Año II - Nº 82 - Uruguay, 11 de junio del 2004
 
- Informe Especial: Hamas
- La lancera de Aparicio
- De ineptos a adivinos
- Turismo Rochense: Poco interés de los operadores
- Ecos de la semana
- Sydney Mardigras, el imperio de la heterofobia
- El Placer de los amigos
- Los hijos del maíz

- Marxismo en democracia

- Todas las redes del Presidente
- La gran confusión de los derechos políticos
- Anécdotas Bancarias: Venganza
- Los anteojitos del desierto
- Así Somos
- Hurgando en la web
- Chairando Ideas
- Frente moderado
- A la cama sin postre
- Bitácora Política
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- La Cocina Uruguaya
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- Olvidémonos de las Pálidas
- Las Locuras de El Marinero
- Correo de Lectores

 

Marxismo en democracia
por Sebastián Saavedra

Los cuatro puntos fundamentales del marxismo son: distribución equitativa de las riquezas, abolición de la propiedad privada, dictadura transitoria del proletariado y el materialismo dialéctico como interpretación de la historia.

“La historia del desarrollo de la sociedad humana es la historia de los diversos sistemas económicos. La transición de un sistema al otro ha sido determinada por el aumento de fuerzas de producción. Los cambios sociales son de carácter cuantitativo y no alteran las bases de la sociedad, pero se alcanza un nuevo punto cuando las fuerzas productoras maduras ya no pueden contenerse más tiempo dentro de las viejas formas de la propiedad; entonces se produce un cambio radical en el orden social, acompañado de conmociones.
La comuna primitiva fue remplazada o complementada por la esclavitud; la esclavitud fue sucedidaza por la servidumbre con su superestructura feudal; el desarrollo comercial de las ciudades llevó a Europa, en el siglo XVI, al orden capitalista, y el capitalismo es para Marx otra etapa en el desarrollo de la sociedad humana. Esta interpretación o este método de interpretación es materialista, pues va de la existencia a la conciencia y es dialéctico, pues observa cómo evolucionan la naturaleza y la sociedad y la misma evolución como la lucha constante de las fuerzas en conflicto”. Detengámonos aquí. Antiguamente la nobleza vivía a costa de sus súbditos pero surgió la burguesía y esta pasó a dominar. Pero la burguesía surge a partir del desarrollo de las ciudades en las cuales eran las fuerzas productoras menos privilegiadas, estas nuevas fuerzas adquieren conciencia de su importancia y exigen igualdad y justicia, la cual evidentemente como narra la historia no llega a través de cambios políticos o leyes; así que cuando estas fuerzas productoras ya no pueden contenerse se sublevan pero ya no para exigir justicia sino que pasan a ser la clase dominante. Para Marx el capitalismo sería otra etapa en la evolución y que el socialismo daría fin a esta por el hecho de eliminar las clases sociales y por ende las fuerzas en conflicto.

Para eliminar las clases sociales se debe abolir la propiedad privada, la cual acumula capital y genera el distanciamiento entre ricos y pobres, entre propietarios y obreros. Marx considera a la propiedad privada como el causante de estas desigualdades. “Como todas las otras mercancías, la fuerza de trabajo es valorizada de acuerdo con la cantidad de trabajo invertida en ella, esto es de los medios de subsistencia necesarios para la vida y la reproducción del trabajador. Pero el consumo de esta mercancía- fuerza de trabajo- se produce mediante el trabajo, que crea nuevos valores. La cantidad de esos valores es mayor que los que recibe el propio trabajador y gasta en su conservación. El capitalista compra fuerza de trabajo para explotarla. Esa explotación es la fuente de la desigualdad. A la parte del producto que contribuye a la subsistencia del trabajador la llama Marx producto necesario; a la parte excedente que produce el trabajador la llama sobreproducto o plusvalía. El esclavo tenía que producir plusvalía, pues de otro modo el dueño de esclavos los hubiera tenido”. En el siglo XX esto se agravó; este propietario que explotaba al obrero, obtenía ganancias con su explotación, que luego invertía en maquinaria y sustituía al obrero por esta; todo lo cual al fin y al cabo creía Marx haría que los obreros tomaran conciencia como clase para luego exigir justicia. Primeramente con la abolición de la propiedad privada, en segundo lugar con la redistribución de las riquezas. cambios que no necesariamente; decía Marx; debían surgir de una insurrección pero que indudablemente no pueden surgir de otra manera; pues para que el cambio fuera pacifico el proletariado debía impregnarse del espíritu político del que el propio Marx dijo era incapaz de comprender la causa de las taras sociales.

