|
EL CONTINUISMO DE ABREU
Por María Mónica Góngora
Desde que anunció su intención de ser precandidato por su Partido mostró la realidad de su continuismo.
Siempre ha dicho que lo más importante es el trabajo de la gente, y que este se obtiene en la medida que existan empresas. En gran contraste con los obsoletos gobernantes y ex gobernantes, estos siguen hablando de la economía de mercado y sus leyes puras, aferrándose a aplicar en Uruguay lo
 |
|
que no sirvió en ningún lugar del mundo y mucho menos serviría en un país pequeño, que no incide en la economía mundial y sin embargo no puede prescindir del mundo. El mismo contraste salta con los autodenominados progresistas, quienes se aferraban a teorías perimidas por utópicas.
Abreu habla de la necesidad del Uruguay productivo para crear fuentes de trabajo, y resalta que la única forma de sacar a la gente de la pobreza es esa. Que para ello es necesario que existan industrias, recuperar las empresas que son la principal fuente de empleos, facilitarle con imposiciones fiscales diferenciales el comienzo a los pequeños empresarios e industriales. Los obsoletos apuntan a un Estado desprendido de la economía dejando a las personas a merced de las grandes corporaciones y los utópicos pretendían estatizar hasta las guarderías, aunque ahora capaz que si o no, depende con quien estén hablando. Abreu apunta a un Estado eficaz, eficiente y gran regulador del mercado en beneficio de la gente, que no permita, por ejemplo, la formación de monopolios privados, evitando situaciones como la ocurrida con la cerveza..
Y si estudiamos la trayectoria de Abreu, desde que Lacalle lo nombró Ministro de Relaciones Exteriores, terminó su titularidad en la cartera con un brillante desempeño de su función, y tras las elecciones cuando ese gobierno fue tan cuestionado incluso por casos de corrupción, Abreu no tuvo tacha alguna, habiendo defendido los intereses uruguayos hasta el punto de plantarse cuando Brasil y Argentina nos querían avasallar en las negociaciones por el MERCOSUR, y sin embargo a pesar de ello mantuvimos excelentes relaciones con ambos países. En las peores horas del Partido Nacional, cuando muchos
|
|
 |
pronosticaron su extinción, y ante el triunfo en las internas de un candidato evidentemente no respaldado por la mayoría de los uruguayos, cuando no había forma de zanjar diferencias para integrar la fórmula con Lacalle, él accedió y lo acompañó, siendo un hombre de Partido que luchaba porque este no desapareciera, sabedor que era la esperanza que le quedaba al Uruguay, si se lograba su renovación. Y haciéndolo, no abdico de su intención de luchar por la renovación de su Partido, una renovación que avanza con el mundo , pero que no abdicar de los intereses uruguayos .Luego fue Ministro de Industria de Batlle e hizo primar en todo momento su punto de vista de oponerse a todas aquellas medidas que apuntando a hacer crecer la recaudación, eran en el fondo recesivas, sabiendo que lo único que lograrían era a la larga menos recaudación y sumir más a la gente en la pobreza. Esto fue incluso dicho por el tristemente recordado Bensión, intentando sacarse culpas de su fracaso.
Cuando todos querían abandonar el barco, Abreu manifestó su deseo de quedarse para intentar seguir poniendo freno a las barbaridades, si bien él no lo manifestó exactamente así, sus intenciones eran claras..
En toda su trayectoria se lo vio seguir siempre por el mismo camino, la de conciliar, la de intervenir para mejorar, la de hacer sabiendo. Y por sobre todas las cosas con un accionar intelectualmente honesto y un proceder también honesto.
Ese es el continuismo de Abreu, que trasluce los verdaderos valores de los uruguayos, medido, ubicado, pero al mismo tiempo firme.
Virtudes que fueron incluso reconocidas por el Encuentro Progresista , según declaraciones de. Arana, lo contactaron para contarlo en su posible gobierno.
Más de uno ha intentado que Abreu encasille su pensamiento: progresista, izquierdista, centrista, etc, y el siempre ha contestado: “Como decía Wilson yo no soy ni de izquierda ni de derecha, soy blanco”. Como tal no responde a ninguna teoría preconcebida, ni encerrada en cánones internacionales, lo que es bueno para los uruguayos, ese es el rumbo a seguir.
|