Año II - Nº 80 - Uruguay, 28 de mayo del 2004
 
- Los derechos humanos y los hipócritas de siempre
- ANTEL discrimina las páginas uruguayas
- El ojo tuerto de Europa
- El Legado del maldito F.S.L.N.
- "BRUJULA", periodismo liceal
- Carta a un hijo ciego
- ENTREVISTA: Mientras haya un deudor que no pueda pagar, la crisis financiera sigue

- Somos todos pecadores

- La guerra la gano yo
- La politización del tema
- El árbol de papaya.
- Anécdotas Bancarias: El llamado fatal
- Onanismo político en Uruguay
- Así somos
- Hurgando en la web
- La llegada de pistola
- Chairando Ideas
- La portera negra
- Se nos viene la noche. Adios al veranillo
- Día del Desafío
- Información Ciudadana
- La Cocina Uruguaya
- Rincón de Sentimientos
- El Interior también existe
- Olvidémonos de las Pálidas
- Las Locuras de El Marinero
- Correo de Lectores

 
Mil cosas han sucedido durante toda una vida de trabajo.
Sucesos jocosos, de irresponsabilidad,
tonterías, en fin, aconteceres que palpitan sentimientos y actitudes.
En una anécdota nos toca ser héroe, y en la historia siguiente somos infractores, representamos la inocencia y al instante conformamos el personaje que ha transgredido disposiciones superiores.
El anecdotario debe ser así, no con ánimo de sobresalir, sino con ánimo de ser sincero. Las cosas sucedieron y así las contamos. Aquí van mis historias, muy sencillamente narradas, en las que me tocó intervenir en todo el espectro de actitudes.
Los personajes que en ellas intervienen son reales, a veces son nombrados pero muchas veces he preferido dejarlas en el anonimato o con nombres supuestos, totalmente seguro de que al leerlas, cada uno de ellos verá y comprobará la sinceridad de mis narraciones.-

EL LLAMADO FATAL

Me desempeñaba como Cajero en la Sección Cambios.
Era una Caja bastante complicada por el trabajo en sí, pues exigía el manejo de todo tipo de monedas,y enorme variedad de documentos. El hall de la Casa Central, estaba como siempre abarrotado y en mi Caja la aglomeración no podía faltar,esperando cada uno a ser llamados para finiquitar sus respectivas operaciones.
Yo tenía por costumbre llamar al cliente por el apellido en primera instancia, y por nombre y apellido en segunda confirmando un llamado más completo ante la posible distracción del cliente.
Cuando llegó aquel documento a mis manos, lo había cogido de la gaveta, tomé el micrófono y con total suficiencia llamé por el apellido... ¡ QUITO!
Nadie se acercó y de acuerdo a mi norma de trabajo, voceé de inmediato ¡ ZOILO QUITO!... y me di cuenta de lo que había dicho, aunque ya era tarde... la carcajada fue general y los muchachos de la Sección, inclusive el autor del chiste, disfrutaban a sus anchas.-