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por Graciela Vera
Periodista independiente
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Cuando leemos la prensa española referirse a la inmigración generalmente vemos que lo hace con apertura de criterios no exentos de cierta preocupación, pero en todos los aspectos casi siempre prima el respeto y la tolerancia.
Por eso nos extrañó la editorial del día 24 de este mes de ‘La Nueva España’ de Asturias.
Con el título: ‘Seremos minoría’ asistimos asombrados a una prensa que trasmite temores y subliminalmente influye en la actitud y las acciones de la gente.
No es malo que la prensa ocupe un papel generador de opiniones, pero es preocupante que trasmita un nacionalismo cuya cuna está en vías de desaparecer.
Cuando leemos opiniones como ésta, a la que respetamos pero que no compartimos, no podemos dejar de pensar en los orígenes de los brotes de xenofobia que cada poco aparecen en España.
¿Puede resultar extraño que un muchacho se vista de negro, se rape la cabeza y con la consigna de ‘salvar la raza’ golpee y hasta llegue a matar a los que él considera diferentes por circunstancias tan fortuitas como el color de la piel o el sitio donde le tocó nacer?
Esto es lo que dice la editorial del periódico asturiano:
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EDITORIAL PRENSA ASTURIANA
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Director: Isidoro Nicieza
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Dentro de pocos años serán más de 50 millones las personas que vivan en este país, que ignoro si se seguirá llamando España. No será un país de viejos, porque los inmigrantes traerán juventud, aunque si siguen llegando en patera tal vez vengan un tanto deteriorados.
Lo del mestizaje es un hecho, porque ningún gobernante de los que hemos padecido ha sabido evitarlo. La ley de Extranjería ha sido un desastre. Se edificarán mezquitas, pagodas y capillas de toda confesión. Imanes, chamanes y telepredicadores competirán con los curas.
Mis bisnietos irán al notario y será una subsahariana con anilla en la nariz, que estudió Derecho y ganó oposiciones a registros y notarías, quien les recibirá. Los chinos de Lavapiés ya celebran, en Madrid, el Año Nuevo según su calendario y sacan a la calle sus farolillos de papel y sus dragones de mentirijillas.
En Gijón, sé que se cantan misas rocieras como si fuera Almonte y se conjura en gallego las «queimadas» el día de Santiago como si se estuviera en Mondoñedo.
Una colonia sudamericana de Madrid se reúne los domingos en un parque, celebran un mercadillo, comen arepas (tortos de maíz), beben una guarrería destilada del cactus y cantan y bailan sones que sólo conoce María Dolores Pradera. Disponen de un servicio de seguridad para los borrachos y otro de limpieza que deja el parque como una patena. El Ayuntamiento da su consentimiento.
La foraneidad se va a quedar con todo. Ya verán cómo un día ganará el concurso de escanciadores de Nava un batutsi (raza negra de largos brazos) llegado del África central. No celebrará su triunfo con gaita y tambor, sino con tam-tam.
A pesar de que hemos leído una y otra vez el escrito no alcanzamos a descifrar de si se trata de un mal día de un periodista demasiado ansioso o de una broma de discutible gusto.
Podrían decirnos que no se hace más que trasmitir una verdad y una inquietud, hasta si se quiere aceptables. Ningún país quiere perder su identidad y España, no hace falta que lo diga el editorialista porque nosotros lo hemos reiterado muchas veces, va en camino acelerado de hacerlo.
Los matrimonios mixtos, la baja natalidad de las madres españolas, la alta natalidad de las madres inmigrantes, la llegada masiva de extranjeros, todo ello apunta a una mestización, ya no de España, sino de Europa toda.
No dudamos que en pocas décadas la actual raza española habrá cambiado pero ¿existe una raza española?.
Vamos más lejos con la pregunta: ¿existe una identidad en España?; cuando las Comunidades reclaman la suya propia y las banderas propias se enarbolan en lugar de la nacional; cuando los dialectos y los idiomas internos comienzan a separar, quizás la mestización que tanto se teme sea la respuesta para la unidad de un país.
¿Se dará cuenta que España y Europa toda, necesitan tanto de la inmigración para sobrevivir como naciones vitales, como los inmigrantes necesitan de una tierra que los reciba respetándolos y aceptándolos.
Quizás sea bueno que en el centro de Madrid se reúna un grupo de americanos a cantar y comer siempre que respete el lugar; sea bueno que a más de un año nuevo cristiano también podamos disfrutar y hasta participar de los festejos del año nuevo chino, del judío y del musulmán y de todos los años nuevos que aparezcan en los calendarios; sea hasta necesario que un etiope o un susahariano ocupe un cargo de relevancia en el gobierno y que junto a la Cruz católica se levante la imagen de un Buda, de Mahoma o de un Dios trivial, para aprender la enseñanza de Jesucristo: ‘Amaos los unos a los otros’.
Recién entonces habremos descubierto la forma de convivir y dejará de ser necesario que algunos reneguemos de lo que otros dicen o hacen.
Almería, el sur del norte, agosto 25 2004