Año II - Nº 88 - Uruguay, 23 de julio del 2004
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- El último Guazupucú o ciervo de los pantanos
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- No sé si me fuí, o me echaron
- Recuperamos la mística... pero nos faltó algo más

- La Constitución Nacional ¿Bases para la convivencia política o tacho de basura para las buenas intenciones?

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No sé si me fui, o me echaron...

Escribe: Walter Amaro
Sydney/Australia

La vieja y recordada máxima de "No sé si me fui o me echaron" es una humorada que más de un oriental yirando hoy día por el mundo se debe andar preguntando. Claro que en más de una ocasión ocultamos nuestros sentimientos y al mejor estilo de aquellos recordados payadores, ajustamos el verso de nuestra respuesta de acuerdo al nivel del idiota que nos hace preguntas tan ridículas como por que emigramos.
Para divertirse, muchos contestan que fue para aprender un segundo idioma. Claro que no se nos ocurriría decirle al fulano o fulana de turno que a pesar de llevar un montón de años en Australia, apenas chapuceamos el inglés. Otros estilan decir que salieron a hacer turismo y que por esas cosas de la vida echaron raíces en este suelo, aunque siempre le apostrofamos que no hay nada como "my country". Unos pocos se llaman refugiados, aunque no puntualizan que la razón es económica. Y varios lo dicen con tristeza, por que arrastran, orgullosamente, el penoso privilegio de ser sobrevivientes de la dictadura. Pero en síntesis, los unos o los otros, dejamos atrás lo que más queremos: país, costumbres, tradiciones y familia.

Me imagino que si se abriera un club de traumatizados por la emigración sería un buen negocio. Se darían cita en él, quienes juraron a los viejos volver en dos o tres años a lo sumo; los que estimaron que en unos meses hablarían la lengua de Shakespeare mejor que Hamlet; los que pensaron amasar una fortuna sin que la sociedad los amasara a ellos; los piolas de siempre, que siguen a la uruguaya sin tomar conciencia del cambio, y los que encandilados por cuentas y espejitos de colores, y la barriguita llena, se han aburguesado de tal manera que se olvidaron del por qué, ahora están lejos del entorno que los vio nacer y las necesidades que pasan la mayoría de los uruguayos.

Hay para todos los gustos ¿vio? Sólo que muchos han tomado el té de avivate y no olvidan fácilmente las cosas que han pasado en los últimos 30 o 40 años, más allá de las aberraciones de bota y visera. Si usted pregunta por estos pagos, todavía le recordarán la infidencia de Batlle, los horrores administrativos de Sanguinetti o Lacalle, y la sarta de mentiras que año tras año, la troupe de politiqueros vitalicios nos han hecho digerir debido a nuestra inocencia o credulidad. ¿O acaso pensará usted que aquellos que se juramentaron en volver no lo hacen por las espléndidas condiciones que reinan en el país; los estupendos servicios asistenciales que ofrece el Uruguay de hoy; la confianza testimonial del sistema bancario exento de corralitos, o tal vez la brillante panorámica de la oportunidad laboral, y el bajo índice de criminalidad?

Recuerdo que un ex presidente soltó por ahí, hace pocas semanas, la fabulosa idea de repatriar a los emigrados. Me imagino que habrá intentado obtener los favores del electorado radicado fuera del país y sus familiares, o contarse uno de esos chistes tan bestiales que darían como para ingresar al libro de los records, aunque según dijo, el plan o proyecto recién lo estaba "masticando". Suerte que no calificó en las "eliminatorias para Uruguay 2004" y no deberá hacerse el bocho buscando la fórmula. Al decir de una canción de Zitarrosa: "ando muy mal comido y si tomo un vino me da por pelear". Si no pudo arreglar la situación doméstica en su mandato... ¿qué porvenir puede ofertar este gran cuentista? Por estos pagos hay una palabra para adjetivar este tipo de fanfarroneadas disparatadas o charlatanerías como al que emite tales juicios: "bullshit" (mierda de toro).

