El Uruguay fantástico
por Germán Queirolo
Carnicería: Arcaísmo referido a un comercio establecido dedicado a la venta de grasa picada y chorizos de dudosa procedencia.
Los políticos de uno y otro bando, así como los miembros de las cámaras empresariales y otros felices caballeros cercanos a los círculos del poder, no cesan en su empeño de afirmar que la recuperación económica ha sido asombrosamente rápida, que el índice de crecimiento es el segundo en América Latina, que si estuviéramos mejor, estaríamos repetidos, y una extensa lista de etcéteras.
Pero yo miro mis bolsillos y me pregunto con desconcierto si tendré adentro una especie de gnomo maldito que se morfa los billetes.
Miro para afuera por la ventana y la gente vuelve de la feria con los carros más vacíos de lo que fue, como si en lugar de ir a comprar un par de kilos de papas, hubieran ido a venderlos. O a vender la portátil de la abuela o esa inútil panquequera que le regalaron para el octavo aniversario de casados, adquirida con puntos obtenidos en alguna promoción.
Entro a la carnicería y ni bien di un paso, me ponen una alfombra roja bajo los pies y me convidan con alfajores como si se tratara de una excursión a Bariloche.
¿Qué pasa con la recuperación económica que no se refleja en nuestros bolsillos?
¿Las estadísticas son el fruto de la imaginación de un demente? ¿Qué fuman esos tipos que les pega tan fuerte y tan pa arriba?
¿Dónde hay un mango? Se preguntaba el gran Dicepolín hace una punta de años, y los ecos de su cuestionamiento golpean contra las paredes de este siglo XXI con el que el más humilde de los poetas ni siquiera soñó.
Enciendo la tele y veo al mejor de los Alfies posibles, con una cara delirante de felicidad, contarme que bajan los impuestos porque sobra la guita. Lo que no enciendo tanto es la heladera, ya que casi no la uso. Menos mal que Alfie no me habla desde la heladera o me perdería sus inyecciones de optimismo y las elocuentes cifras que deberían convencerme de cada vez estamos mejor.
Me hace acordar a Galtieri, cuando salía en plena Guerra de las Malvinas, en un estado aproximadamente de ebriedad a gritar “¡Estamos ganando!”
El optimismo campea por los espíritus de nuestros dirigentes.
Las vacas se toman solas el barco para exportarse más rápido y nuevos mercados se abren como flores en primavera.
La pesadilla quedó atrás, se comentan entre wisky y wisky mientras yo miro los recibos de la UTE y me pregunto una y otra vez a qué santo encomendarme.
Por lo menos las velas cumplen una doble función, homenajear a media docena de santos y orixás a los que les debo favores y alumbrar un cacho las penumbras de mi casa.
Eso si, salvo a México que pone más requisitos que Carlos Gutierrez para darte un crédito, todo el mundo compra nuestras carnes, se pelean por ellas, gritan “¡Yo, yoooo!” .
Claro, yo la última vez que probé la carne, fue cuando me mordí la lengua, pero ¡Qué optimismo me transfieren esos tipos!
Los directivos de ANCAP celebran gozosos que no va a haber subas de los combustibles por el momento y han rebajado el precio del super gas, aquel combustible que se usaba antes ya que ahora hemos aprendido a hacer el arroz con leche a la parrilla con tal de no tener que desembolsar algo así como un sexto de mis ingresos en tan económico combustible.
Y le sacaron el COFIS a la energía eléctrica. ¡Que bueno!.
Que bueno para los pocos que quedan pagando y para aquellos que aún no se han hecho una exoneración a su medida, colgándose de los cables sin pasar por el medidor.
Si cobraran impuestos a la colgada, pagaríamos la deuda externa de una.
Parece que cada buena nueva tuviera su contrapartida adversa.
Y si no me cree fíjese en el caso de la rebaja del supergas.
¿Cuántas garrafas por mes compra usted? ¿Dos? ¿Tres?
Bien, o sea que se ahorr,a entr40 y 60 pesos por mes. Pero, aún en el caso de que no tenga auto ¿en cuánto se cree que repercute el último aumento del gasoil en su presupuesto? Sos boleta botija. Te rebajaron 20 y te vacunaron en 200 entre sonrisa y sonrisa.
Después el presidente dice que los colorados no tienen candidato… Error, nos tienen a todos de candididatos. Y nos ganamos el Gilastro de Oro nominados a todos los premios, mientras en la ceremonia de entrega, una pantalla gigante nos muestra lo maravillosamente bien que marcha ese Uruguay Inexistente que pasa expreso sin parar en la parada de los que viven de un salario.
Alfil sonríe en las conferencias de prensa más contento que Abdala escuchando un cuento sentado en la falda de Sanguinetti, y esa intenta contagiarnos una dosis de saludable optimismo. Lástima que fracase estrepitosamente todo optimismo, ante el más mínimo choque contra el muro de la realidad.
Cuanto más miro a mi alrededor, más me convenzo que ellos viven en un país distinto y maravilloso. Salgo al jardín y juno por todos los árboles que aún no fueron a parar a la estufa, buscando la puerta mágica que me lleve al paraíso donde Alfie corre por un camino amarillo con una pollerita al estilo Shirley Temple meciendo en su brazo derecho, una canastita llena de pulpa de primera, Jorge grita “¡Qué le corten la cabeza!” y Danilo felicita feliz al FMI a la vez que le promete toda clase de lúbricos placeres para un futuro inmejorable. Todo es irrealidad en este Uruguay donde los hechos están disociados de los estómagos.
¡Por Dio! Quiero un laburito en esa película sobre el Uruguay Feliz, aunque sea como extra. El Uruguay de la pantalla donde los almuerzos de ADM tienen más rating que los de Mirtha Legrand y son mucho más entretenidos. ¿No habrá quien me saque del Uruguay del Salario y me ponga mágicamente en el Uruguay Estadístico?
Salinas, 26-08-04