Inmascarable realidad
por Mario Peña
La realidad nos golpea, nos advierte y nos ilustra. Vivimos y convivimos con la realidad diaria, de levantarnos para ir a trabajar, los que tenemos “eso” que nos han querido hacer creer que es una dicha y realmente es un derecho como lo es el trabajo, saludar al vecino, realizar las dirigencias pertinentes, etc.
En estos momentos de campañas políticas, la realidad no hace más que advertirnos y experimentarnos y, en algunos casos, abrir el paraguas previendo el temporal. Lo cierto es que de todos los ámbitos, políticos, periodísticos o de comunicación, tienen una constante “ola” de preocupación por los movimientos del Presidente del Encuentro Progresista – Nueva Mayoría, Tabaré Vázquez.
Muchos opinan que el candidato de la izquierda uruguaya, se está tomando atribuciones que no le corresponden a un candidato y sí a un mandatario, que se comporta como si ya fuera el presidente de todos los uruguayos, que no corresponde que visite la región, o Europa, o los Estados Unidos. Que está mal que de discursos a los extranjeros, que no le corresponde que hablar de inversión, que está mal que nombre a Astori como ministro de economía, que no se ve con buenos ojos que haya ido acompañado por un equipo de asesores, aunque igualmente sería mal visto si hubiera ido solo. Que genera desconfianza con sus decisiones y lo comparan con el actor uruguayo Eduardo D’angelo en su inolvidable personaje del “usted no desconfiaría”, y todo lo que podría llegar a ocurrir en el caso que accediera al poder.
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Vivimos rodeados en una nebulosa, de una cortina de humo y un bombardeo de información o desinformación de lo que Vázquez hace, deshace, dice y pronuncia, siendo los propios medios y los rivales electorales de la izquierda los que realmente le dan la importancia de mandatario del Uruguay, cargo que, para males de muchos y desgracia de todos sigue ocupando el Dr. Jorge Batlle Ibáñez. Y es así que se trata de argumentar, en desmedro del cambio de verdad que todos nos merecemos, lo maligno, injusto, vetusto, insurrecto e inconveniente de un gobierno de izquierda. Por momentos puede ser tan vergonzoso acusarse militante de los partidos tradicionales, o como dijo Pedro Hernández en el número anterior, el partido único del 3 y 2; que enmascaran sus opiniones como personas “híbridas” políticamente, o sea, “le doy palo a la izquierda, a Tabaré, a Mujica, a Astori, pero no soy de derecha, ni ahí...” Cuando quieren hacer referencia a los males que vive el Uruguay culpan al entorno regional, mundial, “a que la economía esta mal en todos lados”, “a todos los países les va mal”, o sino, “pobres hay en todas partes del mundo”, en esa gimnasia de inculcar el conformismo y tirar por bajo las pretensiones de progreso de la gente; y podemos seguir con más. ¿Cuál es la solución?¿Seguir como estamos? ¿Seguir con un partido en el gobierno, donde el presidente no participa de un acto cívico como la elecciones internas, según él para no manifestarse políticamente como presidente de todos lo uruguayos y realiza una cadena de radio y televisión para desmentir dichos de un candidato que aspira a la presidencia?¿Éstas no son contradicciones?
No podemos cargar a la izquierda uruguaya de “culpas” por cosas que no le han permitido tener la mas mínima participación; una izquierda que siempre ha estado pendiente y presentando propuestas en todos los ámbitos de gobierno ante la sordera irracional y crónica de los gobernantes. Algunas personas podrán sucumbir ante las “grageas de optimismo” que pueda presentar un gobierno desesperado, al ver escapársele el poder de las manos como la arena en un puño cerrado, en una cadena de radio y televisión. Pero no se puede enmascarar la realidad, nuevamente aumento de tarifas públicas por encima de los 5 puntos porcentuales, aduciendo el incremento de los salarios de los funcionarios públicos, que apenas supera los 4 puntos porcentuales, como también decía D’angelo “... o si, si pero como no ra ra si sera por eeeeeesooo!!!”. Y siguen las cortinas de humo, y siguen queriendo enmascarar la realidad. Como dijo Bogorja en números anteriores, al presidente, su equipo de gobierno y asesores les tomo 52 meses de gobierno darse cuenta y descubrir que el salario mínimo nacional estaba sumergido. Con éste descubrimiento, Batlle y cía., empañarían a Cristóbal Colón, Magallanes y otros “descubridores”.
Se que muchos no están de acuerdo conmigo, se que muchos piensas que escribo un “discurso de barricada”, lo que yo sí se es que estoy en Uruguay y tan solo escribo lo que aquí ocurre. Para los compatriotas que no están en el país les debe resultar difícil estar al tanto de todas las situaciones, de lo que sucede en las policlínicas del Cerro y de Flor de Maroñas, de la real situación de Nueva Palmira como se muestran en las fotos(no la que figuro en la “cadena”), de la desnutrición de niños en Artigas. Esto es la realidad del Uruguay y no una fiesta de mascaritas....
Yo pregunto ¿Hasta cuando?