Año II - Nº 94 - Uruguay, 03 de setiembre del 2004
  1 Campaa Mundial Seguridad en la Red
 
- El quinto jinete del Islam
- Sesenta años entre alzamientos armados
- Entre los fantasmas y la feria
- ¿Qué hizo Ud. por su Diputado?
- Consul: Liliana Buonomo - Desafío Cumplido
- Misas Campales
- Chairando Ideas: Que ellos pueden respaldar...

- Preocupaciones

- Los porfiados
- Para llegar a Europa
- Carter, Gaviria, el Petróleo y el Katchup
- La dignificación de la salud
- El día que me enderezaron el cactus
- Anécdotas Bancarias: Ingratitud
- Noticias de España
- Deportivísimo
- Buenas razones para
no dejar de fumar
- Hurgando en la Web: Historia de la Universidad de Montevideo
- Así Somos: Ricas Historias de nuestras vidas
- Emigrar a South Australia
- El inexistente salvajismo
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- Rincón de Sentimientos
- El Interior también existe
- Olvidémonos de las Pálidas
- Las Locuras de El Marinero

1 Campaa Mundial Seguridad en la Red

 

Sesenta años entre
alzamientos armados
Puntos de comparación entre 1904 y 1964

por Germán Queirolo Tarino

Aquí estamos.

En la Semana de Aparicio.

Discutiendo a quien pertenece un héroe, disputándonos inmersos en una campaña electoral, los despojos de cien años consecutivos de ambigüedades.

El Cabo Viejo, apodado así durante los tormentosos días de las revoluciones del otro Aparicio, de Timoteo, será recordado durante todos los días de esta semana como una especie de Via Crúcis, histórico-político, donde se mezclan la Biblia y el calefón.

Los blancos de adentro y de afuera del Partido Nacional, disputan por un lado los espacios de privilegio donde homenajear a un hombre, que ha trascendido las fronteras de su propio partido, para hacerse parte del patrimonio heroico de la República, ese que somos tan poco propensos a recordar, fuera de Maracaná.

Los colorados, tercian en la disputa, recordando que de alguna forma, la derrota de las tropas de Aparicio en Masoller, fue una especie de victoria de la Civilización y el Progreso, sobre la barbarie. Con mayúsculas unas, con minúsculas la otra.

Y uno que balconea de afuera la contienda reeditada, que es fija cada setiembre de cada año, al igual que lo es la fecha de nacimiento del Club Peñarol, cada noviembre, salvando las distancias, claro está, intenta preguntarse, por donde pasarían hoy las indelebles huellas de Aparicio Saravia, el Ultimo Caudillo Rural.

¿Hubiera sido posible el Uruguay Batllista, tal como lo conocimos, sin la derrota previa del Caudillo?

Ríos de tinta se han escrito al respecto por parte de historiadores y escritores pertenecientes a ambos bandos entre los cuales estuvo tradicionalmente dividida la historia política del país.

Si bien es cierto, que los principales postulados por los cuales Saravia dejó la vida en Masoller, adquirieron carácter de ley cuando el vencedor reformó la Constitución de la República en 1916, siempre se mantiene pendiente, una velada acusación de falta de probidad administrativa, hecha por parte de los vencidos.

Probidad, que también estuvo incluida entre los postulados elevados por Saravia a la hora de sublevarse contra la autoridad omnívora de sus rivales, respaldados por una Constitución que fatalmente conducía a un estado permanente de guerra civil, al negar toda posibilidad de expresión política a las minorías.

De ahí que se recuerde con tanta intensidad, la carta que Aparicio enviara oportunamente a su hermano Basilicio, que luchaba en las filas del “Toro Pampa”, caudillo mínimo de Cerro Largo, Muniz: “Yo te preferiría soldado de la Nación, del Derecho, de la Libertad, de la honradez administrativa. La Patria es dignidad arriba y regocijo abajo; la Patria no es un grupo de mercaderes y de histriones políticos que han hecho de las prerrogativas del ciudadano nubes que el viento lleva”

Saravia claramente condena una actitud política y civil, que más allá de la consagración de los derechos electorales y la representación de las minorías, los blancos siguieron considerando como un tema pendiente durante años.

Es así, que muchas décadas después, Wilson Ferreira afirmaría: “Partido Colorado, es la forma en que la gente se acostumbró a llamarle al gobierno”.

Esta percepción de la realidad política nacional, según la cual, la administración está al servicio del Partido y el partido al servicio de una clase social, o de un sector económico, era condenada por Aparicio radicalmente y esa condena, está inmersa en el propio sentir de los blancos, más allá de que algunos de ellos hayan defeccionado lamentablemente a la hora de levantar esas banderas.

