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APORTANDO LO NUESTRO

Por: Walter Amaro - Sydney/Australia

En nuestro último encuentro, señalabamos el rico aporte socio-deportivo-cultural de la comunidad uruguaya en Australia.
Para acercarles a la idea del esfuerzo, pondremos al lector en conocimiento de algunos tópicos que destacan el hecho.
Muchos compatriotas pensaron, como en mi caso, que aprender el idioma inglés en propio territorio anglo-sajón demandaría pocos meses. En el supuesto, y exagerando, en un par de años a lo sumo, estaríamos en condiciones de vender buzones a cuanto australiano se nos pusiera por delante con nuestro chamullo. Sin embargo, todavía somos miles los que después de 20 años o 30 años en estas tierras, apenas podemos chapurrarlo. Para dimensionarlo correctamente, hay entre nosotros un dicho que dice: digo lo que puedo y no lo que realmente quiero.

Se debe considerar en parte la edad del emigrante en el momento de arribo, la necesidad del manejo de un idioma completamente diferente, el ámbito social que le rodea, su profesión, la edad y hasta la cantidad de hijos que tenga una pareja. Pero de todas formas no es a eso a lo que voy.

A lo que si nos queremos referir, es al tremendo esfuerzo de nuestra colonia por mantener su cultura. Y aquí surge un fenómeno increíble, o no tanto, depende desde el ángulo que se mire.
Muchos en el exterior se han afanado por recordar frases, lugares, deportes, comidas, etc. como una ineludible manera de mantenerse vivos mentalmente, y no caer en una depresión angustiante. Y si usted vive en nuestro país, rodeado de sus cosas, su familia y la continuidad de las épocas, tal vez no pueda comprender qué queremos significar. Pero muchos de nosotros no podemos recordar nombres de artistas o cantantes, por citar algún ejemplo, si no ejercitamos nuestra memoria continuamente.

Esta comunidad no obstante, no vivió sólo de recuerdos, ni los alimentó en la desesperanza, sino que comenzó a cristalizarlos en una tangente realidad, y tan pronto como esas necesidades comenzaron a presentarse. Se necesitó un criterio comunitario y este se hizo presente de inmediato.

Además, este grupo que empezó siendo chiquito y que no ha crecido mucho, empezó a edificar con esmerada paciencia su pequeño entorno, aquel que nos viera nacer en el Uruguay, sin descuidar la integración a este país que nos acogió con cariño.
Algunos todavía recuerdan los primeros bailes, armados al apuro con viejos discos que algunos trajimos en la maleta, robándole lugar al abrigo de la nena o a la frazada que tanta falta nos hizo luego. Un parque, o un viejo salón supieron de cortes y quebradas con ansiosos bailarines e improvisados Disc Jokey's.

Asados al aire libre jocosamente suspendidos por la policía ante el desconcierto de estos yorugas, que sólo pretendían festejar alguna fiesta tradicional desconociendo prohibiciones de encender fuego en espacios abiertos. Acercarse los uniformados para interrogarnos acerca de esa infusión desconocida que algún oriental osaba beber en público en un viejo porongo, etc. Y todo sería cosa de risa sino fuera que en aquel entonces, no hablabamos inglés y no podíamos dar explicaciones. Menos hacerles entender que aquello verde que flotaba angustiante en esa pequeña calabaza era simplemente yerba y no ninguna droga. Los australianos comenzaban a descubrir el mate. Luego le tocaría el turno al corte de carne que ya hoy se conoce como asado.

El fútbol, pasión nata de los charrúas, hizo que nos agruparamos para hacer correr el balón por la verde gramilla australiana. Encuentros entre comunidades latinas primero, y luego tratando de fomentar este deporte (Soccer) practicamente desconocido para los canguros con otras nacionalidades.
Luego importaríamos estrellas de nuestro fútbol y, aunque no prosperamos mucho en esta disciplina, llegamos a tener un equipo de primera división en Nueva Gales del Sur.

Visionarios que entendieron que debíamos empezar a ser nosotros en Australia, plantaron la primer semilla. Hace treinta añosnacía el Club Uruguayo de Sydney; única institución latinoamericana que cuenta con una magnifica sede social en Sydney, orgullo de todos los sudamericanos.

En fin, queda mucho en el tintero. Si les interesa, la promesa como siempre, de ir degranando recuerdos comunitarios que, a la postre, son parte de nuestra vivencias como emigrantes. Por supuesto con la visión objetiva de esta parte del planeta, por lo que se vería sumamente interesante que si usted, anda por esos caminos haciendo huella, nos haga llegar sus comentarios. En nuestra próxima entrega charlaremos de otro tópico; yo que sé, tal vez del carnaval uruguayo en Australia, la enseñanza del idioma español, o alguna cosa que me imagine pueda interesarle. Nos encontramos en siete días si así usted lo desea.