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Año II - Nº 71 - Uruguay, 26 de marzo del 2004

La economía globalizada, sus repercusiones y nuestra realidad
Informe Especial: España - 11 M - Lo que no se conoce.
Rodríguez Zapatero ¿Habrá fallas?
Ojos Uruguayos en Brasil
Anécdotas Bancarias - Temores
Terrorismo vs. Terrorismo
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Historia de una "Vaca Azul"
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Las artes populares del Uruguay

Metalistería

Desde el comienzo de la conquista en el Plata, se empieza la producción de objetos de metal para suplir las necesidades de soldados y colonos. Irala, en su relación de servicios a S.M., señala que durante las penurias de la primera fundación de Buenos Aires, siendo él un jovencito, forjó e hizo hojas para cuchillos "al modo que se hacen en Flandes".
Desde tan lejanos tiempos, será el "flamenco" o cuchillo de gran tamaño, auxiliar invalorable y útil imprescindible e inseparable de nuestro hombre de campo.
Se forjaron frenos, fuertes y de barbada de argolla, patas cortas en S o 5, llamados de "candado", herencia de la escuela berberisca de la jineta, y otros de goznes, patas largas y bocado alto, de la escuela de la brida. Estribos, de corona y media corona, de hierro fundido o forjado, con caladuras, labrados y cincelados (imitación de los de la escuela alemana de tiempos de Carlos V). Lo mismo que las grandes espuelas, de enorme rodete y rodaja y poderoso
pigüelo, llamadas "nazarenas", "chilenas" y "lloronas".

También el "fierro" o media luna de los desjarretadores, a los que hemos de hacer luego expresa referencia, como las chuzas y moharras de las lanzas. Todos complementos del utilaje e imprescindibles auxiliares de la gauchería en sus diversas funciones y diferentes etapas.
Pero hubo una aplicación y muy artesanal, por cierto, del hierro, en el ámbito rural, tanto que se le llamó por antonomasia "el fierro "; las marcas para herrar el ganado. El tamaño enorme de las antiguas, así como la variedad de sus dibujos, algunos artísticos en verdad, muchos de un extraño simbolismo, las hacen hoy objeto de coleccionismo, con cierto y claro valor decorativo-cultural.
Entre nuestra antigua metalistería, colonial y patricia, el cobre ocupa su lugar, aunque modesto. Candiles, pailas y ollas, pero sobre todo, las pequeñas chocolateras, especie de jarritas, petisas y panzonas, con un asa muy elemental, hechas enteramente en cobre batido, que se convirtieron en elemento imprescindible para todo campero, a efectos de calentar el agua del mate
Fueron, por antonomasia, las calderitas de los gauchos,
primero, de los troperos o reseros, luego, imitadas y sustituidas, tardíamente, por jarritos de hojalata o zinc, cuando aún no habían sentado sus reales en los fogones de las cocinas de estancia, las panzudas pavas o calderas de hierro, de importación de Inglaterra.

Esa artesanía del cobre, trabajado a mano, o batido como se le llama, fue, en España y por estos pagos también (y lo sigue siendo), casi privativa de los gitanos, habilísimos en estos trabajos y con una secular tradición en los mismos, que se pierde en la propia noche del origen de este pueblo, misterioso y trashumante.

Ya pro mediando el pasado siglo, en bronce, latón o metal blanco, candiles, despabiladeras y candeleros de bronce, acompañaron a los botones gauchescos (imitación de los primitivos adornos de monedas de plata que el gaucho aplicaba a sus cintos, chaquetas y chiripás)," los estribos llamados de "campana"," las cabezadas de los recados de menos lujo," las espuelas, y otras piezas del apero, imitación más barata de las mismas piezas que los plateros criollos
hacían en derroche de lujo y habilidades artesanales, objetos todos importados de Europa y allá fabrica- dos sólo con éste destino, inundaron las "pulperías" o almacenes de ramos generales de la campaña, junto a los ponchos y chiripás de Birmingham, las hojas de cuchillos y facones de acero (con marcas locales, como "Sol", "Macaco", "Camello", "Cazador al Filo ", según el dibujo que tuvieran) y mil artículos más".

El Mate

El conocimiento del mate lo debieron los conquistadores a los indígenas comarcanos -posiblemente guaraníes-, como ocurrió con otras plantas de origen americano: papa, cacao, maíz, tabaco, mandioca. Al principio creyeron los españoles que los indios bebían la infusión de una hierba, de ahí el nombre "yerba", que le dieron, cuando son en realidad las hojas de un árbol (Ilex Paraguariensis).
Fueron los Jesuitas en sus establecimientos misionales de catequización de indígenas, que empezaron a cultivar los árboles de "yerba mate", que antes sólo crecían naturales en las selvas. Desde mediados del siglo XVI, en toda la
región platense y el Virreinato del Perú, se desarrolló un activo consumo, de la entonces llamada "hierba del Paraguay", que se convirtió, pronto, en auténtica bebida nacional, en algunas zonas, como desde fines del siglo XVII los territorios que hoy constituyen nuestro país.

El recipiente natural para preparar la infusión, fruto seco de la calabacera común (lagenaria vulgaris) y las técnicas de decoración de éste recipiente -pirograbados y burilados- son conocidos desde remotos tiempos precolombinos por los indígenas regionales. Diferente es el caso de la bombilla para succionar el líquido: parece ser una creación o invento
colonial o criollo. Los mates de plata se hicieron, al comienzo, imitando a las calabazas naturales, pero pronto adoptaron las formas parecidas a objetos del culto religioso, como ocurrió con los famosos mates "de cáliz", que tanta difusión tuvieron en nuestro medio.

Las primitivas calderitas de nuestros gauchos, según dijimos al hablar de la metalistería, fueron antiguas chocolateras españolas, de cobre batido, que nuestro hombre de campo llevaba atada a la barriguera de la cincha de su caballo.
Yerberas-azucareras también se hicieron de plata, para las vajillas más lujosas de nuestra gente, así de campo como de ciudad.

Material encontrado en Museo del Gaucho