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Los hermanos unidos, esa es la ley primera
por Michael S. Castleton-Bridger
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Como sabiamente decía el Martin Fierro, si los hermanos se pelean, los comen los de afuera.
Del Herrerismo nunca saldrá una injuria o una ofensa a un compañero blanco.
El Partido Nacional tiene el lastre histórico de divisiones y pasionales separaciones en distintas vertientes. Distintas vertientes que durante años fueron impedimento para que el partido llegara al poder y que a su vez permitieron que nuestros primos y adversarios políticos, el partido colorado, se enquistara en el gobierno durante casi un siglo.
Hoy quizá sin que algunos se percaten se acerca un punto de inflexión en la historia del país. Quizá algunos les cueste entender esto pero lo que se juega en la próxima elección es muchísimo.
Básicamente, los uruguayos deberemos decidir si nos sumergimos en esta corriente falsamente ‘progresista’ que parece querer dominar el continente o si queremos abrirnos al mundo, al progreso, a la creación de oportunidades, a la creación de riqueza y bienestar para todos los orientales.
La opción es sencilla, podemos encerrarnos en la mediocridad latinoamericana y repartir quejas y miseria o podemos abrirnos al mundo e integrarnos a él con todo los beneficios que eso sin duda acarrea.
A no confundirse, esto es una lucha profunda y seria entre dos concepciones de vida, sociedad y país.
Los blancos, los nacionalistas somos por sobre todas las cosas eso, nacionalistas e integrantes del partido nacional con toda la honra que eso implica. Somos blancos y nacionalistas por encima de matices, por encima de circunstanciales diferencias en justas internas que por democráticas y mandadas por la ley se deben recorrer.
Nunca deberemos ver un enemigo en nuestras filas. Un matiz , un contrincante intelectual circunstancial quizás, pero nada más.
Hay demasiado en juego. Se juega en estas elecciones la forma de sociedad que le dejaremos a nuestros hijos y nietos.
Nuestra colectividad ha demostrado con la generosa sangre de nuestros mayores su grandeza y su entereza ante las grandes cuestiones nacionales.
No seamos los de nuestra generación los que volvamos a mancillar el recuerdo de aquellos que sirvieron al general y que con sus propias vidas aseguraron la historia democrática del país.
Las épocas de Munizistas y Saravistas pasaron, la historia reclama a nuestro partido de nuevo en la trinchera del gobierno. Unido, hermanado y más fuerte que nunca. Cualquier otra actitud sería una traición a los que nos antecedieron y a la misión histórica de nuestro partido.
Para un blanco no hay nada mejor que otro blanco. Ningún integrante de nuestra colectividad debería olvidarse de estas sabias palabras, jamás.
En esto nos va el país y el futuro de nuestros hijos.
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| © Michael S.Castleton-Bridger |
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