Remitiéndonos a la misma carta de Aparicio, en un párrafo anterior, éste definía a su hermano, los fundamentos de su derecho a la rebelión: deciá “estamos en el bando de los administradores de buena fe, en el bando de las probidades presidenciales, junto aquellos que suben y bajan pobres del poder. ¿Tú crees servir a la Patria en el puesto que ocupas? Pues no la sirves; sirves solamente a un círculo, a una camarilla sin ley ni patria.
No soy yo, hermano, no es mi partido, los que hemos convertido en sistema el fraude electoral, los que hemos saqueado la riqueza pública, los que hemos generado el pretorianismo en el cuartel y el utilitarismo. Tu me dices que eres soldado de un gobierno constituido, olvidando que lo fue mal”

¿Pa qué quiero la divisa, si se murió el General?

Hoy muchos se sienten un poco “dueños” de la figura de Aparicio Saravia, quien se levantaba en armas contra un gobierno que el consideraba “mal constituido”. Se refería por entonces al gobierno del Presidente Iriarte Borda, elegido por los tradicionales métodos de fraude y calabozo que regían habitualmente en la República.

¿Justifican entonces los alzamientos de Saravia, cualquier otra revolución contra un gobierno establecido, acusándolo de ser fruto de maniobras fraudulentas o de estar comandado por corruptos?

Una pregunta de actualidad cuya respuesta se me escapa.

Se han escuchado durante estos días, múltiples argumentos por parte de diversos actores políticos pertenecientes al Partido Nacional, negando de alguna manera el derecho a otros, a adherirse a los homenajes del centenario.

Realmente entiendo que el “ser blanco” es un sentimiento que va más allá de encontrarse bajo la égida del Honorable Directorio. Honorable que en su momento, le negó a Saravia los mínimos auxilios para llevar adelante su empresa, al grado que éste tuvo que poner a disposición los títulos de sus tierras, alegando que “ prefiero mis hijos pobres y con patria, que ricos y sin ella”, Hablamos de un partido que votó dividido en dos posiciones irreconciliables durante buena parte de su historia electoral, propiciando así de alguna manera, las victorias electorales del Partido Colorado desde la dictadura de Gabriel Terra hasta el triunfo electoral del Herrero-nardonismo en 1958.

Una larga historia de rebeldías y desinteligencias con las autoridades partidarias constituidas, a las que se añaden, alzamientos bélicos contra las autoridades nacionales electas en el marco de la Constitución, me hacen avergonzar un tanto de muchos blancos de ahora, que salen a aullar como señoritas pisadas en un baile, que Aparicio es de ellos y no lo prestan.

En los primeros años de la década del 60, unos tipos, muchos de ellos provenientes de las propias filas del Partido Nacional, se alzan en armas contra un gobierno constituido alegando que este no era representativo, que estaba entregado a grupos plutocráticos a los que defendía por sobre todas las cosas.

Eleuterio Fernández Huidobro
 

Alegan que las garantías electorales, están anuladas por los intereses económicos que hacen de los eventos electivos, una competencia donde gana el que más dinero tiene para dilapidar en publicidad y que los medios de prensa, concentrados en las manos de los sectores económicos afines a los Partidos Históricos, sirven de caballo a un comisario que gana todas las pencas montado ora en el todillo, ora en el alazán.

Se enfrentan a tiros con las fuerzas del gobierno y por último son derrotados.

Me pregunto y no me contesto, ¿Dónde radica la diferencia esencial entre ambos alzamientos?

Si alzarse en armas contra un gobierno constituido según lo marca la Constitución y la Ley estaba bien en 1897 o en 1904. ¿Cuál es el factor esencial que hace que esté mal en 1968?

La lógica de las armas es la misma en una época que en la otra. Tan legal era el gobierno del asesinado Iriarte Borda, como el de Dn. Jorge Pacheco Areco. ¿Qué convierte a unos en “sediciosos” o “terroristas” y a otros en “heroes”?

Hablando de sublevaciones
Similitudes y diferencias

Los sublevados de los sesenta, no podrían haber juntado un ejército digno de llamarse de tal nombre, ni con el más denodado esfuerzo de la imaginación. Por el contrario, Saravia encontraba pocas dificultades en alzar a la paisanada.

Pero también es por todos conocido, que Saravia tenía abundante “mano de obra” disponible para reforzar su cuerpo militar. He ahí una importante diferencia.

Pero esa diferencia proviene de las masas de las que cada movimiento armado se nutrió.

