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Año II - Nº 74 - Uruguay, 16 de Abril del 2004

El huevo de la serpiente
Comentando sobre lo expuesto por "Euromoney"
Novillos del Uruguay a la Isla Martín García
Sobrevolando la realidad
Camino de los Indios
Largaron!!!!! Sujétense!!!!!
Ojos uruguayos en Brasil
Detectores de terremotos

Anécdotas Bancarias: Coincidencia

Sucedió en España
Durazno apuesta al retorno de los uruguayos
Intendencia aprueba proyecto del Rotary Club
Así Somos
Hurgando en la web
Globalilzación
Globalización: identidad e integración
Celia Cuesta Rosales expone en la sala CentrA Almería
Chairando Ideas
Ecos de la Semana
Una introducción a la investigación de la Fé y la Religiosidad
Ahora sí, se acabaron las excusas, a trabajar
Un dilema permanente
Más que un abismo
La Cocina Uruguaya
Rincón de Sentimientos
El Interior también existe
Olvidémonos de las Pálidas
Las Locuras de El Marinero
Correo de Lectores

 

La serpiente totalitaria está incubando un nuevo y aciago huevo. Preñada por el quinto jinete en las inhóspitas arenas del desierto mesoriental, ha encontrado ayuda para que su ominoso engendro se desarrolle bajo la protección de una Europa con una memoria demasiado corta para el largo de sus horrores.

Es que a pesar de sus infaustas y sangrientas experiencias de intolerancia política y religiosa, la vieja y culta Europa, cuna y crisol de la civilización occidental, pero también matriz y capullo del nazifascismo y del comunismo, se encuentra directa y nefandamente involucrada en un proceso que mediante la manipulación de la información y el maquillaje mediático justifican la violencia y los crímenes del totalitarismo teocrático integrista

Todavía está fresco en la memoria colectiva como, y de que manera, nazis y comunistas crecieron y se multiplicaron en el seno de las democracias europeas en sus primeros tiempos. Tampoco podemos olvidar que, con las variantes ideológicas de cada caso, ello ocurrió merced a la ayuda, el concordato, la aquiescencia o el silencio cómplice de muchos gobiernos y de algunas iglesias, de casi todos los partidos políticos y de demasiados intelectuales y periodistas de entonces.

Es difícil olvidar como los despotismos totalitarios de otrora crecieron y se multiplicaron, sobre todo en Europa. Es difícil olvidar como los estados democráticos de entonces, que creían tener todo bien controlado, los dejaron crecer y multiplicarse. Y los totalitarios crecieron y se multiplicaron. Hasta que llegó un día en que fue imposible controlarlos.

El precio en vidas humanas de aquellos errores y horrores es imposible de aquilatar por su dosis inconmensurable de dolor y sufrimiento colectivo e individual, pero una fría aproximación a las estadísticas de mortalidad arroja unos 50 millones de muertos en el saldo deudor de los nazis y unos 100 millones en el arqueo aún inacabado de los comunistas.

¿Cuántos muertos puede llegar a costar el neototalitarismo político - religioso que hoy asoma en el horizonte de la humanidad?

¿De qué otra forma más que de totalitarismo se puede catalogar a un sistema de convivencia que violenta la declaración universal de los derechos humanos al discriminar a sus ciudadanos en razón de su religión, de su etnia o de su sexo?

¿Qué otra denominación cabe a un sistema que conculca los derechos políticos más elementales a sus ciudadanos tales como la libertad de opinión, de asociación, de cátedra, de religión y aún de esparcimiento colectivo e incluso personal?

¿De que otra manera se puede calificar a un sistema donde un pequeño grupo de archimandritas y clérigos oscurantistas, concentran la totalidad del poder del estado en función de poseer, por razones dinásticas o por derecho de conquista, la exclusividad de la interpretación y la aplicación de

una ley que por ser de origen presuntamente divino, es inmutable, indiscutible y eterna?

Porque ese es el sistema de convivencia que existe en la enorme mayoría de los estados musulmanes, con leves variaciones y muy pocas honrosas excepciones. Un sistema que además de perpetrarlo y difundirlo por la fuerza del terror en sus atrasados países, pretenden exportarlo e imponerlo mediante la guerra santa al resto de un mundo infiel que se niega a aceptar su atavismo dogmatico, misógino y retrógrado. Parafraseando a esa extraordinaria catalana que es Pilar Rahola, el integrismo islámico está destruyendo el alma musulmana, y también pretende destruir la nuestra.
 
