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EN LAS PUERTAS
DEL AVERNO
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por Graciela Vera
Periodista independiente
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Cuando el infierno estalla vomitando destrucción los seres humanos no podemos menos que pensar en lo insignificantes que somos y en lo terriblemente poderosos cuando un solo hombre, por maldad o por torpeza puede llegar a provocar tanta desazón, tanta devastación.
Tengo ganas de llorar por ese rincón de esta tierra andaluza en la que me siento como en la mía propia, y que hoy veo en imágenes que sólo trasmiten desolación.
Gris y negro. Los colores parecen haberse apagado entre la densa humareda y las cenizas.
La natural alegría con que los andaluces enfrentan la vida se ha tornado en ceños fruncidos. Desde el árido levante hasta la fronda verde de poniente, el paisaje de Andalucía es cambiante pero siempre hermoso, impactante en su majestuosidad.
Ese paisaje ya no será el mismo y deberán pasar varias generaciones antes de recobrar su esplendidez. Los expertos consideran que la reforestación de las miles de hectáreas quemadas llevará unos cincuenta años
Son las 20 horas del jueves 29 de julio, el incendio comenzó hace tres días cuando un desaprensivo realizó una quema de plásticos. El fuerte viento, la poca humedad existente, los fuertes calores, todo se unió para convertir varias comarcas, más de doce poblaciones, ubicadas entre Huelva y Sevilla en la mismísima puerta del averno.
El fuego a esta hora está a 30 kilómetros de Sevilla. Tiene un frente de 40 kilómetros que ya se ha engullido más de 14.000 hectáreas, destruido casas, calcinado animales, transformado en cenizas bosques, sembradíos, colmenares, maquinarias, e ilusiones.
Las llamas han llegado a tener 50 metros de altura y lo más grave es que continuamente rebrotan en sitios por donde ya pasaron. Familias que han regresado a lo que queda de sus propiedades han debido ser rescatadas ante el segundo avance del fuego. Esta característica del incendio hace que los bomberos a más de apagar deban trabajar talando los árboles que han quedado en las zonas ya quemadas.
Las características de este fuego lo hacen prácticamente incontrolable. Unifica las tres modalidades: uno de los fuegos más devastadoras, el que se propaga de copa en copa se une al fuego de subsuelo, que es el que quema raíces y todo lo que ha caído al suelo y al conocido como fuego de suelo, o sea el que quema matorrales.
Para la gente no ha habido tiempo para nada. Salir con lo puesto porque el avance del incendio se produce con una rapidez que asombra y dificulta todo intento de contención. El trabajo del hombre es continuamente burlado por el viento y a esta hora los expertos dicen que sólo un cambio en las condiciones climáticas podrían ayudar a detener la quema.
No hubo tiempo ni siquiera para el ruego; no hubo tiempo para soltar los animales; no hubo tiempo para abrazar por última vez a la mascota, o para abrir una jaula o para coger un puñado de recuerdos.
Animales salvajes y domésticos forman parte de una topografía extraña de donde la vida ha escapado. Como escapó la vida de un matrimonio sevillano sorprendido por el fuego mientras se dirigían en su auto en busca de un lugar seguro.
La imprudencia de un solo hombre ha arrancado el llanto de cientos. Se nos encoge el corazón cuando vemos a los vecinos de las comarcas afectadas regresar a lo que fue su hogar. Los que encuentran sus casas intactas tratan de ayudar a los otros. El fuego, siempre imprevisible, quemó y liberó, avasalló unas viviendas y libró a otras que estaban a pocos metros.
Pero ni siquiera aquellos que han salvado sus casas respiran tranquilos en Berrocal, un pueblo onuvense que vivía de la producción del corcho.
Ya no. La gente dice no saber que hará en el futuro mientras observa los encinares y alcornocales que les servían de proveedores de materia prima quemados en su totalidad. Necesitarán más de un siglo para volver a estar en plena producción.
Un helicóptero destruido al sufrir un accidente cuando repostaba agua en un pantano, 500 bomberos que en 72 horas de contínua lucha, no han tenido tiempo de descansar. Mil cincuenta personas desalojadas de sus hogares, arrasadas reservas de gran valor ecológico. Pérdidas tan incalculables que la ayuda que las autoridades andaluzas han anunciado, no podrán ni medianamente paliar.
En la noche que comienza a cubrir España levantamos los ojos rogando porque mañana se haya apagado el que es el mayor incendio sufrido por Andalucía en la última década.
Almería, el sur del norte, 29 de julio 2004