Año II - Nº 79 - Uruguay, 21 de mayo del 2004
Sí, quiero
El hogar de una nueva familia
Educación Pública ¿Tolerancia y reflexión?
Nos contaron una historia de amor
Barbarie en la frontera
INFORME ESPECIAL: Buscando las causas en lugar de los efectos
ENTREVISTA: Gas Vehicular, tarifas, crisis social y financiera

Comenzó el invierno...

¿A dónde va tanta sangre derramada?
Sucedió en España
Y va otro... pero...
Rondan Martínez y "Artigas Compañero"
Un tiempo de hipócritas
Así somos
Hurgando en la web
La guerra del petróleo
Una introducción a la investigación de la Fé y la Religiosidad - Conclusiones
De Internet a Bruselas
Un policía rural del paraje Sarandí de los Amarales
Desde las cenizas...
Información Ciudadana
La Cocina Uruguaya
Rincón de Sentimientos
El Interior también existe
Olvidémonos de las Pálidas
Las Locuras de El Marinero
Correo de Lectores

 
Nos contaron una historia de amor
por Graciela Vera
Periodista independiente

Después de los devaneos amorosos del Príncipe Felipe que habían tenido en jaque a la sociedad española durante los últimos años, pocos eran los que en noviembre pasado esperaban un anuncio de noviazgo y muy cercana boda del heredero del trono.

A los 35 años de edad España ya estaba “reclamando” un sucesor y aunque Felipe aún no reina y seguramente pasará mucho tiempo antes de que lo haga, la línea sucesoria de una monarquía es algo que no debe interrumpirse.

El príncipe pues se enamoró y aquí comienza la historia muy parecida a la que están viviendo muchos Herederos europeos que a diferencia de las celosas defensas de la pureza de su ‘sangre azul’, optaron por el amor y eligieron a sus consortes de acuerdo a la elección de sus corazones.

Y Felipe eligió a una plebeya de clase media y para escándalo de los monárquicos a ultranza, una profesional divorciada, con padres divorciados y abuelos ídem; de gustos modernos y de carácter bien definido.

El Príncipe es consciente que de él se espera que de un heredero al trono. ¿Porqué entonces no hacer de esta obligación una cadena de amor?

La pareja se conoció en septiembre de 2002 en casa de amigos comunes y para desconsuelo de la prensa rosa que en España suele enterarse hasta de lo que los propios protagonistas no han llegado aún a conocer, logró mantener en secreto su romance.

Tan en secreto que el único encuentro de la pareja del que existen imágenes fue el 24 de octubre de 2003 en la entrega de los ‘premios Príncipe de Asturias’ en Oviedo. Evento al que Letizia Ortiz acudió en su calidad de periodista.

Y famosas se han hecho sin lugar a dudas estas fotos que ilustran, ilustraron y seguramente ilustrarán miles de páginas.  Ellos eran novios pero el mundo aún lo ignoraba y bien que supieron disimularlo.

Desde el anuncio del compromiso se le dio a Letizia un status especial, abandonó su trabajo y pasó a vivir en La Zarzuela. Fue fotografiada durante algunas visitas que hizo a sus abuelos y en la boda de una prima, las otras salidas las realizó siempre en compañía de su prometido.

El 6 de noviembre en el Palacio de El Pardo tuvo lugar la ‘petición de mano’. Una petición llena de anécdotas debido a la roptura que reiteradamente se hizo del protocolo cuando con total espontaneidad la novia interrumpió y apostilló varias veces al Príncipe de Asturias.

No omitimos que esta forma de actuar tuvo sus críticas pero lo cierto es que gustó al pueblo; que quienes somos menos proclives a un protocolo cerrado y vemos a la monarquía sin separaciones estrictas y endiosamientos, nos sentimos un poco identificados con Letizia y orgullosos de contar con una futura reina de origen plebeyo.

Una petición de mano tiene también una protocolar tradición que establece el intercambio de regalos – para ella un anillo de oro blanco y brillantes, para él un par de gemelos de oro blanco y zafiros-; la comparecencia ante la prensa (350 periodistas cuyos artículos y cámaras los llevaron a los hogares no sólo de España sino que atravesaron fronteras), no dudaron en hacer blanco de sus preguntas a su aún entonces, compañera de trabajo. Los novios se presentaron primero solos, luego con los Reyes y por último con sus familias.

Los obsequios de intercambio más privado fueron también comentados en la ocasión. La novia recibió de parte del príncipe una joya familiar: collar de perlas y zafiros y ella obsequió a éste un libro, buscado especialmente para la ocasión: ‘El doncel de Don Enrique el doliente’ escrito por Mariano José de Larra

Desde entonces la prensa se ha hecho eco en muchas ocasiones de las salidas de los novios. Algunas esperadas, acertadas, otras no tanto pero lo cierto es que poco a poco en todos los españoles ha ido creciendo una tácita aceptación a la elección del heredero el Trono.

El próximo sábado, 22 de mayo tendrá lugar la boda. La cobertura que se anuncia supera todo lo calculado y no dejamos de pensar que la profesión de Letizia, el título de periodismo que no perderá al de recibir entre otros muchos el de Princesa de Asturias, ha movido un contingente sin precedentes de corresponsales, medios y agencias.

Madrid ha cambiado en los días previos al enlace del Príncipe y la periodista. No sólo por las medidas de seguridad que son muchas y no están de más. Se había pensado en decorar el recorrido que haría los príncipes con tiestos de flores pero la orden que se dio proveniente de la Seguridad Nacional fue: ningún recipiente donde se pueda ocultar una bomba y entonces se dijo: fuera a los tiestos.

Se ocultaron obras detrás de fachadas pintadas. Se iluminaron los edificios emblemáticos y monumentos, se lavó la cara de la ciudad y se distribuirán a nivel de empresas particulares miles de abanicos –uno de los símbolos de la España tradicional- pintados de rojo y amarillo para que, utilizados por la gente o abiertos en señal de saludo, formen una gran bandera nacional que salude a los novios.

Todo está pronto para el acontecimiento menos el tiempo. Los pronósticos metereológicos previenen que puede haber chubascos y lloviznas en la mañana del sábado.

Mientras todos miran hacia el cielo en la última semana se suceden los ensayos… los sobrinos, hijos de las Infantas que acompañarán a Letizia en su ingreso al templo han actuado muy señoriales aunque al final del ensayo hicieron las travesuras comunes de todos los niños.

La reina Sofía se ha encargado de supervisar personalmente los detalles para que la ceremonia religiosa resulte perfecta y conociendo sus dotes de anfitriona nadie duda que así sea.

Almería, mayo 20 de 2004