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Año I - Nº 50 - Uruguay, 31 de octubre del 2003

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La polémica planta de celulosa en M'Bopicuá
Uruguay también es eso
El Castillo de San Felipe de los Escullos
Ojos Uruguayos en el Brasil
Ya no dá criollos el tiempo
Reportaje a Jorge Bonaldi
Barrio Sur: Un escenario de leyenda
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La OMC y el Sector Agrícola
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YA NO DA CRIOLLOS EL TIEMPO
Desde Chuy por Julio Dornel


"NO QUEREMOS SER MEJORES QUE NADIE, PERO QUEREMOS TENER DERECHO A SER LO QUE SOMOS."

No podemos negar que los "gaúchos" brasileños y los gauchos orientales fueron negados en muchas oportunidades, existiendo viejos documentos donde son tratados en forma peyorativa. No faltaron tampoco los escritores que trataron a los gauchos de vagabundos, haraganes y pendencieros. Las modalidades propias del trabajo rural, permitía por aquellos años que un elevado número de gauchos estuviera dispuesta a colocarse en el sombrero alguna divisa que lo identificara con los caudillos durante las guerras.
En las grandes estancias se podía observar siempre un elevado número de “agregados” que no ganaba salario, pero que estaban vinculados al patrón por lealtad partidaria.
Como siempre estaban a la orden participaban en las yerras, domas, esquilas y otras actividades rurales, donde en algunas oportunidades eran remunerados.
Por lo general no trabajaban la tierra, salvo en circunstancias extremas y obligados por la necesidad. Como la carne era abundante y gratuita estando al alcance de todos era fácil mantener la condición de “agregado” durante todo el año.
En algunas oportunidades los gauchos se transformaban en cazadores de reses salvajes, alternando el beneficio material con la inclinación natural que sentían por los ejercicios violentos, poniendo en evidencia su destreza física.
Por esos años surgen las boleadoras, un utensilio heredado de los indios y que al margen de ser una herramienta de trabajo era utilizada como arma de combate.
El boleador era un personaje especial, rodeado de cierto misterio por su habilidad y coraje, lo que le daba cierto prestigio en el medio rural.
Este personaje debía estar actualizado y conocer el pago de sus acciones con sus intrigas y resentimientos para manejarlos en su provecho.
Siempre estaba listo para participar en toda convocatoria del caudillo o simplemente para viajar varias leguas en persecución de alguna hacienda cimarrona.
Solían internarse en regiones desconocidas y peligrosas que ponían a prueba su valor, lo que servía para acrecentar su prestigio.
Todos ellos ofrecían una destreza extraordinaria en el manejo de las armas y el caballo, como así también una gran resistencia para cabalgar durante muchas horas.
Con el paso de los años estos hombres rudos se transformaron en el material deseado para las guerras civiles que ellos tomaban como una vaquería gigante donde el peligro no contaba.
Estaban tan endurecidos por el medio que la guerra se convertía en una fiesta donde tenían que poner de manifiesto el valor y el amor a la divisa del caudillo.
Sin embargo aquellos gauchos no estaban sujetos a la disciplina militar, aunque marchaban a la guerra con el mismo entusiasmo que iban a una festividad campera.
Sin embargo en la actualidad no podemos negar que el desarrollo alcanzado por los medios de comunicación esta determinando un proceso natural de mutación que pasa por sus usos y costumbres, hasta su manera de ser y de expresarse.
Los nuevos tiempos han ido cambiando la vestimenta y hasta la comida del gaucho, donde el tradicional churrasco diario a pasado a ser semanal o mensual.
Junto al asado a las brazas también ha ido
desapareciendo el lenguaje de los gauchos y salvo en algún desfile, vemos pocos gauchos en la vía pública con sus bombachas, botas, espuelas, pañuelo al cuello y el tradicional “chambergo ladeao”. A todo esto deberíamos agregarle el chiripá y las boleadoras para tener un personaje casi en extinción.
Hace algunos días pudimos comprobar en una yerra, algunos gauchos en motonetas, utilizando celular y con una vestimenta que pasaba por el gorro característico de una conocida figura del básquetbol americano, camisa con propaganda de una multinacional y tenis usados por los famosos del deporte mundial.
