Miembro de
Proyect Sindicate apdu
       
 
separador                                          Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
              
     
Google Buscar en la

 
Año V Nro. 337 - Uruguay, 08 de mayo del 2009   
 
 
 
 
historia paralela
 

Visión Marítima

 
Fernando Molina

Terrorismo en tiempos de revolución
por Fernando Molina

 
separador
   
mail
mail Contactos
pirnt Imprimir Artículo
 
 

         Todo proceso de cambio más o menos importante de las condiciones sociales está asociado al terrorismo. La revocatoria de lo existente, y sobre todo su revocatoria radical, exige necesariamente de la violencia. El terrorismo, en tales circunstancias, puede ser de dos signos: terrorismo de Estado, que se emplea para facilitar la ruptura con el pasado; o terrorismo contestatario, que surge como una reacción desesperada de las capas sociales desplazadas por el cambio, cuando éstas se sienten completamente derrotadas. Por esta razón, el segundo tipo de terrorismo es un síntoma de la decadencia política de los grupos sociales a los que pertenecen -o, mejor, a los que quieren representar- los pistoleros.

         En Bolivia, donde el proceso político casi nunca ha sido reformista, hemos sufrido ambas clases de terrorismo. En los años 50, la Revolución Nacional aplicó el terrorismo de Estado en contra de la vieja oligarquía, bajo la forma de encarcelamientos, destierros e internación en campos de concentración. A su vez, un sector de la oposición, la Falange, tomó las armas y trató de conquistar el poder violentamente en varias ocasiones. En estos días, justamente, recordamos el 50 aniversario de uno de estos intentos, cuyo fracaso impelió a suicidarse a Únzaga de la Vega, el más relevante y desesperado de los falangistas.

         También en los años 90 la derrota de la izquierda en manos del neoliberalismo provocó el surgimiento de facciones de voluntarismo violento, como la Comisión Néstor Paz Zamora, que fue aplastada sin compasión ni escrúpulos legales por las fuerzas de seguridad. Después hubo otro grupo y al fin apareció el Ejército Guerrillero Tupak Katari (EGTK), en el que militaba el actual vicepresidente del país, Álvaro García Linera. El EGTK apenas alcanzó a actuar (aunque causó algunas muertes); fue desarticulado y sus líderes terminaron presos.

         En cualquier caso, estas organizaciones extremistas mostraban la debilidad de la izquierda, no lo contrario. Por eso desaparecieron una vez que la población giró, alejándose del neoliberalismo y potenciando a Evo Morales y al MAS. Sin embargo, a su vez, este proceso y las políticas nacionalistas e indianistas relacionadas - que se cristalizaron en la nueva Constitución- empujaron fuera del escenario público a otro grupo social: la antigua élite empresarial, blanca y fincada en el oriente del territorio.

         La primera reacción de esta élite ante el empujón fue aferrarse a sus dominios territoriales y tratar de impedir la organización del nuevo gobierno. Hoy, tres años después, ya es evidente que esta estrategia fracasó. En este momento la antigua élite se halla acosada en sus refugios regionales por las fuerzas de la inmigración altiplánica, no encuentra forma de organizarse en escala nacional, sufre una constante sangría de miembros que se marchan al extranjero y, como resultado de todo esto, se halla ideológicamente confundida.

         En semejante caldo de cultivo, entonces, no es extraño que la Policía haya detectado hace pocos días, en Santa Cruz, una columna armada, probablemente organizada para cometer actos terroristas en contra de los funcionarios del gobierno. Si la sociología fuera una ciencia exacta, cabría decir que éste era el fenómeno que hacía falta para confirmar empíricamente la decadencia política de las clases propietarias bolivianas. No necesariamente porque sus dirigentes hubieran propiciado la formación de esta célula terrorista. Más bien porque el terrorismo como tal sería impensable si estas clases, sus políticos e ideólogos, sus periodistas y activistas, vivieran un momento político expansivo.

         Suele decirse que la violencia trae violencia. También es cierto que el terrorismo contestatario trae terrorismo de Estado. En estos días lo hemos visto, con la sospecha de "ejecución" que pende sobre la detención y eliminación de tres miembros de la columna de la que estamos hablando. Y es que hay una mutua complementariedad entre ambos terrorismos. La dimensión del desafío armado favorece el que las autoridades tomen medidas irregulares para lograr sus objetivos; las acciones terroristas crean un ambiente de sordidez y barbarie que enmudece a la fracción democrática y le impide reclamar por los abusos estatales; y, finalmente, como pasó con el caso de Únzaga (o, más cerca de nosotros, con el golpe contra Hugo Chávez), los radicales de la oposición avivan el radicalismo revolucionario, porque le dan un sentido.

» Arriba

separador
   
Fuente: Infolatam

 
21
Informe Uruguay se halla Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
Depósito legal No. 2371 deposito Nos. 338018 ley No - 9739, dec 694/974 art. 1 inc A
20
Los artículos firmados son de exclusiva responsabilidad del autor
y no reflejan, necesariamente, la opinión de Informe Uruguay
20
Los enlaces externos son válidos en el momento de su publicación, aunque muchos suelen desaparecer.
Los enlaces internos de Informe Uruguay siempre serán válidos.
21
 
Estadisticas Gratis