Mil cosas han sucedido durante toda una vida de trabajo. Sucesos jocosos, de irresponsabilidadtonterías, en fin, aconteceres que palpitan sentimientos y actitudes.
En una anécdota nos toca ser héroe, y en la historia siguiente somos infractores, representamos la inocencia y al instante conformamos el personaje que ha transgredido disposiciones superiores.
El anecdotario debe ser así, no con ánimo de sobresalir, sino con ánimo de ser sincero. Las cosas sucedieron y así las contamos. Aquí van mis historias, muy sencillamente narradas, en las que me tocó intervenir en todo el espectro de actitudes.
Los personajes que en ellas intervienen son reales, a veces son nombrados pero muchas veces he preferido dejarlas en el anonimato o con nombres supuestos, totalmente seguro de que al leerlas, cada uno de ellos verá y comprobará la sinceridad de mis narraciones. |
ZONA RESTRINGIDA
Las previsiones estaban a la orden del día. Estábamos en plena dictadura militar, y todas las medidas eran buenas para tratar de prever cualquier ilícito. En la zona de seguridad del Tesoro, por supuesto toda cerrada de rejas, había controles especiales.
La jerarquía citó a todas las mujeres que allí trabajaban, como contadoras de billetes, para informarles de una resolución recién adoptada.
-A partir de ahora, está prohibido entrar a la zona de seguridad con todo tipo de bolsos y carteras,...
Sin manifestarlo, la superioridad quería coartar lo que podría ser una forma de sacar billetes del Tesoro.
Las más veteranas, con mayor determinación y sin pelos en la lengua se hicieron sentir de inmediato:-
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- Señor, como mujeres que somos, tenemos períodos en los que obligatoriamente debemos transportar ciertos elementos y necesitamos contar con ese adminículo.
- Muy bien, es razonable, dijo el jerarca de turno, como percatándose de la razón esgrimida, - cuando se presente la dificultad, Uds. me informarán y con gusto haremos la excepción correspondiente.
- De ninguna manera, señor, qué se ha creído Ud... nuestra dignidad no nos permite andar publicando cosas tan íntimas, sólo para cumplir con una decisión tan arbitraria como injusta. Si se desconfía de nosotras, pues... pedimos el cambio de sección o el Banco nos asigna otra tarea y asunto arreglado...
Todo esto lo cuento en base a la narración de los hechos por parte de las propias compañeras... lo cierto es que ese mismo día, y en ese mismo momento, el jerarca se dio cuenta del error, asumió su responsabilidad y proclamó:-
¡QUEDA SIN EFECTO ESTA RESOLUCION SUPERIOR!