Del polémico documentalista
Michel Moore
"FAHRENHEIT 9/11":
la temperatura del terrorismo
Por: Juan Morena Gelabert
Michael Moore regresa luego del éxito de su anterior proyecto, "Bowling for Columbine", con todo. Esta vez es el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, el blanco de su último filme "Fahrengheit 9/11". Proyectado a semanas de las elecciones nacionales del país del Norte, la cinta pone de manifiesto una crítica dura y mordaz al Partido Republicano.
Michael Moore se hizo famoso en todo el mundo por el discurso que dió en la entrega del Oscar de la edición pasada al recibir la estatuilla por "Bowling for Columbine" en la categoría de mejor documental, en donde descargaba toda su labia contra el actual presidente de la potencia más grande de la Tierra. Y, como si tuviera más que decir, usó los primeros minutos de "Fahrengheit 9/11" para expresar que la elección que ganó Bush fue falsa. En primera instancia muestra a una convención demócrata con el candidato a la presidencia por el partido del entonces gobernante Bill Clinton, Al Gore, preguntándose si la elección en donde Bush salió electo fue un sueño o no.
Pero el documental, polémico si los hay, trata principalmente sobre los atentados terroristas que sucumbieron a Estados Unidos y al mundo, y las represalias por parte de la administración Bush, aunque en toda la cinta no hallan mostrado a los aviones que los terroristas usaron como misiles en las colisiones de las Torres Gemelas, de Pennsylvania y del Pentágono. No obstante, sí usaron una banda de sonido cuando las Torres sucumbieron ante el horror inimaginable del fanatismo.
También el filme de Moore revela los presuntos lazos entre el ex presidente de Estados Unidos y padra del actual mandatario, George Bush, y la familia bin Laden. Y, por supuesto, no estima tiempo ni imágenes para denostar la figura de George W. Bush. Sin embargo, este artículo solamente trata de analizar la labor de Moore como documentalista, dejando las consideraciones acerca del accionar del presidente norteamericano y sus allegados a las personas idóneas sobre el tema.
Desde el punto de vista del estilo del documental, Moore utiliza la ironía para retratar a los altos cargos de la administración Bush y sus aliados, satirizándolos más como cowboys trasnochados que como importantes figuras políticas. Lo extraño fue que entre los aliados a Bush no apareció España, sino casi al final con la intervención de una mujer que protestaba cerca de la Casa Blanca y que conversara con una madre, la cual perdiera un hijo de Iraq.
Y además de esa conversación y de la lectura que hiciera sobre la última carta que recibió de su hijo una semana antes de su fallecimiento en tierras lejanas, Moore utiliza imágenes de jóvenes soldados afincados en Iraq, algunos en combate y otros en instalaciones sanitarias, mutilados o con problemas psicológicos y psiquiátricos. Incluso nos muestra una noche en Iraq, pero no una noche cualquiera, la Nochebuena, anticipación de la Navidad. Por otro lado, nos señala a los iraquíes, niños, ancianos y mujeres sufrir los embates de la guerra en penosos retratos tanto peor que las de los soldados de Estados Unidos. La cámara de Moore además hace hincapié en los ataúdes de los hombres y mujeres que regresaron del campo de batalla, algo que a los norteamericanos afecta profundamente.
Moore, asimismo, "sale a la caza" de distintos Congresistas estadounidenses, pidiéndoles que enrolen a sus hijos en la guerra, pues solamente el hijo de uno de ellos está en el ejército.
El documentalista, al final de la proyección, dá a entender que el envío de tropas debe hacerse, exclusivamente, en casos necesarios. Si la guerra en Iraq fue necesaria o no, queda a criterio suyo.