Mientras Aparicio apeló al gauchaje desterrado por la modernización de los métodos de producción agropecuarios, masa campesina que no tenía casi recursos con los cuales ganarse el pan cotidiano, los Tupamaros, se desenvolvieron en un medio donde la satisfacción de las necesidades individuales, aún estaba garantizada, si bien iba decayendo con alarmante rapidez. Por otra parte, Aparicio contaba con un dominio territorial que permitía una amplia libertad a la hora de estructurar un ejército sin las molestias derivadas del accionar clandestino.

Ninguna de ambas sublevaciones, buscaba la toma del poder.

Una similitud un tanto particular en el marco de las rebeliones armadas en América Latina. Aparicio buscaba forzar concesiones por parte del gobierno a los efectos de encauzar las leyes electorales por caminos mínimamente participativos, pero no tenía mayor interés en buscar el gobierno para si mismo.

Los guerrilleros de los sesenta y setenta, tampoco planearon hacerse del gobierno, sino más bien ser una especie de “brazo justiciero” de determinada clase social, y un vehículo propagandistico de las demandas de ésta.

Otra diferencia esencial entre ambas sublevaciones, fue el carácter urbano de una, contra el rural de otra. El avance tecnológico hizo imposible para un país de las características geográficas del Uruguay, el enfrentamiento armado a campo abierto. El ataque aéreo sufrido por las huestes de Basilio Muñoz cuando éste se alzó contra Terra, lo dejó más que claro aún en tan tempranos tiempos.

Otra similitud es el entrenamiento que recibieron militares de ambas fuerzas rebeldes en países extranjeros. Cuba fue para unos, lo que el Brasil para los otros.

Varios Directorios blancos así como diversos Comités de Guerra dependientes en mayor o menor medida de Honorable Directorio según si a éste se le ocurría o no lavarse las manos, encontraron tolerancia política en la vecina orilla del Río de la Plata, para ejercer desde allí sus actividades de carácter subversivo contra los gobiernos de la república.

Motivaciones

Hay señaladas similitudes en las motivaciones declaradas que dieron origen a ambas sublevaciones.

Podemos señalar entre ellas, el rechazo a la corrupción, la protesta armada contra un gobierno que les parecía ser el brazo ejecutivo de una clase social, el rechazo al sistema vigente en cuanto a la elección de las autoridades nacionales y así seguir hasta el cansancio.

Pero existe también una diferencia para nada sutil en las motivaciones de los soldados de línea de ambas fuerzas sublevadas. Para los gauchos que siguieron a Aparicio, la revolución también se originaba en razones pragmáticas. El ejercicio bélico, les resolvía la cuestión del pan de cada día, permitiéndoles gozar de un estado casi lúdico e ideal, en el que no faltaba el churrasco y la yerba, la cabalgata y el combate. El único precio a pagar era la vida. Los combatientes urbanos del fines del siglo XX, por el contrario, tenían una mayor dosis de idealismo, muy de acuerdo a la década y al ideal de estética revolucionaria que recorría buena parte del mundo occidental.

También, a primera vista hay una cierta contraposición en lo que se refiere al problema agrario, la tenencia de la tierra y la propiedad privada. Saravia, no cuestiona nada de esto si bien aprovecha para alimentar sus huestes, a la mano de obra excedente en el medio rural, y genera una importante anarquía entre los propietarios instigando indirectamente a sus hombres, a cuestionar la propiedad ajena. “Aire libre y carne gorda” fue una divisa, que algunos propietarios rurales, afirman haber visto en el sombrero de los gauchos alzados.

Para Aparicio, la pobreza y la desigualdad son consecuencia del desorden administrativo que inhibía las posibilidades de progreso humano, mientras que para los guerrilleros del sesenta, fundamentados en el marxismo y su método analítico de la historia, las desigualdades sociales eran inherentes al sistema económico reinante, así como la deshonestidad y la corrupción.

Los hilos de la historia, tejen curiosas telarañas

Mientras una importante masa de ciudadanos montevideanos dieron su apoyo y salieron al campo a luchar bajo el mando de un caudillo rural, en un medio que les era en buena medida desconocido, seis o siete décadas después, gente proveniente de lo más profundo del Uruguay rural vendría a la capital detrás de la principal figura de un movimiento armado definitivamente urbano.

Ambas sublevaciones, se enfrentaron al mismo ejército y las mismas balas terminaron segando las expectativas de los alzados.

Después de 1904, el vencedor llevó a la práctica, buena parte de las ideas por las que luchó el vencido, a las que el tiempo dio la razón.

Cabría preguntarse, cien años después, en qué medida se repetirá la historia.

Salinas, 3 de Setiembre de 2004