Mil cosas han sucedido durante toda una vida de trabajo. Sucesos jocosos, de irresponsabilidadtonterías, en fin, aconteceres que palpitan sentimientos y actitudes.
En una anécdota nos toca ser héroe, y en la historia siguiente somos infractores, representamos la inocencia y al instante conformamos el personaje que ha transgredido disposiciones superiores.
El anecdotario debe ser así, no con ánimo de sobresalir, sino con ánimo de ser sincero. Las cosas sucedieron y así las contamos. Aquí van mis historias, muy sencillamente narradas, en las que me tocó intervenir en todo el espectro de actitudes.
Los personajes que en ellas intervienen son reales, a veces son nombrados pero muchas veces he preferido dejarlas en el anonimato o con nombres supuestos, totalmente seguro de que al leerlas, cada uno de ellos verá y comprobará la sinceridad de mis narraciones. |
! DETENIDO !
Estábamos en la Agencia de Cambios instalada en el primer piso de las viejas oficinas de ONDA, en la Plaza Libertad.
Era Sábado, y estaba lleno de gente, en una interminable cola mismo hasta el pie de la escalera de acceso.
- Cámbieme U$S 100, dijo el porteño, cuando le tocó el turno.
- Oh, oh, lo lamento señor, este billete es falso. Por disposición superior estoy obligado a retenerlo. Le daré un comprobante. Le dí los recaudos y explicaciones correspondientes y el hombre aceptó las reglas de juego. Pero no hizo lo mismo el Agente que estaba de guardia junto al mostrador, porque acercándose inmediatamente expresó:
- Acompáñeme, caballero, está detenido por intentar cambiar dólares falsos.
La situación se tornaba difícil, porque si bien es cierto el hombre tenía en sus manos un billete apócrifo, no tenía que ser por ello un delincuente p un pasador de ese tipo de billetes. Me vi obligado a intervenir en su favor.
- Agente, por favor,- dije- este es un asunto entre el señor y el BROU, no hay delito en primera instancia y mi Jefe hará las diligencias correspondientes ante la Jefatura de Policía a efectos de deslindar responsabilidades.
- De cualquier manera, dijo el agente, deberá acompañarme. Llamó al patrullero y en pocos instantes se marchó con su detenido, dejando un suplente a cargo de la guardia.
A los diez minutos, el agente subió corriendo las escaleras y acercándose dijo mientras resoplaba:
- Manda decir el Sr. Comisario que le mande el billete falso, o sea la prueba del delito.
- Perdóneme Agente, dije al momento, el billete es propiedad del Banco y no se lo puedo entregar.
- Entonces déme su Cédula de Identidad, debo tomar sus datos y según órdenes recibidas, queda Vd. detenido por interferir en el cumplimiento de la Ley. Cuando termine su turno, tendrá que acompañarme a la Jefatura. Y se fue llevándose mis datos personales y al turista que me miraba con ojos de "no entiendo nada".
Levanté mis brazos y hablé al público presente:-
- Señores, como acaban de oírlo estoy detenido y los presos no hacen cambio de moneda Extranjera. Hubo protestas a granel, pero me mantuve en mi tesitura. Llamé a mi Jefe y le informé lo sucedido. Me contestó:-
- Siga trabajando nomás que yo me hago cargo del asunto.
- Perdone Jefe, yo no continúo trabajando , porque estoy detenido y Ud. sabe como son estas cosas, ¡a ver si todavía pierdo plata trabajando en cautiverio.
No pasaron más de 15 minutos, la gente se estaba poniendo nerviosa, pero por suerte llegó nuevamente corriendo el Agente y cansado, luego de subir la escalera de a dos en dos, me gritó entrecortadamente:-
- Cajero,... manda decir... manda decir el Sr. Comisario... que... que queda Vd. en libertad!
Superadas las risas generales, el aplauso que por supuesto se hizo sentir por la aglomeración que se había formado, y ya todos contentos por el veredicto, continuamos trabajando normalmente, como si nada hubiera pasado. No recuerdo qué pasó con el billete, pero creo firmemente que el cliente fue el perjudicado, porque aquel billete, era falso y no podía circular.
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