"Nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado la hora"
(Victor Hugo) |
hernandezbaratta.org
El Uruguay desde mi óptica personal
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| Buenos Aires, Julio 18 de 2004 |
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Carta Abierta al Senador Mujica.
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Estimado Senador:
Me dirijo a Usted en virtud de sus declaraciones al portal Montevideo.COM, en las que compara las consecuencias de la admiración que sus simpatizantes le tienen con la carcel que una vez padeció.
Si fuera cierto lo que dice, lo suyo sería una curiosa variante del Sindrome de Estocolmo, donde en vez de sentir afecto por sus carceleros los confunde y equipara con sus simpatizantes.
Si le creyera, señor Senador, sentiría pena por Usted. Con cariño le recordaría que solo vivimos una vez, que su vida es solo suya y que suyas son las opciones, suyos los beneficios y suyas las consecuencias. Le recomendaría que viviera su vida de acuerdo a sus convicciones profundas, de acuerdo a sus aspiraciones e intereses y no de acuerdo a un supuesto altruismo que -senador- resulta increíble.
Ud. tuvo la desdicha de conocer la carcel. Hoy ocupa una banca en el senado porque miles de uruguayos confían en Usted como dirigente político, al punto que lo han hecho -en las últimas elecciones internas- la cabeza de la lista más votada de la izquierda. En honor a ellos, señor senador, y en honor a los que una vez reclamamos a gritos por su libertad sin sentir por Usted ninguna simpatía, no sea mentiroso.
No hace falta fingirse compungido y proclamarse esclavo de su grandeza. Lo llamarán Pepe pero la comparación le queda grande. Usted ya tiene el voto de su gente. No nos mendigue compasión por su supuesto sacrificio.
No se preocupe, senador. La traición no la comete cumpliendo con los anhelos de su vida. Si le molesta el reconocimiento público, señor senador, es asunto suyo. No haga a la gente sentirse culpable por su pretendida infelicidad. No juegue de víctima, senador. Víctimas son los que no tienen siquiera la chance de pensar en hacer con sus vidas lo que desean.
Deje de angustiarse Senador. Si la vida que desea es la de su chacra y su boliche, pues renuncie a su banca y abandone la vida pública. No hace falta que muera por nosotros. No hace falta que termine sus días con "los arreos puestos".
Como canta Tina Turner: no necesitamos otro héroe.
Sinceramente,
Gustavo Hernández Baratta
www.hernandezbaratta.org
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