La historia ha demostrado que todo totalitarismo que se precie, en cuanto se siente suficientemente fuerte, intenta acabar con cualquier sistema de convivencia abierto que permita discutir sus dogmas, aunque paradojalmente ese mismo sistema haya sido imprescindible para que el huevo totalitario haya podido crecer y desarrollarse. Porque tal conducta es inherente a la condición despótica y autoritaria de las tiranías mesiánicas de todo tipo, que actuando como el alacrán que clava su aguijón en la mano que intenta salvarlo de morir ahogado en la corriente de un río, el totalitarismo, por su propia condición antidemocrática, siempre intentará destruir al sistema tolerante y abierto que le ha permitido crecer.
Pilar Rahola

Los síntomas y signos de que el terrorismo integrista musulmán ha desembarcado en Europa para quedarse, se han hecho muy evidentes desde el mortal atentado de Atocha del 11 de marzo de 2004. Pese a que algunos, probablemente movidos más por objetivos políticos menores que por un análisis desapasionado del tema, intentaron aislar el episodio vinculándolo exclusivamente a las decisiones del presidente Aznar en la guerra de Irak, es relativamente fácil demostrar que el asunto es mucho más grave y profundo que una mera revancha puntual por las acciones españolas en la guerra del golfo.

En primer lugar porque las acciones terroristas del totalitarismo musulmán no comenzaron después de la invasión a Irak. A simple modo de ejemplo sirve recordar que en setiembre de 1986, en apenas una semana, hubieron 5 atentados terroristas en Paris y que desde diciembre de 1985 a setiembre de 1986, la ciudad Luz sufrió una docena de explosiones mortales que segaron la vida de 11 personas y dejaron más de 200 heridos. Todos ellos reivindicados puntualmente por el terrorismo integrista musulmán. Es posible citar decenas, quizás centenas, de ejemplos de acciones terroristas a lo largo y lo ancho del planeta desde hace al menos tres o cuatro décadas. ¿Acaso no fue en 1972 la masacre perpetrada por "setiembre negro" en la Olimpíadas de Munich? ¿Acaso no asesinaron en 1981 a Anwar El Sadat por haber firmado la paz con Israel?

¿Desde cuándo está condenado a muerte Shalman Rushdie por escribir un libro?

El actual chantaje terrorista que intenta justificar su bárbaro proceder con la excusa de la ocupación de Irak es apenas el uso hipócrita de una circunstancia favorable generada por los errores de la politica exterior de los Estados Unidos. Pero basta recordar que Irak no estaba ocupada el 11 de setiembre de 2001 para que el argumento no resista el menor análisis.

De manera que es históricamente incuestionable que el integrismo no nace con la invasión a Irak, ni siquiera con la cuestión palestina. El integrismo como dice Rahola, es una ideología totalitaria que

Salman Rushdie
utiliza la cuestión palestina, o la invasión a Irak agregamos nosotros, como excusa para actuar, consolidarse e imponerse.

Y en segundo lugar porque simplemente siguiendo las noticias a través de la televisión, cualquier ciudadano, en cualquier parte del mundo, pudo enterarse que desde el 11M las fuerzas de seguridad españolas han detectado y desactivado a tiempo al menos dos atentados más, que hubieran costado otros cientos de muertos y miles de heridos, al tiempo que la policía británica desactivó al menos un mortal atentado integrista con gas letal en el subterráneo de Londres.

Mientras escribo estas líneas en pleno jueves santo, veo por las cadenas internacionales de noticias que en Roma se ha prohibido circular en el espacio aéreo cercano al Vaticano durante las celebraciones de la semana santa, y que en Paris evacuaron por varias horas el subte para prevenir un atentado terrorista ...

¿Cuánto tiempo pasará antes que las fuerzas de seguridad lleguen unos minutos, unos segundos tarde?

¿Cuántos muertos en Londres, Paris, Roma o Ginebra serán necesarios para que los gurúes de la información y la manipulación política aldeana admitan que los terroristas de Hammas, Al Qaeda y de todas las organizaciones terroristas musulmanes han declarado la guerra al conjunto de nuestra civilización occidental, judeocristiana, laica y tolerante y no al presidente Bush, al presidente Aznar o al primer ministro Blair?

¿Será necesario que estalle una bomba en el Vaticano para laudar definitivamente de que lado estamos todos aquellos que creemos que las diferencias religiosas no son motivo para degollar al vecino; y de que lado están los que predican que una forma lícita de ganarse el paraíso (con setenta vírgenes incluidas en exclusividad), es mediante el esquizofrénico método de volarse las tripas con explosivo plástico en medio de una discoteca llena de adolescentes culpables del terrible delito de practicar otra religión o haber nacido en un país no musulmán?

Cuántos muertos va a necesitar Europa para darse cuenta que está siendo objeto de una agresión premeditada y salvaje por un conjunto de organizaciones financiadas, respaldadas y arengadas por un grupo de estados musulmanes fundamentalistas, y que tienen como objetivo explícito y explicitado hasta el cansancio, la destrucción de todos aquellos que no se dobleguen frente al dogma de los nuevos intérpretes del único libro sagrado permitido: el Corán.