Pero bueno, el tema de fondo no era ese, aunque la cabra siempre tira al monte. Tal vez debiera haber encabezado la nota con "in my country" puesto que la relación era simple y llanamente esa: hacerles saber que, a pesar de todo, en las más encendidas comparaciones, la tierra de Juana de Ibarbourou, emerge como favorita en la balanza de los pros y los contras. Claro que sabemos que no es cierto. Pero el defenderlo, y pensar que así es, nos hace sentir sumamente felices.
No falta en las conversaciones temas intrascendentes o el clásico de los doctores. Por tal motivo, siempre recurrimos a la vieja estrategia de señalar que los doctores "en my country" son mejores e infalibles, como si en Uruguay no existiera la negligencia y nos olvidáramos que pocos habitantes pueden acceder a los servicios privados de salud o la medicina cualitativa.

También solemos inclinar la balanza para "my country" cuando hablamos del tema de educación, sin mencionar los niños pordioseros que mendigan por pleno centro o, en su defecto, la prostitución infantil, como para recordarnos la falta de respuesta de cada uno de los gobiernos que se han sucedido en el trono de los promete mucho y no hacen nada. Y ya que nos agrandamos, pataleamos cuando los servicios de trenes se atrasan en cuatro minutos, cuando la concesión de los medicamentos sube 20 centavos y los usuarios pagan AU$3.40 un remedio que cuesta casi AU$100, también armamos flor de escándalo cuando el índice de desempleo trepa hasta el 5,6% el interés llega a un 7% y la inflación es más alta de un 3% en el año. No importa...obcecadamente seguimos apostrofando que "in my country" las cosas son mejores.

De yapa, seguimos pensando que la celeste y la garra charrúa son invencibles aunque pasaron casi al descuido más de 54 desde que salimos campeones del mundo. Pero le arrostramos en la trompa, casi pontificando, que si quieren aprender jugar al fútbol, simplemente le den un vistazo a "my country".
Esta lista llega ser jocosa por momentos. Mire usted que tratamos de hacerle entender al australiano de que su sistema de gobierno monárquico es deficiente, y que debieran adoptar el republicano, como para vivir en un país libre de corrupción, burocracia y manejos políticos como "my country", donde la democracia y sus instituciones estarán siempre salvaguardadas de cualquier intento de violación.

Si bien Uruguay quedó ubicado en el lugar 46, en el Índice de Desarrollo Humano, según el Programa que las Naciones Unidas para el Desarrollo, en él se señala que este Índice no sólo trata del Producto Bruto Interno de cada país, sino que considera además tres dimensiones básicas del desarrollo humano: la esperanza de vida al nacer; la tasa de alfabetización de adultos junto a la tasa bruta combinada de matriculación en educación primaria, secundaria y terciaria; y el PBI per cápita. Estas dimensiones son indicativas de una vida larga y saludable, de un alto nivel de educación, y de un nivel de vida digno. ¿Se dan esas condiciones en el Uruguay de hoy? Seguramente no.
A pesar de lo que dicen las estadísticas llenas de porcentajes que no entendemos y que siempre nos aseguran de que estamos bien, la panorámica fuera de fronteras no se ve de esa forma. a no ser que... bueno, uno tenga una óptica sumamente positiva del país, o sea fanático declarado de alguno de los partidos tradicionales o no le importe un rábano la coneja que se corre.
Pero de una cosa esté usted seguro: a pesar de todo, seguiremos siendo los testaduros declarados y fieles del cariño que sentimos por ese pequeño pedazo de tierra llamado Uruguay, y cada tres o cuatro oraciones que salgan de nuestros labios, obstinadamente seguiremos promulgando que no hay nada en el mundo como tan lindo y tan bueno como "my country".
Nos encontramos en siete días. Hasta entonces.