Año II - Nº 102 - Uruguay, 29 de octubre del 2004
 
- Otra demostración de civismo
- Para no votar al más ignorante
- "Quino" se equivocó: Las negras no dan jaque mate
- Nosotros y la mirada del otro
- Barrio Ventura
- El nuevo Uruguay
- Informe Especial: Elecciones 2004

- Justicia Brasileña: Suspende el mandato del Prefeito electo

- La fiesta de los "bichos"
- Para llegar a Europa
- Rodríguez Correa. Memorias de un maestro
- Anécdotas Bancarias: Reparto de utilidades
- Hurgando en la Web: La historia de los trolebuses de Montevideo II
- Deportivísimo
- Noticias de España
- Comencemos a imaginar el uso del celular en extensión...
- Montevideo Invita
- El ataque de los bloggers
- Bitácora Política
- Bitácora Uruguaya
- Información Ciudadana
- La Cocina Uruguaya
- Rincón de Sentimientos
- El Interior también existe
- Olvidémonos de las Pálidas
- Las Locuras de El Marinero
- Cartas de Lectores

1 Campaa Mundial Seguridad en la Red

 

 

El nuevo Uruguay
por Javier García

Queda poco para el Nuevo Uruguay; en cinco días las urnas alumbrarán su nacimiento. Será así sin dudas, los ciudadanos determinarán que lo sea.

Nuestro país desde hace décadas se encuentra estancado espiritualmente. Esta crisis es mucho más profunda, incluso, que la sufrida a consecuencia del impacto de la debacle de Brasil y Argentina, del duro golpe que la aftosa produjo en nuestros mercados y del robo que unos banqueros delincuentes pergeñaron.

La desesperanza de nuestro pueblo se agravó varias veces por estos hechos, la bronca explotó, pero antes de esto ya estábamos estancados.

El ánimo uruguayo, nuestro humor promedio, nuestra natural falta de expresiones extremas nos identifica en la región. No somos de grandes exteriorizaciones y nuestras preocupaciones y pretensiones como individuos no son muchas, nunca fueron muchas. Un trabajo, una familia reunida entorno a su mesa, los hijos recibiendo una educación adecuada y un rato de esparcimiento, cada tanto, pero poder tenerlo. Es el perfil del uruguayo, es nuestro perfil.

La crisis del alma uruguaya comenzó hace más de treinta años y fue producto de la decisión de algunos que, aparentando diferencias ideológicas, se creyeron dueños de nuestro destino personal. Jugaron a la política de la exclusión recíproca, y terminaron excluyendo a la mayoría de los uruguayos. Unos reivindicando el monopolio de la justicia social, de la capacidad de imponer sus paradigmas, creyéndose depositarios de la representación popular, asumiendo, alegremente, que esos fines justificaban cualquier medio, incluso la disposición de vidas ajenas. Otros encaramándose como salvadores de instituciones y valores que fueron los primeros en pisotear cuando lo creyeron oportuno. Para estos también hubo fines que justificaron medios aberrantes. Unos y otros fueron socios, en última instancia, en la construcción de una sociedad dividida y juntos sembraron la desesperanza.

Un solo hombre se interpuso, en aquel entonces, a estos extremos y por ello fue perseguido por ambos; unos le robaron la elección en 1971, y años después fue víctima de ambos socios que no dudaron en pactar su prisión.

El proyecto de Wilson no le servía a quienes se sirven de la desesperanza de los uruguayos.

En cinco días enfrentaremos la decisión más importante que un pueblo puede tener. No sólo la de elegir autoridades, sino la de reconstruir un destino común que nos integre como parte de un mismo cuerpo. La de rescatar ese algo tan particular que nos hace bien distintos, incluso de nuestros vecinos cercanos.

Esta campaña nos ha mostrado como aún persisten algunos en mantener a los uruguayos divididos. Nadie, en ningún extremo, se ha arrepentido de nada, ni de sus métodos ni de sus estilos de confrontación. No es que la campaña haya sido chata, la hicieron deliberadamente chata. Fue la expresión política de la voluntad de exclusión que anima a determinados actores políticos.

Nuevamente el Partido Nacional se ha alzado como garante de este estilo tan uruguayo de ser. No funda su futuro en amenazas ni persecuciones contra nadie, ni contra aquellos que lo hicieron contra nosotros.

Jorge Larrañaga le imprimió renovación a la política uruguaya, todo lo demás es conocido y gastado.

Es el único, también, que puede enfrentar con éxito la peor crisis que padecemos, que es la de nuestra identidad como nación. Esto sólo es posible desde la inclusión y no desde el enfrentamiento.

En 1971 muchos, de buena fe, creyeron que votar por el Frente Amplio era la solución al desgaste del sistema político, y con ello lograron justamente lo contrario y fueron funcionales a los intereses más conservadores. Se equivocaron.

Hoy le toca a Larrañaga convocar a las mismas esperanzas que alumbró el caudillo.

En el sagrado momento de estar en el cuarto secreto, tomaré la lista y pensaré... Wilson, llegó el momento.