Año II - Nº 81 - Uruguay, 04 de junio del 2004
 
- Terrorismo o Libertad
- Enrique Yarza. La revolución de 1904
- La Cumparsita: El Tango Uruguayo
- Barreras en el Mercosur
- Gracias Princesa
- La mala costumbre de ser subdesarrollados
- El Arca
- Buenas Noticias

- Las paradojas del Tercer Mundo

- 5 de Junio. Aumenta la contaminación ambiental
- Medio Ambiente. ¿Festejar qué?
- Anécdotas Bancarias: Guardianes celosos
- Como el Uruguay no hay
- Así Somos
- Hurgando en la web
- Las valijas
- Chairando Ideas
- Al profesor Puig
- 1000 mujeres para la paz
- No se ofenda, actúe
- Empresariales: Para comprarte más fácil
- Bitácora Política
- Información Ciudadana
- La Cocina Uruguaya
- Rincón de Sentimientos
- El Interior también existe
- Olvidémonos de las Pálidas
- Las Locuras de El Marinero
- Correo de Lectores

 

Gracias Princesa
por Helena Arce

Kannina llego a nuestra vida allá por el mes de septiembre de 1997. A mi me habían regalado una ovejera hacía menos de un año, y ya habíamos entendido el motivo por el cual se los utiliza como lazarillos, como bien dice el libro donde describe a los pastores alemanes, ellos no son la mascota de la casa, sino que esa es "su familia". Juana, que así se llama mi perra, es conciente siempre, y nos hizo tomar conciencia de ello, que nosotros somos "su" familia, y como tal nos cuida, nos protege y nos mima.
Mi hijo tenía otra perrita, una preciosa perrita de raza "Paca", que había sido
por la mitad de su vida su compañera de juegos, y su protectora, Andrés tenía en ese momento 9 años, hacía poco que había perdido a su "súper abuelo", si imaginan bien, mi inolvidable padre, y aun no se había repuesto de esa pérdida, cuando Paca nos abandono. Murió en su ley. Ella solía revolver todas las basuras que encontraba a su paso, era su bocado predilecto, no importaba cuanto había comido, pero la basura era una tentación que no podía superar. Perdí la cuenta de las veces que debí correr ante el requerimiento de un vecino que me llamaba por teléfono y me decía: " Helena, la perrita de Andy otra vez me tiró la basura" Y allí salía expreso, escoba y pala en mano, a levantarla. Un día se ve que la basura tenía algún veneno, y volvió a casa a morir, en los brazos de Andy, como correspondía. Pero la tristeza que no había abandonado los ojos de mi hijo, se agudizó.
Ese fin de semana vinimos a Montevideo y diario en mano comenzamos a buscar una perra, ovejera, que sería suya. Luego de los contactos telefónicos de rigor, fuimos hasta el criadero, allí había en un jardín dos perritas de dos meses, en un corralito, la dueña le dijo a mi hijo: "Mira, esta es la que sale en el reclame de televisión de ....., es tuya.". Pero cuando él se acercó a las perritas, la otra saltó sobre el y comenzó a lamerle las manos, la suerte estaba echada, ella lo había elegido a él.
Desde ese día, ella tuvo conciencia que el era su "humano", lo acompañaba a donde iba, y dormían juntos. Cuando el se iba a los campamentos del liceo, ella lo buscaba en toda la casa, parecía un alma en pena. Luego cuando el creció y empezó a salir, se acostumbró y lo esperaba durmiendo en su cama, la cama de Andrés que era por lejos su cucha predilecta, cuando el tocaba la guitarra ella echada a su lado dormitaba, cuando el estudiaba también. Y si venían sus amigos, todos sabían que tenía que haber un lugar para que Kannina se sentara, porque ella no se echaba en el piso. A lo sumo podía tolerar una alfombra si no había lugar en los sillones, pero si le daban un almohadón era mejor. Ella era una perra enorme, con dientes que parecían un piano, pero nunca asumió su condición de perra, es más no toleraba a los demás perros, los corría, a la única que aceptaba era a Juana, a quien le toleraba su carácter absorbente, y le tenía paciencia, pero aparte de Juana, ella únicamente aceptaba a su lado humanos. Y a pesar de su tamaño y en especial el de sus dientes, nunca jamás nadie le tuvo miedo, pues era pacífica y tranquila, lo único que la gente sabía que tenía que esquivar era un posible lengüetazo, ella amaba a la gente y le gustaba demostrárselo.
Su forma de defender a Andrés era taparlo con su cuerpo, si el parecía estar en peligro ella se ponía delante de él, y lo cubría, pero era sumamente inteligente, si se lo hacíamos en broma, no nos daba corte, únicamente si podía haber peligro en serio, lo hacía. Los rezongos que el se ligó, siempre le llegaban amortiguados a través de ella, alguna bronca con algún amigo de la infancia, también fue interrumpida por Kannina que se metía en el medio y prácticamente ocultaba la figura de Andrés de su contrincante. .
Personalmente lo que más me impresionó siempre fue la expresión de sus ojos, con ellos hablaba, cuando quería comer, salir o llevarme hacia algún lado para mostrarme por ejemplo que su adorado amo se había quedado dormido, abrazado a su guitarra, en un sillón. Y no me dejaba tranquila hasta que lograba que lo hiciera ir a su cama, a acostarse, luego ella se acostaba a lo largo, al lado de él. Pero hasta que lograba su objetivo, ser entendida, se sentaba al lado de la persona a la quería hablarle y parecía querer hipnotizarlo con la mirada. También era terriblemente mimosa, y si no se le hacían los mimos que requería, lloraba bajito.
Hace unos meses hubo que operarla, le había salido un quiste en la panza,. Andrés estuvo a su lado en toda la operación y se quedó con ella hasta que se despertó de la anestesia. Parecía que había salido todo bien, pero solo un mes después se le detectó una metástasis pulmonar, el veterinario fue claro, había que sacrificarla. No nos dimos por vencidos, anduvimos averiguando e intentamos con homeopatía, con aloe, pero no hubo caso, estaba muy avanzado, un día a pesar de tener hambre no pudo comer, ni tomar agua, casi no tuvo fuerzas para salir, por lo que con mucho dolor entendimos que había llegado el momento.
Llamamos al veterinario, pues Andrés quiso que fuera en casa y en su cucha preferida, y el estuvo agarrando su pata hasta que se fue, ella mientras el la sostenía, alcanzó a lamer su mano.
Recién cuando vinieron a buscarla del cementerio de mascotas, pude lograr que Andrés y Juana salieran de su lado, porque Juana se echó sobre ella y apoyó su cabezota en su lomo y quedó quietita.
En realidad todos la extrañamos muchísimo, su mansa compañía, su mirada inteligente, esos ojos que tanta paz inspiraban, sus lambetazos.
Nuestra Princesa nos dejó la inmensa ternura con la que nos arropó todos estos años, y por sobre todo fue la compañera, la dulce y mansa amiga que acompañó a mi hijo por casi 7 años. .