La civilización occidental inevitablemente se encamina a un choque frontal y terrible con el totalitarismo teocrático que hoy controla la mayor parte del Islam. Nos guste o no nos guste. A esta altura es irrelevante. Porque tal enfrentamiento no depende de la voluntad de los países occidentales, sino que esa es una decisión que ya fue tomada, no sabemos bien cuando, en la penumbra de las mezquitas chiitas y/o de los palacios de los jeques petroleros sunitas, por un puñado de individuos que hoy dirigen los destinos y la voluntad borreguil de ululantes masas de desgraciados seres humanos, que presas de la calígine medioeval religiosa en la que viven, estos kamikazes decorticados del tercer milenio se ofrecen aullando en forma posesa, como carne de cañón para inmolarse en nombre de Alá, de Mahoma, del yerno de Mahoma o del suegro del profeta.

Lo que estos infelices ignoran es que en realidad se están inmolando para que sus despiadados "efendis" acumulen más poder político, más poder religioso y más poder económico. Un poder que utilizarán para seguir encaramados sobre una pila cada vez más alta de cadáveres, que incluye a los de sus propios compatriotas, a quienes envían a una muerte atroz sin el menor escrúpulo ni remordimiento ético o espiritual. Ni siquiera en Auschwitz o en el Gulag se conoció semejante desprecio por la vida, no ya de las víctimas que era inexistente, sino por la de sus propios militantes y correligionarios, patéticamente convertidos en piezas desechables de este neototalitarismo genocida integrista.

Demasiado dinero, demasiado poder material y militar, demasiada condescendencia política ha depositado Occidente en manos de un Islam manejado por una dirigencia corrupta, oscurantista y dogmática que, pese a la inmensa riqueza de sus petrodólares, mantiene a su pueblo en niveles vergonzantes de ignorancia, atraso y miseria con el antiguo, sencillo, pero muy eficaz recurso de utilizar la religión como instrumento de dominación política y social.

Una religión que desde sus inicios, hace ya

unos 1400 años, casi siempre ha sido expansionista, intolerante y excluyente. Durante estos 14 siglos en repetidas ocasiones el Islam intentó conquistar por la fuerza la fortaleza cristiana europea. Durante siglos fueron contenidos a sangre y fuego en los Balcanes, en España, en el Cáucaso norte o en la cuenca del Volga.

Y el paso del tiempo no ha contribuido demasiado para cambiar la naturaleza violenta del Islam. Basta leer dos párrafos del ensayo "Choque de civilizaciones" de Samuel Huntington para corroborarlo :

"Donde quiera que miremos a lo largo del perímetro del Islam. Los musulmanes tienen problemas para vivir pacíficamente con sus vecinos. ¿Se observa esto igualmente en las relaciones entre grupos de otras civilizaciones? Ciertamente NO. Los musulmanes constituyen aproximadamente un quinto de la población mundial, pero en los años noventa han estado más implicados que la gente de ninguna otra civilización en la violencia intergrupal. Y las pruebas son aplastantes"

Huntington ennumera luego con lujo de detalles los hechos que demuestran como los estados musulmanes eran, a fines del siglo XX, los más propensos a solucionar sus conflictos mediante el uso de la violencia.

El mundo musulmán no ha procesado como el occidental la separación entre el estado y la religión. Por lo tanto los textos sagrados son fuente de derecho inapelable e inmodificable. Y como el Islam es una religión intolerante, misógina, naturalmente antidemocrática, y que predica la guerra a los infieles como instrumento religioso válido ante Dios y los hombres, es relativamente sencillo entender porque las
fronteras del Islam han sido, son y serán sangrientas. La intensidad del conflicto apenas dependerá de la capacidad militar de los integristas y/o de quienes tengan la desgracia de ser sus vecinos y tengan otra religión. O ninguna, que no es lo mismo, pero es igual para los Torquemadas del Islam.

Lo que realmente cuesta entender es que pese a las experiencias vividas, y pese a los inequívocos síntomas de la presencia de un nuevo huevo de la mítica serpiente, son muy escasas las voces que se han alzado en el viejo continente para alertar del peligro inminente que los acecha. Por el contrario, un desafinado coro de intelectuales y periodistas hipócritas, violentando los hechos y reeditando la memoria vergonzante de la peor historia europea, han pretendido justificar el totalitarismo integrista mediante el recurso racista más triste, más viejo, y más irracional que se tenga memoria en occidente: la judeofobia. El antisemitismo. El antisionismo. No importa el nombre. Todos sabemos muy bien de qué estamos hablando.

