Año II - Nº 86 - Uruguay, 09 de julio del 2004
  1 Campaa Mundial Seguridad en la Red
 
- Parece mentira
- Yo me peleo, tú te peleas, todos nos peleamos...
- Aguas Dulces (I)
- La nueva oportunidad
- Hay que eliminar las causas de la violencia
- La mentira, el miedo y el continuismo
- Ecos Políticos, Camino a la Elección Presidencial
- Viendo llover en Managua

- Solanum sisymbrifolium: la defensa indefendible

- Así Somos
- Anécdotas Bancarias: La protesta filial
- REGLAMENTO: Para viajar a Nicaragua
- Chairando Ideas
- Hurgando en la web
- Costalaro "Zapatero Profesional"
- Tolerancia ¿raciocinio o estupidéz?
- El fracaso de América Latina
- El ALCA comporta un programa de recolonización
- El Primer Festival Internacional de Cine de Punta del Este
- Bitácora Política
- Información Ciudadana
- La Cocina Uruguaya
- Rincón de Sentimientos
- El Interior también existe
- Olvidémonos de las Pálidas
- Las Locuras de El Marinero
- Correo de Lectores

1 Campaa Mundial Seguridad en la Red

 
Mil cosas han sucedido durante toda una vida de trabajo. Sucesos jocosos, de irresponsabilidadtonterías, en fin, aconteceres que palpitan sentimientos y actitudes.
En una anécdota nos toca ser héroe, y en la historia siguiente somos infractores, representamos la inocencia y al instante conformamos el personaje que ha transgredido disposiciones superiores.
El anecdotario debe ser así, no con ánimo de sobresalir, sino con ánimo de ser sincero. Las cosas sucedieron y así las contamos. Aquí van mis historias, muy sencillamente narradas, en las que me tocó intervenir en todo el espectro de actitudes.
Los personajes que en ellas intervienen son reales, a veces son nombrados pero muchas veces he preferido dejarlas en el anonimato o con nombres supuestos, totalmente seguro de que al leerlas, cada uno de ellos verá y comprobará la sinceridad de mis narraciones.

LA PROTESTA FILIAL

Me llamaban Cajero Valvulina porque yo siempre estaba en la Caja de Cambios. Aquella tarde, el hall de la Casa Central como siempre, estaba colmado de público principalmente frente a mi Caja. Creo que nunca vi menos de 50 personas esperando para concretar su operación. Era una Caja muy complicada y que yo siempre aceptaba de muy buen grado, porque cada jornada de trabajo me resultaba un desafío. Me daba de lleno a mi tarea con muy buena onda, y liquidar la Caja sin errores era una de mis mayores satisfacciones diarias.
Por supuesto también me sentía frustrado cuando las cuentas no daban Lo cierto es que de la mejor forma que podía, yo trataba de "capear cada día el temporal".
En el box había dinero en billetes de todos los tipos y colores de distintos países y valores colmando los palomares que había a tales efectos.
No habían habido sorpresas hasta ese momento de la tarde, en el que, en el fragor de la lucha, alcancé a ver a mi señora y mi hija Claudia entre el público, Mi hija tenía entonces unos cuatro o cinco años. No recuerdo qué hacían allí pero lo más probable es que fueran a visitarme, en horas de trabajo, para pedir... asistencia económica. Es un tema común que no puede llamar la atención, máxime teniendo en cuenta que todo era difícil, y llegar a fin de mes era un verdadero dilema.
Por encima del murmullo general, sentí la voz de Claudia, que siempre sabía hacerse sentir y tal vez asombrada de verme rodeado de tanto dinero indudablemente presumiendo que era mío, me gritó:-
¡¡ PAPÁÁÁÁ !!, AHORA NO ME PODÉS DECIR QUE NO ME LLEVÁS AL PARQUE RODÓ PORQUE NO TENÉS PLATA… AHORA SÉ QUE TIENES MUCHA…!!"
Sentí cómo me ruborizaba ante la carcajada general... La gente reía y aplaudía la infantil ocurrencia que me llenaba de vergüenza. Lógicamente, era consciente de que yo era el culpable de la situación planteada. porque el fin de semana anterior ella lo había pedido, y yo le había negado el tan deseado paseo, por esa tan sencilla pero...en verdad, tan valedera razón.
Por cierto, era una muy inesperada protesta que, aún hoy, transcurridos los años, comentamos y disfrutamos con mi hija.