No decimos que esto está mal, señalamos simplemente que también los cambios están llegando a nuestra campaña, aunque algunos digan que “ya no da más criollos el tiempo”. Resulta muy difícil que en la actualidad podamos observar por las calles fronterizas la presencia de los gauchos como sucedía antiguamente.
Aún reconociendo que el hombre de la campaña visita en forma reiterada la ciudad, será muy difícil que podamos identificarlo por su vestimenta y objetos de uso personal que lo acompañaban permanentemente en el pasado.
Resulta muy raro encontrar un gaucho haciendo gala de algunas prendas que fueron símbolos tradicionales y que pasaban por las bombachas, botas de cuero, el poncho, cuchillo a la cintura y hasta el inseparable cimarrón. Todos estos utensilios estuvieron siempre muy ligados a la historia del gaucho que las consideraba como piezas de estimación.
El cuchillo fue siempre una de sus herramientas inseparables, tanto en la guerra como en la paz, y tenían además un gran valor artesanal puesto que sus empuñaduras eran talladas en guampa, madera o de plata y oro con las iniciales de sus dueños, y hojas de acero utilizando para ello alguna bayoneta.
Por otro lado y cruzando la línea divisoria, señalan los historiadores brasileños que le ha correspondido a los gauchos riograndenses una destacada participación en la conquista de la independencia norteña, pero que también los cambios que vive el mundo en la actualidad, ha llegado al hombre de campo.
Fueron los “gauchos” riograndenses los que un día le dijeron basta al centralismo y proclamaron a los 4 vientos que no querían seguir sometidos y que estaban dispuestos a jugarse la vida para conquistar su autonomía.
Fueron estos gauchos de Río Grande los depositarios de muchas ilusiones de un pueblo dolorido y explotado. Hace muchos años, allá por 1985 el presidente de la Asamblea Renan Kurt, preguntaba durante un memorable discurso como se comportarían los gauchos farroupilhas al pedir “con el sombrero en la mano que les devolvieran lo que les habían usurpado, pidiendo limosna al poder central, permitiendo y aceptando que los gauchos continuaran siendo explotados por el sistema financiero.”“No queremos ser mejores que nadie, pero queremos tener derecho a ser lo que somos” expreso finalmente el presidente de la Asamblea. Los gauchos que poblaron estas tierras fueron los que ayudaron a construir la historia de Río Grande do Sur. Es posible que estemos galopando demasiado fuerte y por eso vamos perdiendo la perspectiva de nuestros gauchos a favor de nuevas costumbres. Mientras van desapareciendo lentamente los gauchos con su tradición, también el caballo que fuera principal protagonista y compañero inseparable en memorables jornadas tiende a desaparecer. Esta imagen viene del fondo de la historia si tenemos en cuenta que fue Don Pedro I en las márgenes de Ipiranga que pronuncio el grito histórico desde su caballo. Ese amigo inseparable del gaucho tenia que haber estado junto a Marechal Deodoro, cuando aquel 15 de noviembre le grito al Brasil entero “VIVA LA REPUBLICA”.La grandeza de los gauchos estuvo siempre permanente entre quienes integraron la Revolución Farroupilha, con sus dramas y sus amores suspendidos durante 10 años de cruentas batallas. El siglo pasado fue marcado a fuego por los gauchos de Río Grande que escribieron con su sangre una de las páginas más hermosas de la prolongada lucha contra el Imperio. Para entender mejor el espíritu de los gauchos de la Revolución Farroupilha debemos decir que también ellos tenían una visión distinta de la civilización que se les querían imponer, lo que le otorgaba un carácter casi romántico a la patriada. Entre muchas voluntades en discordia se destacaba la presencia de Bento Goncalves, Canabarro, Fontoura y muchos otros revolucionarios que han generado grandes discusiones históricas. Sin embargo no se puede discutir la personalidad humana y gauchesca que afirmaba su lealtad a los principios revolucionarios, aunque tuvieron una visión distinta sobre la Republica de Piratini.
Fueron gauchos riograndenses los que escribieron las páginas de la “Sorpresa de Porongos”, el Tratado de Poncho Verde, de Río Pardo o de Seival. Sin embargo no todo ha desaparecido , quedan todavía algunos gauchos apegados a las tradiciones y con capacidad para continuar con las tareas camperas y demostrar que “sigue dando criollos el tiempo.”