LOS ORÍGENES
Antes de 1930 nació el Barrio Ventura y el fundador lo fue Don Bernardo Ventura Rodríguez, rematador y caracterizado caudillo blanco, él fraccionó y puso a la venta en solares su chacra ubicada al norte de la cañada Soba. Del otro lado de este cauce estaba la chacra de Domingo Juan Clímaco Pérez Terra que se llamó Tres Árboles entre lo que hoy son las calles Juan Antonio Lavalleja y Olivera, este vecino junto a su familia se dedicaron al cultivo de frutales y hortalizas entre otras labores.
Cruzar la cañada Soba era toda una historia porque recogía el agua de una vasta región rural de Castillos y en ocasiones de grandes lluvias significaba un cauce peligroso lo que obligó construir un precario puente de madera. Bernardo Ventura tuvo la iniciativa de erigir el actual puente y la dirección de la obra estuvo a cargo del Constructor Felisberto Ramos Jurado con el apoyo de numerosos vecinos, de esta manera se unieron las calles Lavalleja y Dr. Cosme Correa, antiguamente denominadas Acosta y Camino de la Sierras ó del Abasto.
A este puente se le denominó de "Don Bernardo Ventura" y con el transcurso del tiempo el vecindario le asignó un nuevo dueño "de Beto" ó "de Beto Pérez", esta construcción significó un símbolo para el barrio y una atracción para los niños de la vecindad. Próximo a este lugar, en la intersección de las calles Butiá y Faget existió una cachimba; punto preferido para la concentración de amas de casas del lugar y por ende un motivo de encuentro social muy estrecha entre ellas en aquellas épocas.
LAS CACHIMBAS
Sobre cachimbas existió otra en la calle Olivera a unos diez metros antes de llegar a la calzada Faget a mano derecha quien se dirige al Norte, la llamaban la cachimba del Estado o de "Los Tobas", aún hoy es perceptible parte de su pretil, muchos aguateros extraían el vital elemento para suministrar a la ciudad y entre ellos se recuerda a Ulpiano Rodríguez.
Sobre la calle Faget entre Dr. Cosme Correa y Olivera existió un campito de fútbol para la diversión de los niños del y otros barrios armándose arduas disputas futboleras con aquellas pelotas de goma Funsa color rojo o azul, y hasta se llegó a tener a fines de la década del 1950 y durante la del 1960 alguna pelota de cuero cosida a tiento y de oreja, todo un lujo para la gurisada del momento. Otros atractivos para la infancia de esa época era la pesca de mojarras o peces pequeños propios de este tipo de cauces, y el ancla ubicado en una de las márgenes de la cañada indicando la parte profunda, era de buen porte para la visión de un niño y el referido elemento disponía de un aro que la golpeaban logrando el efecto del sonido de una campana.
También existían planchas de hierro con numerosos agujeros, que según los vecinos del lugar provenían de un barco encallado, las mismas eran utilizadas por los vecinos para transitar por uno de los costados de la canchita de fútbol, especialmente en los días lluvia y evitando de esta manera embarrarse.
La cañada Soba proporcionó a los castillenses arena para la construcción de sus viviendas, hasta se recuerda que se extrajo este material para la edificación del Hospital, aún hoy, ocasionalmente con la cañada limpia se sigue sacando arena.
En las inmediaciones del puente proliferaban los mimbres, tacuaras y numerosos vecinos las utilizaron para crear diversas artesanías.
LOS PERSONAJES
Generalmente todos los barrios tienen a sus personajes y sus anécdotas, recorriendo estas vivencias pudimos recoger de la historia oral que en épocas de contiendas electorales Bernardo Ventura, un blanco de pura cepa, radical, armaba los campamentos y desfiles gauchos en las actividades proselitistas del Partido Nacional con buena caballada, abundante asado, vino y caña.
Durante la dictadura de Gabriel Terra en el puente "de Beto" se instaló una guardia para controlar los diversos movimientos del lugar durante el día y la noche, máxime estando radicado en el lugar un caudillo blanco radical como Ventura, no era cuestión de descuidarlo.
Este barrio también tuvo a sus personajes, personas humildes pero daba al barrio un matiz particular y entre ellos se rescatan figuras como Alberto D`Elías y a un moreno viejo llamado Carimbá, ambos animadores vivaces de muchos carnavales de antiguas épocas del barrio.
Baldomera, una anciana que vivía sola en un ranchito de ladrillo y quinchado de paja muy próximo a donde fuera el domicilio del extinto Héroe de Aguas Dulces: Don Agosto Álvarez.
