Año II - Nº 86 - Uruguay, 09 de julio del 2004
  1 Campaa Mundial Seguridad en la Red
 
- Parece mentira
- Yo me peleo, tú te peleas, todos nos peleamos...
- Aguas Dulces (I)
- La nueva oportunidad
- Hay que eliminar las causas de la violencia
- La mentira, el miedo y el continuismo
- Ecos Políticos, Camino a la Elección Presidencial
- Viendo llover en Managua

- Solanum sisymbrifolium: la defensa indefendible

- Así Somos
- Anécdotas Bancarias: La protesta filial
- REGLAMENTO: Para viajar a Nicaragua
- Chairando Ideas
- Hurgando en la web
- Costalaro "Zapatero Profesional"
- Tolerancia ¿raciocinio o estupidéz?
- El fracaso de América Latina
- El ALCA comporta un programa de recolonización
- El Primer Festival Internacional de Cine de Punta del Este
- Bitácora Política
- Información Ciudadana
- La Cocina Uruguaya
- Rincón de Sentimientos
- El Interior también existe
- Olvidémonos de las Pálidas
- Las Locuras de El Marinero
- Correo de Lectores

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Una nueva oportunidad

Escribe: Walter Amaro
Sydney/Australia

Aunque suene a desvarío, recuerdo que apenas pisar suelo australiano, un amigo por el cual siento gran estima y respeto me dijo: “mirá loco, una de las tantas virtudes de este país, es que siempre, y no importa el cómo ni cuando, el sistema te ofrece una nueva oportunidad”.
En aquel momento no llegué a entender muy bien cual fue la metáfora de todo aquello. Claro, venía de un país que de esas cosas no entiende mucho, y menos las practica. Además, nuestra educación se basó siempre, o casi siempre, en luchar contra la adversidad y la desventaja. De ahí a entender eso de las oportunidades, sonaba tal vez un poco descabellado; por lo menos para este charrúa recién exportado.

Quizás por eso, siempre hemos tenido la ñata pegada contra el vidrio, mirando con sumo cuidado que pasa del otro lado de este gran charco que nos separa y metiendo fintas y amagues en cada movimiento del país, como aquel que asiste al boxeo y trata de esquivar las piñas desde la butaca. De todas maneras, aunque desarrollemos nuestro mejor estilo y podamos evitar cada estoque, las heridas y dolores nos atacan en primera persona. Cada niño que mendiga o se prostituye por falta de un entorno social que le proteja es, quiérase o no, una bofetada en el rostro. Cada anciano o desvalído que sufre necesidades, o aquel que simplemente no puede acceder a los más elementales servicios de salud, también están pagando nuestras culpas. Y esto más allá de abochornarnos, nos avergüenza.

De todas formas, y creo que usted compartirá el criterio, siempre hemos pensado de que algún día el Uruguay iba a cambiar para bien. Por eso, cada nueva convocatoria a elecciones, trae consigo una nueva ilusión, una nueva esperanza, y una nueva interrogante: ¿Cambiará de una vez por todas el país y tendremos la oportunidad de codearnos con un país como el que siempre soñamos? Esa retórica payada fue una constante de los partidos políticos que se alternaron en el poder; incluso lo fue para los uniformados que caminaron por encima de nuestra histórica democracia. Pero el resultado ha sido el mismo o peor. ¿Tendrá nuestro país el derecho a una nueva oportunidad, tendremos los uruguayos que partimos hace más de treinta años y los que viven apegados a la esperanza en el continente, la ventura de ser protagonístas de un acto de esta índole?
Me imagino que usted se preguntará lo mismo y no hallará más que interrogantes. Pero de todas formas, y como soy bastante cabeza dura y he vivido más de cincuenta pirulos a la espera que esto ocurra, de repente me agarró pánico, y se me dio por pensar que va a ocurrir luego de las próximas elecciones si las expectativas no se cumplen una vez más.

Ese mismo amigo del que les conté al principio, se aferra a las encuestas que adelantan el posible triunfo del Frente Amplio - Encuentro Progresista, como una alternativa salvadora. Yo no soy tan optimista. No vimos un panorama muy alentador en nuestra última visita al Montevideo gobernado por los
frenteamplistas, y no se me ocurre pensar cuales serán las medidas salvadoras en caso de que accedan al poder. Pero total, perdido por perdido, estos candidatos se perfilan como una posibilidad -según su punto de vista- y hay que respetar el derecho a soñar, porque eso es lo que siempre hemos practicado casi como una religión por años y años: soñar.
Si el momento no fuera tan trágico para los uruguayos, nos limitaríamos a levantar los hombros otra vez y sentarnos a rumiar las posibilidades de llegar a fin de mes con las chirolas que logramos reunir, y que la campeona de la economía que tenemos en casa se esfuerza en multiplicar para parar la olla. Pero el horno no está para bollos...
¿Será Tabaré Vázquez el mesías que espera el Uruguay; o lo será a cambio Guillermo Stirling o Jorge Larrañaga? ¿Usted se animaría a apostar por alguno con la certeza de que romperán con los viejos esquemas del politiquismo y el acomodo? ¿Tendrán ellos la sensibilidad de anteponer los intereses del pueblo a los de las multinacionales y los mandatos de los dueños del dinero que lo privatizan todo?
Parafraseando un pensamiento de Ruben Fernández en un artículo en "El Español en Australia" (periódico de habla hispana) donde dice: “...Será no más que, como en el amor, los seres humanos somos ángeles de una ala sola y necesitamos abrazarnos a otro para poder volar”. Ojalá que esta sentencia se aplique al nuevo gobierno que sea democráticamente elegido en las próximas elecciones y que, junto a cada uno de los orientales, podamos de una vez por todas abrazar una misma causa y remontar el vuelo. Un vuelo que nos lleve al convencimiento y la rutina de que las oportunidades no sólo se dan por estos pagos, sino tambien en el Uruguay.
Nos encontramos en siete días si así usted lo dispone. Hasta entonces.