sociedad se integre por aquellos que se rompen el lomo trabajando y que éstos deban subsidiar a quienes pudiendo hacerlo, no lo hacen? Días pasados hacíamos esta pregunta y nos la hacían en una reunión con vecinos de Aires Puros. Allí una madre joven, que trabaja de Sol a Sol y además cría y educa a sus hijos, nos interpelaba sobre su situación y la de un vecino que no trabaja y recibió el subsidio sin hacer el esfuerzo de ella para sostener su casa.
Cuando se diseñó este Plan, el objetivo fue político y no solidario. Fue la de tener un público cautivo de un subsidio, empadronarlo y hacerlo rehén de este ingreso con fines electorales.
La prueba es que de todas las contrapartidas que se estipulaban como condición para ser beneficiario del mismo, luego no se exigió ninguna. Ni el envío de los niños a la escuela, ni los controles médicos por la sencilla razón que lo importante no era eso sino generar la dependencia económica.
La ministra Arismendi recorrió asentamientos el pasado fin de semana con banderas del FA, haciendo clientelismo puro con promesas de asignaciones familiares y tarjetas para comestibles. "Es más lindo laburar, no nos gusta recibir plata así", le dijo una joven, según "Búsqueda".
Esto termina deslegitimando el plan pero además le quita dignidad. Creemos en la solidaridad de una sociedad, pero también en los esfuerzos compartidos. Hay circunstancias en las que las políticas asistencialistas se justifican, pero si estas se transforman en permanentes su objetivo no es dignificar sino politizar.
Muchas escuelas, hospitales y plazas necesitan de una mano para darle una pintada, una barrida, ayudar a los niños que concurren o asistir a un enfermo, como contrapartida al esfuerzo que los padres de esos mismos niños o pacientes de hospital hacen para que con sus impuestos se financie el Plan de Emergencia y el de Equidad.
Eso es dignificar y cambiar la asistencia por la solidaridad, que debe ser tan corta en el tiempo como la posibilidad de encontrar trabajo genuino.
Fue patético ver cuando el Ministerio de Desarrollo Social llamó a aspirantes para un trabajo solidario y sólo un puñado se anotó porque preferían el ingreso sin trabajo, a pesar de que este suponía el doble de dinero.
Eso es fruto de la cultura que este gobierno instaló, la del mínimo esfuerzo, la de emparejar para abajo, la de no superarse. Y esto, como toda cultura, también las hay malas, se transmiten en el tiempo de generación en generación.
Por eso el mensaje debe ser claro. Asistencia para nadie que pueda ofrecer algo, por poco que sea. Unos jornales, unas horas a la semana. El que no quiera trabajar, que no lo haga, pero que no pida que nadie trabaje por él.
Es una nueva sociedad a la que aspiramos. La del trabajo, la superación y el esfuerzo. Es más justa, más digna y es más uruguaya.
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