Mil cosas han sucedido durante toda una vida de trabajo. Sucesos jocosos, de irresponsabilidadtonterías, en fin, aconteceres que palpitan sentimientos y actitudes.
En una anécdota nos toca ser héroe, y en la historia siguiente somos infractores, representamos la inocencia y al instante conformamos el personaje que ha transgredido disposiciones superiores.
El anecdotario debe ser así, no con ánimo de sobresalir, sino con ánimo de ser sincero. Las cosas sucedieron y así las contamos. Aquí van mis historias, muy sencillamente narradas, en las que me tocó intervenir en todo el espectro de actitudes.
Los personajes que en ellas intervienen son reales, a veces son nombrados pero muchas veces he preferido dejarlas en el anonimato o con nombres supuestos, totalmente seguro de que al leerlas, cada uno de ellos verá y comprobará la sinceridad de mis narraciones. |
GUARDIANES CELOSOS
Recabando informes para la querida Sección Informaciones (tarea que realicé durante 10 años) me correspondía entrevistar al propietario de una casa quinta en las afueras de la ciudad. Su conformación me hizo recordar por un momento, aquellas casas viejas, antiguas, de mi querido pueblo natal.
La enorme reja del portal de entrada lucía dos carteles, TOQUE LA CAMPANA y CUIDADO CON LOS PERROS. El primero lo vi, no así el segundo que estaba muy borrado impidiendo que yo entendiera su indicación.
Tiré la cuerda de la campana y sentí su sonido muy |
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tenue, allá al fondo en el patio de la casa, detrás de un hermoso jardín con senderos de pedregullo.
En virtud de que nadie atendió a mi llamado, saqué el gancho del portón y muy resuelto me acerqué a la casa para golpear las manos y hacerme oír.
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Puse mi libreta de papeles y volantes bajo el brazo y golpee las manos. En forma simultánea, el terror se apoderó de mí... desde el patio salieron corriendo hacia mí dos enormes mastines Dobermann para más datos, quienes a toda velocidad se me venían encima, como para devorarme. Vi sus blancos dientes y sólo atiné a huir. Arrojé la libreta en uno de los canteros (llena |
de hojas sueltas que lógicamente se desparramaron por el jardín) y corrí desesperadamente hacia el portón salvador.
Les gané pero por ventaja mínima, evitando de esa manera una tragedia. Crucé el portón y cerré detrás de mí. Los perros se dieron terrible golpe contra el portón...
Salió el dueño, dio una orden seca, se sosegaron los animales y me dijo:-
- ¿Qué desea joven ?
Le contesté lleno de angustia y agitación, hablando entrecortadamente:-
- Si tiene Vd. ... la amabilidad... de recogerme los papeles... que se dispersaron en el jardín, le diré... a qué he venido...
Así lo hizo, concretamos mi tarea, me habló de mi audacia al entrar al predio...le critiqué el letrero que no se entendía, y se comprometió el buen hombre a renovarlo comprendiendo que de última, había sido causante de tan amarga y difícil situación.
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