Mil cosas han sucedido durante toda una vida de trabajo. Sucesos jocosos, de irresponsabilidadtonterías, en fin, aconteceres que palpitan sentimientos y actitudes.
En una anécdota nos toca ser héroe, y en la historia siguiente somos infractores, representamos la inocencia y al instante conformamos el personaje que ha transgredido disposiciones superiores.
El anecdotario debe ser así, no con ánimo de sobresalir, sino con ánimo de ser sincero. Las cosas sucedieron y así las contamos. Aquí van mis historias, muy sencillamente narradas, en las que me tocó intervenir en todo el espectro de actitudes.
Los personajes que en ellas intervienen son reales, a veces son nombrados pero muchas veces he preferido dejarlas en el anonimato o con nombres supuestos, totalmente seguro de que al leerlas, cada uno de ellos verá y comprobará la sinceridad de mis narraciones. |
LA SEÑA UNIVERSAL
Estábamos con Pedro en el viejo Aeropuerto Internacional de Carrasco.-
Me tocó en suerte trabajar varias veces con él, cosa que siempre me resultó grata, porque a su lado el trabajo nunca era extenuante. Pedro, era como yo, del Interior, él un canarito de Cardona y yo un canarito de Rocha. Hacía poco que trabajaba en el Departamento de Tesorería del Banco, y se hacía querer, pues tenía muy buena onda, y como he dicho en otras narraciones, poseedor de un excelente sentido del humor..-
Esa tarde la tarea venía complicada sobretodo con la salida y llegada de aviones que aglomeraban mucho público frente a las cajas.-
El pasajero se acercó al Banco, efectuó su operación de cambio y le habló a mi compañero Pedro:-
-Thank you very much... ¿Can you tell me where is the bathroom, please?
Pedro me miró... no sabía nada de inglés...
Le dije&- "te pregunta si puedes decirle dónde está el baño"...
Se dirigió al inglés y con su mano derecha abierta le indicó..."para allá"... y luego llevando su índice a la nariz pareció decirle "siga por allá que el olor lo lleva solo".-
El hombre captó el universal idioma de las señas, pues largando una sonora carcajada mostró su mano derecha cerrada con el pulgar hacia arriba.-
Lo había entendido correctamente...
Eran las cosas de Pedro, esas salidas espontáneas, que provocaban siempre la hilaridad de quienes teníamos oportunidad de charlar y compartir el trabajo con él.