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Año V Nro. 289 - Uruguay,  06 de junio del 2008   
 

 
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Visión Marítima

 
Manuel Solanet

El corral K pierde ovejas
por Manuel A. Solanet

 
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         El aterrizaje estratégico de Néstor Kirchner en el Partido Justicialista fue la última etapa del recorrido de quien durante cuatro años eludió esa filiación política. El justicialismo, que con la colaboración del dedo de Duhalde lo encumbró a la Presidencia, colisionaba con su supuesta ideología setentista que, previo desplante contra el “padrino”, lo llevó inicialmente a su intento transversal. Pasó luego por la Concertación Plural, que en la elección presidencial de su mujer permitió sumar radicales K, ibarristas y afines. Pero finalmente debió acceder a ocupar la presidencia del Partido Justicialista, a pesar que antes nunca nombraba a Juan Domingo Perón. Fue un paso que no sólo le convino a Néstor Kirchner como destino de amparo y plataforma personal, sino también a cientos de peronistas que debían prevenirse de futuras acusaciones por haber abandonado las banderas históricas, cediendo a la atracción del dinero o del poder que hasta entonces ofrecía el Frente para la Victoria.

         La elección de Cristina Fernández pareció consolidar el poder K a pesar de las crecientes dificultades de gobierno que ya podían verse a corta distancia. Por la oficina de su marido en Puerto Madero desfilaron prácticamente todos los hombres fuertes del peronismo. Carlos Reutemann y Juan Carlos Romero, a quienes se suponía una reserva frente a la hegemonía K, pasaron también por allí, con abrazo incluido. Sólo quedaron fuera los Menem, los Rodríguez Saa y un muy reducido grupo sin aparente viabilidad política, que intentó pero no pudo lograr que su lista fuera siquiera convalidada judicialmente para la interna del partido. La claudicación casi masiva del justicialismo ante esa nueva expresión de un poder que sin duda nos llevaría a un nuevo fracaso, nos hizo pensar que definitivamente con el peronismo no había salida. Así se tituló mi Carta Semanal del 4 de marzo pasado.

         Sin embargo, la capacidad destructiva del kirchnerismo es también eficiente para lograr su propia autodestrucción. La creación del conflicto con el campo es una obra perfecta en ese sentido. La declaración contra el agro emitida por el Partido y leída por Jorge Capitanich con tono heroico, exponía el más rancio enfoque de nuestro progresismo marxista. Allí se calificaba la reacción del campo como un intento golpista del capital concentrado, siguiendo el clásico encuadre de la lucha de clases. Resultaba clara la similitud de esa declaración, con el documento de apoyo al Gobierno que un grupo de intelectuales de izquierda había emitido pocos días antes. La mano “entrista” de los Verbitsky, los Kunkel o los Zannini operó en el lápiz justicialista. Sin duda un sapo duro de tragar para el peronismo tradicional y para gran parte de quienes desde el Consejo del partido no querían que su obsecuencia llegara hasta ese punto.

         Al acto multitudinario del campo en Rosario, le siguió la suspensión oficial del diálogo y más tarde el engañoso anuncio sobre una ilusoria modificación de las retenciones. Nuevamente Néstor Kirchner obligó al Consejo del Partido a acompañar estas maniobras y a respaldar la increíble actuación despreciativa-agresiva del Jefe de Gabinete. La detención de dirigentes ruralistas remató una semana de un kirchnerismo dispuesto a confrontar. El malestar creciente en la tropa peronista se traduce en ausencias cada vez más significativas a las convocatorias del jefe y en duras manifestaciones públicas de desacuerdo por parte de dirigentes y miembros del partido. La declinación del poder K está siendo puesta en evidencia por los propios peronistas. Es “la hora de las garrochas” como ingeniosamente la denomina Jorge Asís.

         Sin dejar de pensar que algún día la salida definitiva del país ocurrirá dejando atrás el peronismo, pienso ahora que el primer round de un cambio importante en los principios y en el contenido de la gestión de este gobierno, será protagonizado por el propio peronismo cuando, dentro de su propio partido, haya más ovejas fuera que dentro del corral K.


Fuente: Fundación Futuro Argentino
 
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