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No preguntes lo que tu país te puede dar, sino lo que tú puedes darle a él.
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Año V Nro. 393 - Uruguay, 04 de junio del 2010 |
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Leí el artículo de mi amigo Félix Obes publicado en Equinox Fin de Semana y me pareció muy interesante. Si uno la relee palabra por palabra se puede dar perfecta cuenta de la realidad que se está viviendo en Uruguay. Es cierto que tanto en el gobierno de Tabaré Vázquez como en el actual de Mujica no existen líderes capaces, líderes con visión de futuro, ejecutivos que resuelvan los problemas sin trámites ni dilaciones, verdaderos ejecutores de una política delineada desde arriba, la presidencia. En el Frente Amplio no existen cuadros dirigentes, porque los que sí existen son improvisados, aquellos que accedieron a ese lugar por sus “aportes” partidarios, no por su conocimiento en áreas de gobierno. Esto se vio en el gobierno de Tabaré Vázquez, con Gargano, Tourné, Arismendi, etc., pero esa falencia ejecutiva fue minimizada por la fuerte personalidad del propio Vázquez, que sí era ejecutivo. Mujica adolece del mismo problema, falta de cuadros en el FA, y además tiene el condicionante de que debió repartir los cargos entre los pequeños partidos que conforman la coalición de gobierno, lo cual ya es mucho decir. La calesita social El problema principal de Mujica no es su carencia de cuadros dirigentes. El Presidente se encuentra atrapado en su propia calesita que gira y gira sin parar y de la cual no sabe cómo bajarse. Esa calesita continua fue creada por la propia izquierda. Sus diatribas a los gobiernos anteriores, el continuo machacar sobre el estado de bienestar al cual todos tienen derecho, sus ideas socializantes, su exacerbado odio al capitalismo como si este fuera el mal de todos los males, la idea de que ellos eran los puros y todos los demás los demonios corruptos, la lucha de clases, el poder de las masas y el de los trabajadores y otras muchas utopías, a sabiendas de su impracticabilidad, fueron penetrando lentamente en las mentes uruguayas y crearon la calesita en la que hoy están enancados y de la que no saben cómo apearse. Desde afuera todo es más fácil y los errores del otro se ven más claramente, o por lo menos eso creemos, pero cuando uno es gobierno, tiene el poder y debe gobernar, modificar comportamientos, generar riqueza y bienestar, todo cambia. Hay que tomar decisiones, algunas que pueden alegrar y otras no tanto. El problema es que concientizaron tanto con “la bendición socialista” que hoy, cuando tienen que ejecutar medidas más acordes al ala derecha, sus concientizados levantan sus voces desaprobatorias. Vázquez las ejecutó a fuerza de su personalidad, pero Mujica, viejo, cansado y enfermo, ¿tendrá la misma fuerza que su antecesor? Permítanme dudarlo, porque el Pepe es un gran hablador, aunque algunos lo puedan tachar de “discursero”, pero no le veo las gónadas necesarias para plantarse y ejecutar. Espero equivocarme, pero sus primeras decisiones de gobierno no fueron las acertadas y se dejó llevar más por sus deseos que por la lógica y el razonamiento profundo. Un viejo tupamaro No por nada, jocosamente, alguien marcó como “la elección de los gerontes” la última puja presidencial en Uruguay. Mujica tenía 74 años cuando se presentó de candidato y Luis Alberto Lacalle 69. Si bien soy un acérrimo defensor de la senectud, porque considero que la experiencia y sabiduría llegan con los años, un presidente de 75 años, como la actual de José Mujica Cordano, está más cerca del más allá que del más acá, y cuando supe de su triunfo, no sé por qué razón, me acordé de Oscar Gestido, con la diferencia de que el posible sucesor de Mujica es muchísimo peor que Jorge Pacheco Areco. Volver a empezar Hoy, a pesar de sus achaques, de su stress, de su edad, Mujica tiene que “volver a empezar” e intentar desatar el nudo de esa imagen de guerrero de la justicia, de que la izquierda representa lo impoluto, que el estado de bienestar está a un tiro de piedra, porque él sabe que eso no es cierto, que gobernar representa tomar medidas buenas y malas. Buenas cuando el beneficio popular es directo y malas cuando son medidas necesarias e imprescindibles y que deben tomarse aunque no gusten ni a propios ni a ajenos. Tantos años de declamar la pureza de sus cuadros para encontrarnos con los Bengoa, con los Arana, con los Fernández Huidobro, con el mal manejo de la Intendencia de Montevideo, con la basura, con la avidez presupuestaria, etc. No todo fue bueno en los gobiernos anteriores, pero tampoco todo fue malo. Tanto blancos como colorados tuvieron sus “cuitas”, pero el Frente Amplio tiene los mismos defectos que tuvieron y tienen los partidos tradicionales, y eso no lo puede revertir nadie, porque se nutrieron de las mismas bases de las que se nutrieron los otros. Por eso, escupir para el cielo es muy peligroso, y el Frente Amplio, desde su creación, escupió para el cielo y lo que es peor aún, contra el viento. Hoy, a la hora de gobernar, esos esputos le caen en la cara. ¿Podrá el viejo tupamaro parar la calesita que ellos mismos crearon, y así poder gobernar? Ese es el verdadero problema. Años y años inculcando todo lo contrario a lo que a hoy debe realizar para poder gobernar.
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