Año II - Nº 97 - Uruguay, 24 de setiembre del 2004
  1 Campaa Mundial Seguridad en la Red
 
- El Terrorismo nuclear, un tema preocupante
- Así Somos:
1.- El Desafío ya es patrimonio oriental
2.- Día del Patrimonio Histórico
- Día del Patrimonio: Los picapedreros de San Miguel
- Algunas nuevas utopías
- Un atardecer sobre el Río Uruguay
- Don "Coco" García, El hombre que dominó la piedra
- Trabajar en Uruguay
- El día después

- Tarea Cumplida

- La fábrica de Aceite Butiá
- De Carne y Sal...
- Una mala democracia para una mala educación
- "El círculo vicioso de la estupidéz colectiva"
- Ecos de la Semana
- Pánico Escénico
- Anécdotas Bancarias: Zona Restringuida
- Noticias de España
- Hurgando en la Web: El Mercosur
- Chairando Ideas: A la Primavera de Dolores
- Dimes y diretes de la política
- Migración a Australia por nominación de un patrón
- Exoneración Impositiva a FUNSA
- Bitácora Política
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- La Cocina Uruguaya
- Rincón de Sentimientos
- El Interior también existe
- Olvidémonos de las Pálidas
- Las Locuras de El Marinero
- Cartas de Lectores

1 Campaa Mundial Seguridad en la Red

 
Don  “Coco” García
EL HOMBRE QUE
DOMINÓ LA PIEDRA
   

Tras algunos fracasos en la reconstrucción del fuerte de San Miguel don Horacio Arredondo y los arquitectos encargados de la obra resolvieron utilizar la habilidad  artesanal de don “Coco” un hombre de la zona de hosca apariencia pero de blanda sensibilidad.

Un autodidacta de poderosa inteligencia, que todo lo aprendió por si mismo; humano, de insobornable honradez en lo espiritual, moral y material; plenamente solidarizado con su medio, animado por un auténtico patriotismo y por un empecinamiento in dominable en convertir en útiles a sus jóvenes coterráneos, que él advertía perder su tiempo abandonados a la indolencia, recostados contra las paredes en la pulpería o entretenidos en asistir durante horas a partidas de billar o de barajas, sin ninguna ambición o posibilidades de trabajo.

 Así definía el periodista José Pereyra González la personalidad de don Gregorio “Coco” García en una nota publicada en el diario El Día en 1972.

Sin embargo de nada valieron los argumentos de los profesionales de la Comisión Honoraria y don “Coco”aceptó el cargo siempre que utilizara a los paisanos de su pago. En vano trataron de convencerlo para que utilizara personal especializado traído desde la capital del país. Poniendo punto final a las conversaciones  don “Coco” manifestó que si no “puedo utilizar a mi gente, no cuenten conmigo, yo confío en los míos, en esos que por no tener ocupación, los llamo de apuntaladotes de boliche y no en los que ustedes me proponen. Si quieren mis servicios no hay otra alternativa que yo y los muchachos de “18 de Julio”.

Por supuesto que ganó la pulseada, abocándose de inmediato a instruir a sus artesanos en la difícil tarea de cortar y moldear la piedra para comenzar de inmediato la histórica reconstrucción del Fuerte de San Miguel. Observando hoy la obra realizada por don “Coco” y sus muchachos es fácil valorar la jerarquía de la misma que había tenido sus comienzos en un viaje que realizara en  1920 el presidente de la República Dr. Baltasar Brun.

Acompañaba al presidente don Horacio Arredondo quien sería finalmente el ejecutor de estas construcciones y creador de los parques nacionales que las circundan. El presidente y su comitiva bajaron de los caballos y subieron caminando la empinada cuesta que los llevaba al Fuerte, para conocer mejor la zona circundante tras sortear los inconvenientes del monte indígena. El cuadro que se presentaba era realmente desolador, los yuyos y los animales se habían adueñado del Fuerte por lo que el presidente en un gesto espontáneo  pero que contagió a los presentes y fundamentalmente a don “Coco” manifestó: “El fuerte será recompuesto tal cual lo edificaron los audaces soldados que centurias atrás lo levantaron.”

También don Horacio aprovechó la oportunidad para acotar que “acá formaremos un parque donde únicamente tendrían cabida la flora y la fauna nativas, incluso con vacunos y ovinos primitivos de manera que sean testigos de nuestra evolución ganadera.

Si bien es cierto que estas obras obedecieron a la iniciativa del entonces presidente Dr. Baltasar Brun y sus colaboradores, entre los que podemos destacar al General Balndomir, los arquitectos Capurro, Mainero, el general arquitecto Alfredo campos y Horacio Arredondo, fue la voluntad inquebrantable de don “Coco” que venciendo todos los obstáculos  imaginables en aquellos años, pudo vencer las sierras de San Miguel domesticando sus piedras.

Fue un trabajo de equipo y de muchos años donde alternaron entre muchos Basilicio Rodríguez, Angel María Milar, Juan Correa, Casto Pérez, Ariosi Techera, Pedro Lima y muchos otros que sin ser picapedreros trabajaban en carpintería, herrería, albañilería y también de alambradores.

La piedra era transportada en una carreta con ruedas especiales tirada por tres yuntas de bueyes a cargo de Luis  Milano, carrero profesional de Santa Teresa.

Fue con esa gente y muchos otros que don “Coco” pudo vencer las dificultades de un medio agreste donde abundaban los zorros, gatos monteses, comadrejas, lagartos, arañas y reptiles venenosos.

Con el paso de los años y realizada la paciente restauración del Fuerte, don “Coco” pudo comprobar que la juventud de su pueblo tenía realmente la habilidad artesanal que otros le habían negado sin conocerlos.

TODO FUE RECONSTRUIDO

Levantado por los españoles y portugueses en los primeros años del siglo XVIII el Fuerte de San Miguel ha quedado como el testimonio más elocuente de la disputa que ambos países sostuvieron durante largo tiempo por el derecho a dominar para siempre nuestro territorio.

Fue fundado por los españoles en el año 1734, pero le correspondió a los portugueses la terminación del mismo tres años más tarde.

El 16 de octubre de 1737, bajo la defensa de seis fuerzas de artillería  al mando del militar portugués  José da Silva comienza la reconstrucción del mismo.

Sin embargo pasaron exactamente dos siglos, antes de que la mano del hombre iniciara su obra reparadora. Por Ley del 29 de octubre de 1937, el Fuerte es declarado Monumento Nacional. A partir de la fecha  fueron desapareciendo lentamente los signos inconfundibles de dos siglos de abandono. Se repararon pacientemente  sus muros destruidos  y se transformó la maleza de su interior en amplias escalinatas de granito.

En la actualidad este Fuerte reconstruido por gente de la zona representa junto a la Fortaleza de Santa Teresa uno de los mayores atractivos del departamento de Rocha y del país.