¿Disputas por Saravia?
por Javier García
SE INFORMA QUE LOS TUPAMAROS QUIEREN INTRODUCIRSE EN LOS HOMENAJES QUE EL PARTIDO NACIONAL ESTÁ ORGANIZANDO EN MEMORIA DE APARICIO SARAVIA.
Se informa que el Movimiento de Participación Popular quiere introducirse en los homenajes que el Partido Nacional está organizando en memoria de Aparicio Saravia.
Con la inocultable intención de servirse electoralmente de un patrimonio que no sienten, el senador Eleuterio Fernández afirmó en el semanario "Crónicas Económicas": "Nosotros no somos quienes para pedirle a los blancos de este país que vayan o no vayan a donde quieran ir. Además a Saravia yo también le voy a hacer un homenaje y nadie me va a prohibir absolutamente nada". Agregó: "no sabía que los blancos habían privatizado a Aparicio Saravia".
A nadie se le escapa que desde hace ya mucho tiempo el Partido Nacional viene organizando los homenajes al caudillo. Desde hace un año, aquí y en el interior del país dirigentes políticos, organizaciones sociales y académicas desarrollan una intensa actividad que culminará al recordarse el 1o. de setiembre la batalla de Masoller, en un imponente acto del que participarán también autoridades del Brasil en reverencia al "General de dos patrias". Días después, el 10, en jornada que la propia ley, a instancia nacionalista, fija por única vez feriado no laborable, se conmemorará el centenario de su muerte.
El tiempo transcurrido, un siglo, justificaría el homenaje por sí mismo. Pero a decir verdad ello sólo no alcanza. Cien años se cumplen, a pesar de nuestra juventud como Nación, varias veces de muchas cosas, y algunas mejor ni recordar.
Quién más ha estudiado a Saravia, el Prof. Enrique Mena Segarra, recordaba el pasado jueves, en un evento organizado por la lista 2004, que Aparicio fue el fundador de la democracia uruguaya. No es poca cosa tal afirmación y sobre todo no lo es porque es verdad.
En tiempos de dictadura un puñado de militantes nos juntábamos, algunos éramos muy jóvenes, y mientras mirábamos, rodeándolo, el monumento al General, las "chanchitas" policiales nos miraban a nosotros. Casi en sordina, cada 10 de setiembre, se transformaba en un grito por la libertad.
Nosotros, los blancos, somos eso. A ninguno se nos ocurriría, jamás, reclamar derecho de exclusividad sobre la memoria de nadie. No hay derecho, pero además sería tonto. Ni reclamamos sobre lo que no corresponde ni empezamos a abrazar lo que nunca abrazamos en claro ejercicio de travestismo ideológico.
Algunos dirigentes, este senador es uno, han descubierto a Saravia en año electoral. Sigue a su correligionario Mujica que juguetea con ponchos blancos que pretenden ocultar el desdén y menosprecio con que en otros tiempos calificaban la revolución saravista. Decían de ella ser conservadora y defensora de los intereses latifundistas. Decían que fue opositora a un gobierno progresista. El "vecino alzado" era, para estos inteligentes, un gaucho bruto. Antes, a Saravia lo recordábamos sólo los blancos, ahora descubrieron que es de todos.
El senador provoca, ironiza, amenaza. En definitiva es lo que sabe hacer mejor. Ha descubierto a Saravia recién, pero aún no entendió su lucha. No puede hacerlo porque se formó justamente en los valores contrarios. Piensa que podría sacar algún pequeño rédito electoral usando la imagen del caudillo. Han ocultado cuidadosamente las que realmente adoran, de las cuales solo pocas hablaron castellano, y ninguna fue oriental.
No pedimos ser los únicos en recordar al Aguila del Cordobés, ni queremos serlo. No deseamos que nadie se prive de su homenaje pero no molesten a una colectividad que le rendirá el suyo con sinceridad.
No necesitamos competir por su memoria sino que la honramos; y lo hacemos con la honestidad que otros deberían tener para no ocultar un pasado de desprecio a la libertad por la cual Saravia murió.