Pero estos cambios no se han generado, y a través de todo el siglo XX el capitalismo ha sobrevivido a cualquier intento de cambio. En primer lugar fue el mismo Marx quien previó el desarrollo del capitalismo y advirtió el colapso del mismo, pero esto solo generó una política intervencionista por parte del estado como regulador de la economía, lo que ha prolongado el proceso de
acumulación de capital y lo ha hecho más lento y sutil. Y por sobre todas las cosas porque el hombre está dominado por lo que Niesztche llamó “voluntad de poder”: “Donde divisé a un ser vivo, allí encontré también voluntad de poder; e incluso en la voluntad del siervo encontré la voluntad de ser señor”. El hombre ha mantenido por siempre la esperanza de ser propietario, de ser rico, esperanza que solo puede mantener en un sistema capitalista y cuando desea un cambio lo que desea es gozar él de los privilegios que actualmente goza la clase dominante. Lo que ha cambiado a través de la historia son las fuerzas que dominan las estructuras sociales pero no la base de las estructuras sociales. El marxismo no sobreviviría en democracia porque es totalmente incompatible con la misma y no solo por la necesidad que tiene de imponerse sino también por que es incompatible con la naturaleza humana.

En Uruguay las filas “socialistas” se han engrosado pero no porque se haya adquirido conciencia de clase, sino más bien por resentimiento social. El socialismo en Uruguay pretende generar cambios a través de la política, pero fue el mismo Marx, quien dijo que todo cambio se genera por la lucha de clases y no por decretos, ni leyes ni política; la política es una ilusión. Además el socialismo uruguayo está muy distante de lo que es el socialismo, aquí se entiende al socialismo cómo una política que tiende a favorecer a los obreros. En realidad, gobierne quien gobierne en Uruguay nada va a cambiar demasiado.

Marx tenía razón, la historia del hombre es la historia de las luchas de clases, pero el fin de esta lucha constante no es el socialismo. Puede que sí sea hora de que las clases menos privilegiadas gocen un tiempo de los privilegios a los que han estado privados; puede que cambie el orden de las fuerzas dominantes; pero generar justicia, distribución equitativa de las riquezas, eso necesita de métodos demasiados despóticos que ningún ser con conciencia de libertad esta dispuesto a aceptar. Texto de Marx:”Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el periodo de la transformación revolucionaria de la primera a la segunda. A este periodo corresponde también un período político de transición cuyo estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado”. Texto de Engels: “Siendo el Estado una institución meramente transitoria, que se utiliza en la lucha, en la revolución, para someter por la violencia a los adversarios, es un absurdo hablar de un Estado popular libre: mientras el proletariado necesite todavía al Estado no lo necesitará en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad el Estado como tal dejará de existir”:

El marxismo es por ende incompatible con la democracia. Puede que algún día el proletariado llegué a dominar y puede que los dominados algún día se subleven. Y si el Marxismo llegara algún día a imponerse (cosa muy difícil, pues siempre habrá alguien que se subleve) se detendría la historia y el desarrollo de los hombres, los cuales solo serían engranajes de una maquinaria perfecta. El marxismo cómo teoría es inaplicable, aunque sea el sistema que más favorece a la justicia social; pero sí podemos invertir el orden de las fuerzas dominantes y para esto hace falta la insurrección, la cual jamás podría llevarse a cabo con los revolucionarios de nuestra época; meros atacantes de símbolos y no de las cosas a las cuales representan. Pero no hay nada que temer ( o mucho), la voluntad de poder es más fuerte que la solidaridad y la justicia.

Fuentes: Historia de las ideas políticas de Jean Touchard, editorial tecnos. El pensamiento vivo de Marx de Leon Trotsky, editorial Losada.

Material publicado en Editorial de Brumas y Lluvias