Y como si esto fuera poco, debemos agregar los millones de euros que la Comunidad ha enviado al mundo musulmán como ayuda "humanitaria". Ayuda que sistemáticamente se ha volcado en las cuentas personales de los jeques y ayatollas de turno, en adquirir la tecnología y las armas necesarias para organizaciones terroristas como Hammas o Al Qaeda. O para sostener un sistema ¿educativo? perverso, como el vigente en Palestina donde el propio estado a través de la enseñanza oficial, de los textos oficiales, realiza un inicuo adoctrinamiento, un verdadero lavado de cerebro cuyos macabros resultados son los kamikazes del Islam, inculcando desde la más tierna infancia a los niños palestinos el odio hacia los infieles, con especial énfasis en los judíos, naturalmente, y se estimula las actividades terroristas incluyendo la autoinmolación como instrumento válido de salvación espiritual y de servicio a la patria.

Violando flagrantemente todas las disposiciones de la ONU y todos los tratados internacionales respecto a la educación y los derechos de los niños a no ser manipulados y adoctrinados para odiar y matar por la razón que fuere. Claro que, de estas violaciones, no hemos oído ningún sonido del desafinado coro de Saramagos y Theodorakis, autonominados defensores de oficio de los derechos de los palestinos.

Será necesario que el mundo civilizado, y esto trasciende largamente a Occidente, coordine esfuerzos, mancomune acciones y comprometa los recursos necesarios para impedir una nueva embestida mortal y globalizada de la barbarie totalitaria. Para ello es imprescindible detener, por la razón o la fuerza, pero sobre todo con inteligencia, a quienes sostienen, financian y dan apoyo logístico a los grupos armados extremistas del totalitarismo teocrático musulmán. Sin infraestructura y apoyo logístico, las células del cáncer terrorista se vuelven presas fáciles para los servicios de seguridad. Después del 11M en España se pudo comprobar que es posible capturar a los terroristas si estos se quedan sin apoyo externo.

Finalmente quizás sea necesario subrayar que cualquiera que sean las legítimas discrepancias que se puedan tener con la política exterior de los Estados Unidos, y aún admitiendo como válidas las críticas que se han hecho respecto a los errores estratégicos, geopolíticos y sobre todo en el campo del derecho internacional, cometidos por la administración Bush, en especial por su arrogante secretario de Defensa, ello no transforma a ciertos modernos émulos de Chamberlain, que hoy gobiernan algunos países democráticos en Europa y en el resto del mundo libre, en ejemplos o paradigmas estratégicos a seguir frente al peligro totalitario.

Y precisamente a propósito de Neville Chamberlain, queremos cerrar estas reflexiones recordando las palabras con las que sir Winston Churchill criticó duramente la política exterior del entonces primer ministro británico en aquellos días terribles previos a la Segunda Guerra Mundial. Ocurrió en 1938 después que Chamberlain firmara los acuerdos de Munich, cediendo vergonzosamente al chantaje territorial de los nazis en Europa Central a cambio de la promesa de paz del fuhrer. Al regresar a Londres bajó del avión esgrimiendo los papeles firmados por Hitler como una gran victoria para la paz. El comentario de Churchill fue lapidario y profético: "Milord, tuvisteis que elegir entre la vergüenza y la guerra. Elegisteis la vergüenza..., y tendréis la guerra"

Sólo cabe agregar que la mayoría de la opinión pública inglesa estaba de acuerdo con Chamberlain. No en balde él era el primer ministro y Churchill estaba en la oposición. También la

mayoría de los gobernantes y de la opinión pública de los países democráticos más influyentes e importantes de entonces coincidían con el premier británico. Mientras la geofagia totalitaria no hiciera peligrar el territorio y los intereses de sus países, era válido negociar y acordar con el régimen de Berlín. A cambio de esas treinta monedas se aceptó la vergüenza de tolerar el sufrimiento de los pueblos que estaban siendo subyugados por el totalitarismo, la indignidad de aceptar que los principios fundamentales del ordenamiento democrático fueran pisoteados y proclamados caducos por el reich que duraría mil años. Todo a cambio del magro botín de una paz de utilería, que la lógica de los hechos se encargó de demostrar y de la peor manera, que era tan efímera como falsa.

Hoy la historia amenaza con volver a repetirse.

Y como dice el famoso poema del pastor alemán Martin Niemoller, que casi todo el mundo erróneamente adjudica a Bertold Bretch, primero les va a tocar a otros, pero si no hacemos nada, cuando nos toque el turno a nosotros, seguramente será tarde.

Parece que hay algunos hombres, algunos gobiernos y algunos pueblos que son capaces de tropezar tres veces con el mismo huevo, de la misma serpiente y de la misma manera.

Montevideo, abril de 2004.