Esta vecina se caracterizaba por la crianza de gansos, nunca -aseguran vecinos del barrio Ventura- tuvo menos de un centenar que con sus graznidos rompían la monotonía de la vecindad. Baldomera a muchos de sus gansos les puso nombres y los llamaba por tal y las referidas aves en su totalidad tras ella, el entorno en donde vivía esta vecina eran cañaverales, cardales, los mimbres mencionados anteriormente: un humedal vinculado estrechamente a la cañada.
Antes de la década del 1940, un vecino apodado "El Manguera" cuyo verdadero nombre por el momento no lo recuerdan construyó en forma elemental un Teatro de Verano con el nombre "El Tropezón", lo ambientó como un pequeño parque en donde se vendían bebidas, golosinas y varios jóvenes de la época participaron en diversas comedias.
EL ALMACÉN DE BETO Y EL MUNDIAL DE 1950
Años después, en este predio en un ranchito existente de ladrillos asentado en barro, quinchado de paja y pintado de color amarillo la parte exterior inició sus actividades comerciales el fundador del Museo Arqueológico: Beltrán "Beto" Pérez fue en diciembre de 1949 en vísperas de navidad. Con mucho sacrificio se proyectó en el tiempo, cuántos temporales e inundaciones "cojudas" soportó este local comercial, numerosas veces "Beto" y sus vecinos salieron al rescate de damajuanas, latas de galletas, tanques de queroseno entre otros artículos de almacén que apresuradamente se llevaba la creciente en épocas de inundaciones, en circunstancias en que el barrio quedaba aislado de la ciudad por las crecidas.
Por el año 1950 "Beto" se armó de coraje y compró una radio eléctrica japonesa adquirida a través de un amigo en el puerto de Montevideo con la finalidad de escuchar los partidos del mundial de fútbol en Brasil. Llegó la final, una damajuana de vino sin su canasto de mimbre - así lo recordó "Beto" - sobre el mostrador y la radio sobre la fiambrera. Numerosos vecinos en aquel inolvidable 16 de julio de 1950 idolatraban como una imagen sagrada a la radio. Los concurrentes escuchaban atentamente el desarrollo, los acontecimientos y las vivencias de la final entre Brasil y Uruguay a través de la voz inolvidable y característica de don Carlos Solé. El voltaje de las emociones fue subiendo de tono con el transcurso del partido y la damajuana de vino iba y venía, la radio temblaba sobre la fiambrera sacudida por las emociones de aquellos castillenses, llegó el pitazo final y todo el mundo salió a festejar por las calles de la ciudad tras la banda municipal dirigida por don Imbert Faget.
EL CLUB OBRERO
En el terreno de los recuerdos y de los vecinos del barrio surge Eliseo Sosa popularmente conocido por "Ero-Ero" propietario de un bar-almacén donde hoy están los prostíbulos de la calle Lavalleja lindero a la cañada Soba, este local comercial fue conocido como el "club Obrero". Como en todo bar se vendía bebidas, juegos de cartas, billar o casín y además se armaban - parafraseando un dicho popular- flor de bailes y el valor de la entrada para esta diversión costaba ochenta centésimos y de estos encuentros bailables se formaron muchas parejas una cuantas de ellas se consolidaron en matrimonio.
EL FANTASMA
En una ocasión un muy conocido vecino del barrio vestido de fantasma y oculto en la arboleda del puente le daba por asustar, asaltar, a personas que pasaban a altas horas de la noche y el Comisario Serna, la autoridad policial de esos momentos, se disfrazó de mujer con carterita y con cierto cojeo en su andar cruzó por el lugar y fue abordado por el disfrazado de espectro, obviamente fue apresado y así terminó las andazas del vecino.
Un señor de nombre Deofildo recorría las calles con su vaca lechera con la soga atada al cuello vendiendo leche recién ordeñada "al pie de la vaca", la medida era una lata de duraznos en almíbar y al valor de un vintén.
OTRAS HISTORIAS
El barrio creció y motivó que se abriera una nueva calle que la denominaron Ombú y el argumento para la denominación fue un añoso árbol de la referida especie que quedó sobreviviendo unos cuantos años más en medio de la vía pública como una plazoleta, una estatua viviente.
Los niños de la época jugaban en el entorno del ombú, solitario, y en él emulaban en muchas ocasiones viejas contiendas civiles de 1897 y 1904 de colorados y blancos.
En la esquina de las calles Ombú y Dr. Cosme Correa está ubicada la casa más antigua del barrio con una edad más que centenaria, se trata de una construcción de piedra cuando se erigió uno de los propietarios fue Braulio Rocha y luego el matrimonio Osorio Decuadro y Andrea Rocha, actualmente está en manos de descendientes de esta última familia.
Obviamente hay mas historias que muchas de ellas se guardan en la intimidad del hogar que esperan junto a otras ser rescatadas para el disfrute de todos nosotros.
NÉSTOR ROCHA - CASA AMBIENTAL